Estoy de malhumor. Disculpen/Ricardo Antonio López
Es que no se puede estar demasiado buena honda cuando desayunás, almorzás, merendás y cenás perseguido por los mil pequeños operadores anti kirchneristas que colonizan los medios. Son una banda, una gavilla, especie de ladillas que se introducen en las partes íntimas del prejuicio y la desconfianza a mansalva que tantos argentinos practican, para desde allí contribuir a un estado de incomodidad que (aspiran vanamente) liquide la vigencia del kirchnerismo. No hay uno solo de ellos provisto de talento. El que más se acerca es Lanata, a quien debemos reconocerle cierto lucimiento en el ejercicio de putear en porteño. El resto, opaco. Opacos cuando mienten, opacos cuando algún justiciero les sale al cruce, opacos en su enojo impostado, opacos -diría uno- de tiempo completo, casi como una decisión vital, un modo de ser y estar en el mundo. Esta opacidad que llevan a todos lados es lo que más me irrita en ellos. Si fuesen personas brillantes, de esas que acertadas o erradas llaman la ate...