Los comediantes
A menos de 30 días de las elecciones presidenciales en la Argentina quedan claras 2 cuestiones:
- la solidez operativa del gobierno liderado por Cristina Fernández
- el debilitamiento de la línea opositora dura (Duhalde y asociados), de la cual se esperaban actos concretos de desestabilización (protesta callejera violenta y saqueo)
La famosa amenaza del caudillo de Lomas, cuando pronosticaba a enfervorizados acólitos la derrota de los K “por knock out o por abandono”, quedó al fin como una baladronada in sustentable en el marco socio político nacional.
Podría decirse que Duhalde no solo no convoca a los votantes a las urnas sino que tampoco puede convocar a usuales matones a ejercer la violencia que es su herramienta de vida.
Cuando los tiempos finalizan es sabio en un político hacerse a un costado antes de ser atropellado por la historia. Y esto no solo va para Duhalde: luego del 23 de octubre más una treintena de famosos dirigentes quedarán fuera de uso, aunque muchos sobrevivirán penosamente por 2 o 4 años más en bancas que serán su último contacto con el poder que tanto los desveló.
Parte de la ya legendaria torpeza exhibida por los opositores políticos del kirchnerismo ha sido ignorar sistemáticamente la realidad, como si habitaran un mundo paralelo, a la vez similar y diferente al nuestro.
Desde las primarias desapareció el clima electoral; el choque con la realidad ha sido tan brusco que parece haber dejado sin ganas ni fuerzas a los principales candidatos; tan solo Binner tiene un aliciente (posicionarse como el segundo) y es el que lo empuja a seguir por lo menos en un remedo de carrera presidencial.
Pero todos saben (el Alfonsín o el Duhalde que hablan ante sus seguidores y los seguidores mismos) que se trata de una comedia. Debe ser muy penoso para todos ellos, pero es el precio que pagan por no modelar sus opiniones a partir de los datos surgidos de la realidad, que, como un filósofo expresara, es la única verdad.
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