LA OPERACIÓN “CRISTINA YA PERDIÓ” AVANZA CONTRA RELOJ

Luego de lo ocurrido en Capital Federal y Santa Fe la oposición mediática y sus apéndices políticos han dado en creer que una gran traición se está gestando entre los intendentes del Gran Buenos Aires (los famosos barones del conurbano). Serían varios jefes comunales dispuestos a hacer votar por Duhalde y de Narváez, liquidando a Scioli y Cristina Fernández. Es la gran esperanza blanca que alienta entre los “instaladores de opinión”, un conglomerado multicolor de manipuladores de variado origen y un mismo objetivo, que es el de derrumbar las bases de la credibilidad del gobierno nacional.

Es sabido que solo con una derrota en Pcia. de Bs. As. se acabará con la hegemonía K, por lo tanto se convino imponer el rumor de teorías conspirativas. “Algo se está cocinando”, quiere creer y hacer creer la legión de opinadores anti K, mientras crece entre ellos la admiración por el conspirador Duhalde, maestro en serruchadas de piso, desestabilizaciones y maniobras de trasnoche.

Como los traspiés del kirchnerismo en Capital y Santa Fe no tendrán peso si tras-cartón consigue imponer su agenda el 14 de agosto y los sondeos de opinión siguen indicando un panorama pro Scioli y Cristina en la Provincia de Bs. As, se propició la aparición de una corriente contraria a la efectividad de estas herramientas de análisis de comportamiento cívico.

“No es hora de darle bola a las encuestas. Hay que atacarlas, quitarles autoridad.”, es la directiva que recorre las redacciones de canales y diarios opositores, como reacción ante los números que insisten en darle positivo a Scioli y Cristina Fernández.

 La maniobra será exitosa si se convence al electorado nacional que la Provincia de Buenos Aires también le dará la espalda al oficialismo. Las elecciones para Gdor. De Bs. As. son para el 23 de octubre y coinciden con las presidenciales. El intento de los “instaladores de opinión” entra casi en el territorio de lo paranormal: hacerle perder al FPV las elecciones bonaerenses antes de que se efectúen. Por lo tanto se busca convencer al país que la oposición triunfará indefectiblemente en Buenos Aires el 23 de octubre para volcar el voto de los indecisos o no convencidos en las primarias de agosto. Luego, por lo mismo, como un efecto arrastre, se ganará el 23 de octubre, tanto la gobernación de la provincia como la presidencia de la nación.

Se intenta imponer la idea “Cristina ya perdió”. Pero es una carrera difícil. El 14 de agosto está muy cerca y los ritmos a los que el electorado absorbe e incorpora los postulados de las maniobras mediáticas no son rápidos.

Es todo muy forzado. Si el kirchnerismo impone su agenda en las primarias (esto no será posible sin un triunfo firme en territorio bonaerense) ya no habrá vuelta atrás y la partida por los votos estará perdida para la derecha. Desde ese escenario probable solo quedará lugar para maniobras de acción directa que lleven a un caos social como único modo de frenar la reelección de la presidente.

La hipotética confabulación de los intendentes bonaerenses  no es la única esperanza blanca. También está la “Teoría de la Reacción en Cadena”. De acuerdo a esta abstracción las derrotas del oficialismo nacional en Capital y Santa Fe provocarán un efecto replicador en los distritos que faltan votar, conduciendo a la ruina final del kirchnerismo y sin tener que recurrir a un plan b que necesariamente vendrá con violencia en las calles y muertos.

Estas opciones en las que el poder K será derrotado en las urnas solo serán viables si los medios consiguen estampar en la percepción ciudadana la presunción del final inminente e inevitable de la era K; la fecha de vencimiento de este artilugio es el 14 de agosto. Porque quien imponga su mayoría entonces volverá a hacerlo el 23 de octubre y con mayor holgura.

Estoy escribiendo este artículo el 2 de agosto y lo único que consiguió imponerse por ahora es una cierta aceptación de que es incluso posible que a Cristina Fernández no le vaya tan bien en las presidenciales. Pero esa idea no tendrá eficacia, es decir, no se tornará operativa, mientras no se instale paralelamente el nombre del político que será capaz de derrotarla. Y ese nombre ni siquiera ha comenzado a perfilarse.

El sentido común indica que los operadores mediáticos anti gubernamentales fracasarán, que la maniobra es demasiado compleja para ser ejecutada en tan corto tiempo.






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