LOS ESCLAVOS DRAPETOMANÍACOS/Una antropóloga en la luna
Del blog Una Antropóloga en la Luna tomamos el siguiente texto:
La esclava Jacinta, a quien han bautizado cristianamente con ese nuevo nombre para invisibilizar sus orígenes yorubas, se escapa por cuarta vez de la hacienda cafetalera. Sus amos ofrecen, de nuevo, una recompensa por su captura. Alegan que Jacinta padece de sus facultades mentales y que como ella, cualquier otro esclavo que escape, estará alterando el orden natural de las cosas, aquellas que gracias a la iglesia y la biblia dictan que la esclavitud es una institución bendecida y avalada por el único dios verdadero y sus seguidores. Aquellas que alegan que todo esclavo que no desee el cautiverio debe ser considerado un paciente mental.
Los dueños de la hacienda siguen de este modo y con la bendición de párrocos y obispos, los preceptos de las autoridades en medicina de la época que denuncian que todo fugitivo está enfermo de “drapetomanía”. La palabra “drapetomanía” fue creada en 1851 y acuñada por el reconocido cirujano y benemérito psicólogo del estado de Luisiana, Dr. Samuel A. Cartwright quien alegaba que los negros y negras se contagiaban de la discapacidad de querer escaparse epidémicamente. De hecho, él y sus colegas de las ciencias entendían el padecimiento como “el deseo incontrolable de los negros y negras por la libertad” y se llegó a afirmar que la misma era una consecuencia de los dueños de esclavos que “se dieron a la tarea de comportarse con demasiada familiaridad con los cautivos, tratándolos como iguales”. Dicha disfunción psicológica “inducía al negro a huir de servicio”, y que consideraba el acto como “cualquier otra especie de enajenación mental que debía ser curada para el bien de la humanidad”.
Debido a ello, muchos ancestros fueron atendidos médicamente para incitar la eliminación de los síntomas, así que además de identificar la drapetomanía, Cartwright recetó un remedio:
"Si se sigue estrictamente esta prescripción facultativa esta práctica preocupante que muchos negros tienen de huir se puede prevenir casi en su totalidad. En el caso de los esclavos" "rebeldes e insatisfechos sin causa o señal de advertencia de inminente vuelo” "azotes diabólicos" como "medida preventiva".
Como un remedio para esta enfermedad, los médicos también recomiendan una imposibilidad física prescribiendo la extirpación de ambos dedos gordos.
Mientras, las mujeres se reunían en el patio para peinar a las más pequeñas, y gracias a la observación del monte, diseñaban en su cabeza, haciéndoles trenzas pegadas a la cabeza o "tropas", un mapa lleno de caminitos y salidas de escape, en el que ubicaban los montes, ríos y árboles más altos. Los hombres al verlas sabían cuáles rutas tomar. Su código desconocido para los amos les permitía a los esclavizados huir.
"Si el terreno era muy pantanoso, las tropas se tejían como surcos", dice Leocadia Mosquera, una maestra chocoana de 51 años a quien su abuela le enseñó el secreto de los peinados por considerarla la "ananse" de la familia, es decir, ese ser mítico representado en una araña, que con su astucia y poder, huye de la dominación.
La esclava Jacinta, a quien han bautizado cristianamente con ese nuevo nombre para invisibilizar sus orígenes yorubas, se escapa por cuarta vez de la hacienda cafetalera. Sus amos ofrecen, de nuevo, una recompensa por su captura. Alegan que Jacinta padece de sus facultades mentales y que como ella, cualquier otro esclavo que escape, estará alterando el orden natural de las cosas, aquellas que gracias a la iglesia y la biblia dictan que la esclavitud es una institución bendecida y avalada por el único dios verdadero y sus seguidores. Aquellas que alegan que todo esclavo que no desee el cautiverio debe ser considerado un paciente mental.
Los dueños de la hacienda siguen de este modo y con la bendición de párrocos y obispos, los preceptos de las autoridades en medicina de la época que denuncian que todo fugitivo está enfermo de “drapetomanía”. La palabra “drapetomanía” fue creada en 1851 y acuñada por el reconocido cirujano y benemérito psicólogo del estado de Luisiana, Dr. Samuel A. Cartwright quien alegaba que los negros y negras se contagiaban de la discapacidad de querer escaparse epidémicamente. De hecho, él y sus colegas de las ciencias entendían el padecimiento como “el deseo incontrolable de los negros y negras por la libertad” y se llegó a afirmar que la misma era una consecuencia de los dueños de esclavos que “se dieron a la tarea de comportarse con demasiada familiaridad con los cautivos, tratándolos como iguales”. Dicha disfunción psicológica “inducía al negro a huir de servicio”, y que consideraba el acto como “cualquier otra especie de enajenación mental que debía ser curada para el bien de la humanidad”.
Debido a ello, muchos ancestros fueron atendidos médicamente para incitar la eliminación de los síntomas, así que además de identificar la drapetomanía, Cartwright recetó un remedio:
"Si se sigue estrictamente esta prescripción facultativa esta práctica preocupante que muchos negros tienen de huir se puede prevenir casi en su totalidad. En el caso de los esclavos" "rebeldes e insatisfechos sin causa o señal de advertencia de inminente vuelo” "azotes diabólicos" como "medida preventiva".
Como un remedio para esta enfermedad, los médicos también recomiendan una imposibilidad física prescribiendo la extirpación de ambos dedos gordos.
Mientras, las mujeres se reunían en el patio para peinar a las más pequeñas, y gracias a la observación del monte, diseñaban en su cabeza, haciéndoles trenzas pegadas a la cabeza o "tropas", un mapa lleno de caminitos y salidas de escape, en el que ubicaban los montes, ríos y árboles más altos. Los hombres al verlas sabían cuáles rutas tomar. Su código desconocido para los amos les permitía a los esclavizados huir.
"Si el terreno era muy pantanoso, las tropas se tejían como surcos", dice Leocadia Mosquera, una maestra chocoana de 51 años a quien su abuela le enseñó el secreto de los peinados por considerarla la "ananse" de la familia, es decir, ese ser mítico representado en una araña, que con su astucia y poder, huye de la dominación.
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