Simplemente no nos podían ganar
¿Qué podemos decir de la derecha argentina luego de observar como tomó la derrota del 14 de agosto?
Por alguna razón creyeron que Cristina Fernández estaba en picada. Una sobreexposición a canales de información como TN y la lectura ingenua de diarios de la orientación de Clarín los llevó a un estado de apartamiento de la realidad sociopolítica.
Creyeron que la chanchada de Schocklender a las Madres, con el escándalo de Zaffaroni y otros asuntos que la comunidad mediática anti K explotó con tradicional torpeza, sumándole la victoria de Macri y la aventura irresponsable de Del Sel, bastarían para contagiar en el ánimo de los argentinos la idea de “Cristina ya perdió.”
La realidad (única verdad) los pasó por encima. A todos ellos. A los manipuladores de opinión (periodistas), a los políticos que oficiaron de delegados de las corporaciones y a la gente simple que los apoya con su voto.
¿Por qué?
¿Porqué fracasan hoy estrategias y tácticas que décadas atrás servían para desprestigiar a los gobiernos democráticos? Antes era bien sencillo venderle gato por liebre al público. Hoy no.
Esto lo sabíamos nosotros los que apoyamos a Cristina Fernández. Teníamos bastante claro que el efecto benefactor de la asignación Universal, la jubilación sin aportes, el crecimiento económico continuado de 8 años y el grueso de la política del Estado Nacional no podían de ningún modo ser perjudicados por un grupo de charlatanes a sueldo y unos políticos sin ideología.
La sorpresa fue para la derecha. Cuando vieron que nos impusimos en cada rincón de la patria entraron en un estado de confusión e ira. ¿Qué cosa esperaban? Si este país nunca les perteneció. Cierto es que se sirvieron de él, esquilmándolo a placer, repartiéndose sus tierras, transformándolo en estúpida chacra, explotando a las masas, rematando los bienes estatales al mejor postor, ejerciendo violencia homicida para reprimir a la gente, pero nunca les perteneció. Pues el pueblo argentino nunca fue de derecha.
Y a varios días del 14 no pueden salir de su equívoco. Buscan con obtuso empeño motivos que les permitan racionalizar la derrota. No comprenden que, simplemente, no podían ganar.
No aceptan que su ciclo de dominación está finalizando.
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