Debo reconocerle a Jorge
Lanata su elevada autoestima; nadie diga que luce apocado, acomplejado,
retraído, tímido, por más que uno sospeche que en su personalidad íntima hay
bastante de eso. El hombre está bien arriba, siempre.
Su natural falta de modestia
lo pone de continuo en lugares visibles, lo que no ocurre con la mayoría de sus
colegas, quienes no alcanzan a construir el personaje que el público quiere
ver.
Un segundo atributo tiene el
famoso periodista: una formación cultural mejor a la del 99% de sus pares; esto
le reporta suficiencia a su discurso y una capacidad de interpretación
superior; con una visión más amplia de las cosas le resulta más sencillo amañar
sus parlamentos para que produzcan las conclusiones que él prefiera.
Hay más a su favor: sus
deseos protagónicos y su buen índice cultural tienen la fortuna de expresarse
en un lenguaje entre sencillo y sofisticado que mezcla las cláusulas más
rústicas (es un puteador) con ideas bien elaboradas, resultando un mensaje
entendible y atrayente.
Con estos 3 puntos fuertes le
saca varios cuerpo de ventaja a sus compañeros de ruta del periodismo
antigubernamental.
Como Lanata hace lo que
quiere, bien pudo ser el defensor mediático principal del kirchnerismo y todos
estaríamos echando agua bendita sobre estampitas suyas; pero eligió el camino
inverso y se nos hizo odioso; así como se burla de nuestras cosas, nos burlamos
de las suyas; el mismo desprecio que nos muestra, se lo mostramos a él; no cree
en nuestra causa, no creemos que tenga causa alguna; nos subestima y no
deberíamos cometer el mismo error (y mucho menos con aquellos a quienes está
representando).
Por eso inicié este
panfletito reconociéndole sus fortalezas
(aclarando que no son las únicas).
Notemos que Lanata no es muy
creíble en esta coyuntura; no sabemos si no llegará a serlo en otras,
desfavorables al movimiento nacional y popular.
La oposición misma está
averiada, desflecada, anémica; esto no quiere decir que más adelante no retome
fuerzas.
Ni odio, rencor o enojo debe
impedirnos ver todo en su justa medida.
No podemos creer que estamos
ganando el partido debido a nuestro fabuloso talento y capacidad goleadora,
porque no es así; aunque se han hecho muchas cosas bien, también es cierto que
el camino se allanó ante el histórico
bajón de calidad de los sectores que tradicionalmente dictaron las reglas.
Que Lanata y los suyos nos
sigan subestimando, pero nosotros, atentos y viendo las cosas en su justa
medida.
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