REPÚBLICA DE ROSILIA (Crónica de ficción por entregas-Apuntes sobre un país que nunca había sido gobernado por el pueblo) Entrega 1



En aquel país nunca había gobernado el pueblo (y aunque lo mismo podría afirmarse de otros países no le quita gravedad al asunto saber que su desgracia era compartida).

Cuando yo anduve por aquella tierra tal circunstancia era evidente aún para quien no conociera su historia.

Esas gentes carecían de un relato histórico común. Carecían también de otras muchas propiedades colectivas que dan a los pueblos espíritu de cruzado, identidad de legionario, alma heroica…

No existía entre sus habitantes, por dar un caso, un aprecio recíproco. No encontré en mis recorridas un solo rosiliano capaz de sentirse orgulloso de su vecino; una desconfianza constante por el prójimo no daba paz al espíritu de aquella pobre gente y el hurgar empecinado en la basura ajena era su común afán; todo el mundo presumía conocer tales y cuales ocultas porquerías de los otros; cada rosiliano parecía estar en condiciones de humillar a sus allegados mediante la revelación de secretos vergonzantes.

Esa mutua amenaza tácita presidía sus relaciones sociales dejándolas en un plano de cortesía hipócrita.

Si usted inquiría a un rosiliano por tal persona de su vecindad y conocimiento pronto veía desfilar en calesita un manojo de taras y debilidades (eso cuando no había encono). Si la persona era de alguna fama o renombre la cuestión empeoraba, pues entonces eran referidas anécdotas soeces y ordinarias destinadas a rebajarla.

Aunque la delación o buchoneo era tenida allí por despreciables, se practicaba con amplitud. Durante los largos períodos en que la milicia se hizo cargo del gobierno del país fue bastante común denunciar al otro falsamente para apropiarse de su trabajo o mujer. Digo yo que luego de tantos años de hacerse unos a otros estas cosas se les quedaron por hábito.

Al escucharlos daba la sensación de que no había rosiliano decente más que aquel que estaba delante de uno.



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