Peter y Paula/Ricardo Antonio López

Primero y principal:
"No me peguen. Soy López"
Porque lo que estoy a punto de confesar es -lo sé muy bien- pecado grave en esta época farandulera. Y es que no sé quiénes son Peter y Paula.

No lo sé. Lo juro. No miento, ni me hago el interesante, intelectual o desenchufado de la banalidad cotidiana, tipo pensador oriental. Y ojo que veo televisión. Veo mucha televisión. Entonces, ¿Por qué no sé quienes son Peter y Paula.

A ver  si me explico. No es que quiera saber quienes son. Estoy seguro que son gente más o menos del ambiente del espectáculo o algo por el estilo y con seguridad no me interesarían, de conocerlos. Lo que me preocupa es saber por qué tanta gente los conoce y yo no.

Que no me perdí nada, es cosa bien segura. Y que los que conocen al detalle las vidas de Peter y Paula están perdiendo su tiempo, también.

¿Ven? Me preocupa en realidad que mucho argentino se malentretenga en mediatismos zonzos. No hay derecho. No hay derecho.

Y paso a fundamentar por qué no hay derecho. 

Lo veo más o menos así: 

Cada uno de nosotros, argentinos/as, tenemos una vida privada, una familia,obligaciones, pareja, pibes, amigos, conocidos, propiedades, laburo, ocupación, horarios, en fin, todo lo que conforma el grueso de nuestro paso más o menos intrascendente por el planeta. Ese es, digamos, el costado socialmente responsable de nuestra vida. Tiene que ver más que nada, con deberes, con responsabilidades. Luego está la parte del tiempo nuestro al que podemos denominar distractivo. Un espacio para el desahogo, el recreo, la distracción. Y allí es donde varios/as, dejan  entrar a Peter y Paula (y a multitudes de otros personajes similares). Y yo digo que no hay derecho. 

Por ahí me estoy talibanizando. Puede ser. No descarto. ¿Porqué no habría de estar equivocado? Si la mitad de las cosas que hice y dije en mi vida resultaron errores. En una de esas, estoy errando. Pero creo que no.

Para mí no hay derecho de peterpaulizarce desde el momento que considero que el mejor hobbie, pasatiempo, distracción, que puede encontrar un ciudadano/a de este mundo complicadísimo y hostil, es ocuparse en poner a trabajar su cabeza en asuntos que nos han vendido como aburridos (política, economía, derecho, historia, ciencia, educación, arte, etc.) y que de ningún modo lo son. Lo verdaderamente aburrido es el  estudio pormenorizado de los incontables Peteres y Paulas de que nos provee el espectáculo.

No menosprecio ni discrimino si digo que estoy diariamente sorprendido de ver cada día (y este proceso ha de llevar unos 20 años de acrecentamiento) un modo de ser  y de estar en el mundo al que yo denomino "fan mode" (fan como admirador, seguidor, fanático) o "modo fan". Es ese asunto de ponerse en el rol eterno de espectador, de tipo/a que elige tener una vida al pulso de las idas y vueltas del ídolo seleccionado. En el "fan mode" ya no sos autónomo. Tus alegrías y tristezas dependen del éxito o fracaso del ídolo, del personaje mediático que empresarios del espectáculo armaron y te propusieron.

Y no hay derecho. No hay derecho a ser y estar en "fan mode". No hay derecho moral, desde luego.

En algún momento deberemos (como sociedad) ocupar nuestro tiempo libre en cosas realmente excitantes y divertidas como esas que cité más arriba (política, economía,...). 

Es la única salida que nos queda para romper la hegemonía napoleónica que las clases dominantes tejen alrededor nuestro.

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