Para un bloguero K no hay nada peor que un Lucas Carrasco/Ricardo Antonio López
Por una sencilla razón: Él representa la volubilidad de la conducta humana y su latente condición de variable pelotudamente artificial. No es la anterior una proposición muy notable ni compleja, pero encierra un par de horrores para el supuesto comprometido con la causa, como uno cree ser: 1. Eso de voluble, cambiante, resbaloso, impredecible en el sentido amargo, como ser de cuya conducta se esperan y obtienen –una tras otra- feas sorpresas; una volubilidad emponzoñada que apunta constante a pegar por debajo del cinturón. 2. Su notoria impostación, su indignación mentirosa, su berretismo indisimulable. Quien siguió a falsos profetas y luego se redimió renegando de la fe errónea, suele exhudar un enojo muy hondo nacido de comprender que ha sido tomado por gil. Un Lucas Carrasco exhibe un enojo de cartón, salonero, que consiste más o menos en mostrarse suciamente irreverente con los que le dieron de comer. Si no tomas tu sopa de verdad...