viernes, 8 de junio de 2012
¡Muera el peso. Viva la Patria!, por Pridiliano Matías Ezequiel Arizábal Crocce Hughes
Héla aquí, distinguidos compatriotas: ¡La juventud de verdadero tesoro!
La misma que creímos perdida, ahogada, extraviada en el tráfago de prédica infiel del populismo alentado por la Gran Embaucadora que mora (no por mucho más tiempo) en la Casa de Gobierno, templo una vez ocupado por altas figuras - un Uriburu, un Aramburu, un Videla -, hoy hollada por la planta necesariamente innoble de quien fue elegida por el dedo sucio de ignorancia del proletariado.
Véanlo con orgullo y atención, pues su soberbia estampa prefigura el renacimiento de la gloria nacional.
Observen ese rostro colmado de inteligencia, la gallardía del joven patricio, su aspecto aguerrido,...
Evalúen, por fin, el simbolismo intrincado de su vestimenta (debe ser un estudioso de la literatura borgeana).
Apártese la abigarrada chusma de nuestro camino; somos los legítimos dueños de la historia los que estamos exigiendo a plena calle la restauración de los privilegios que son - como toda persona bien nacida sabe - innatos en los miembros de las clases superiores e intocables por la pringosa muchedumbre.
Como lo he afirmado en anterior entrega, parafraseando al gran Lugones: "La Hora de la Espada llegó."
Pero llegó además (y es el mensaje central que nos acerca este inapreciable joven) el final de esa deplorable moneda mestiza, morocha, de costillas contadas, ese símbolo de pertenencia a la barbarie tercermundista.
Estoy hablando del peso, ese peso desnutrido y semianalfabeto que pronto llevará en los billetes de 5 la pérfida imagen de la "abanderada de los humildes", personaje de lastimoso recuerdo que sin embargo deberemos portar en bolsillos y billeteras, de continuar los avances del nazi kirchnerismo comunista.
Porque podemos detener la historia y volverla sobre sus pasos, repitan conmigo el lema de la hora:
"Propiedad, tradición y dólares.
¡Muera el peso. ¡Viva la Patria!"
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El que escribió esto debe ser un enfermo vende patria.
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