CLARÍN DURANTE LA VIDA DE ROBERTO NOBLE Y DESPUÉS DE SU MUERTE. DOS ANÉCDOTAS QUE REFLEJAN UN CAMBIO.


OSVALDO BAYER

DON ROBERTO NOBLE, FUNDADOR DEL DIARIO CLARÍN



DOS ANÉCDOTAS EXTRAÍDAS DE UN ARTÍCULO ESCRITO EL 23/08/09 POR EDUARDO ANGUITA EN MIRADAS AL SUReanguita@miradasalsur.com

ANÉCDOTA 1 -

Recuerdo una anécdota que me contó Osvaldo Bayer, quien guarda un gran respeto por Noble, que se paseaba por la redacción y departía con los periodistas. En pleno gobierno de Arturo Frondizi, Bayer pasó un mes preso por una quijotada: invitado al pueblo de Rauch a hablar, no tuvo mejor idea que contar las andanzas del mercenario y asesino de indios, el militar prusiano Federico Rauch. Pero lo interesante es que, a poco de salir de la prisión, Bayer estaba sentado frente a su máquina de escribir, cuando Noble se le plantó atrás. ¡Zas. Soné! –se dijo Bayer–. Pero, para su sorpresa, Noble le dijo: Usted va a ir a la mesa de redacción. La respuesta del sorprendido Bayer fue: No, doctor. Yo no puedo ir a la mesa de los jefes. Soy de izquierda. Precisamente –replicó el director–. Me dicen que la mesa es muy de derecha. Por eso será jefe de Política y Fuerzas Armadas.


ANÉCDOTA 2 -

Pasados los años, llegaba la dictadura de Juan Carlos Onganía. Noble no llegó a ver la caída del dictador –ocurrida en mayo de 1970– porque murió en enero de 1969 y su viuda, Ernestina Herrera, que nada tenía que ver con el periodismo, quedaba al frente del diario. El general Roberto Levingston reemplazaba a Onganía y, a poco de andar, Bayer publicó un artículo que produjo la ira del nuevo dictador. Bayer se enteró de que Levingston no tomaba muchas decisiones porque vivía borracho. Y lo publicó tal cual en Clarín. Al día siguiente, Levingston visitó Clarín, primero fue a la oficina de la directora y luego bajó acompañado por ella a la redacción. Ernestina, por entonces joven y bella, hizo que los periodistas se acercaran. Se armó el semicírculo y ella, al lado del dictador, disparó: Entre nosotros hay un traidor. Bayer, como un voluntario a la misión suicida, dio un paso al frente y dijo: Usted se refiere a mí. La escena, patética, terminó con la media vuelta del dictador y la directora, satisfechos ambos por el escarnio público.

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