HACIA LA REVERSIÓN DEL PROCESO DE EXTRANJERIZACIÓN DE LA TIERRA
Con la década del 90 y su horrible mascarón de proa riojano se acentuó el remate de millones de hectáreas nacionales a postores internacionales; a 20 años, el 10% de nuestro territorio está extranjerizado (¡¡¡27 millones de hectáreas!!!).
A punto de ingresar en el tercer período de gobierno K, recién comenzamos a hablar seriamente de la imposición de leyes duras que limiten la venta tierras a extranjeros.
En una nación que abandonó por doscientos años -por todo su pasado- el tema principal de mantener bajo control soberano sus recursos no renovables, no parece un tiempo exagerado de demora, pero estaremos atentos a que en el lapso 2.011-2.015 se logren objetivos al menos mínimos que invaliden posteriores regresiones no deseadas.
Con una geografía erizada de enclaves territoriales poseídos por individuos y corporaciones forasteras, la tarea no será sencilla.
El abandono argentino de las cuestiones relativas a su propia potestad sobre los bienes nacionales es el que ha construido los principales obstáculos:
· Laxitud legal
· Intereses creados
· Permanencia de una ideología pro foraneizante
El liberalismo ha supuesto históricamente que los nativos somos una clase de niños o adolescentes invalidados para el manejo de sus cosas. Entonces resultó natural permitir que gentes de otros lugares viniesen a manejar lo nuestro.
Ahora, hoy, en estos tiempos felices, con la caída acaso final de las premisas lógicas neo liberales, la cuestión del dominio soberano de tierras y aguas debería entrar en un proceso e maduración e imposición irreversible.
Pero eso no es responsabilidad excluyente de un gobierno: es tarea nacional y popular.
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