Recontra podrido de Griessa/Ricardo Antonio López
Requete recontra. Aburrido, saturado, asqueado.
E igualmente cansado de quienes siguen hablando del juecillo yanqui como si se refirieran a un personaje de la mitología griega, que manejara poderes arrasadores, influjos devastadores o capacidades sobrenaturales de daño. Y no. No che. Nada de eso. Es un simple juez, chico, chiquito, medio loco, aplicado vaya uno a saber por qué motivaciones, a incomodar a un país enorme, firme, resuelto, inamovible para sus débiles fuerzas.
Es absolutamente irrelevante lo que este anciano flojo de seseras decida. No tiene ni la autoridad ni la capacidad para empujar al Estado Nacional Argentino. Está -hablando en criollo- meando fuera del tarro.
Y lo extraño (extraño por lo evidente del caso) es que tantos connacionales le hayan tomado por el gran cuco que vendría a conmover las bases de la economía y la política argentina. Y le miren como los chicos asustados miran al viejo horrible y enorme que asoma la cabeza luego que rompieran el vidrio de su ventana de un pelotazo.
Me abruma -desde joven- el grado de autodevaluación que muchos argentinos tienen como práctica cultural. Ese andar medio escondidos, medio derrotados, medio tristes, medio entregados.
Me abruma porque mí no me criaron sí. En casa primero era Argentina y segundo también. Así que descuento que a estos compatriotas les criaron en modo colonial, dependiente. No hay otra.
Griessa es un accidente menor en nuestra historia nacional. Kicillof pasará a la historia como el Ministro de Economía que no le dió ni 5 de bola a un supuesto representante del poder yanqui. Y no pasará nada. Y no pasará nada porque el tipo no tiene el poder requerido para doblegar a un estado bien dirigido, con criterios independencia política.
¿Es tan difícil entenderlo?
E igualmente cansado de quienes siguen hablando del juecillo yanqui como si se refirieran a un personaje de la mitología griega, que manejara poderes arrasadores, influjos devastadores o capacidades sobrenaturales de daño. Y no. No che. Nada de eso. Es un simple juez, chico, chiquito, medio loco, aplicado vaya uno a saber por qué motivaciones, a incomodar a un país enorme, firme, resuelto, inamovible para sus débiles fuerzas.
Es absolutamente irrelevante lo que este anciano flojo de seseras decida. No tiene ni la autoridad ni la capacidad para empujar al Estado Nacional Argentino. Está -hablando en criollo- meando fuera del tarro.
Y lo extraño (extraño por lo evidente del caso) es que tantos connacionales le hayan tomado por el gran cuco que vendría a conmover las bases de la economía y la política argentina. Y le miren como los chicos asustados miran al viejo horrible y enorme que asoma la cabeza luego que rompieran el vidrio de su ventana de un pelotazo.
Me abruma -desde joven- el grado de autodevaluación que muchos argentinos tienen como práctica cultural. Ese andar medio escondidos, medio derrotados, medio tristes, medio entregados.
Me abruma porque mí no me criaron sí. En casa primero era Argentina y segundo también. Así que descuento que a estos compatriotas les criaron en modo colonial, dependiente. No hay otra.
Griessa es un accidente menor en nuestra historia nacional. Kicillof pasará a la historia como el Ministro de Economía que no le dió ni 5 de bola a un supuesto representante del poder yanqui. Y no pasará nada. Y no pasará nada porque el tipo no tiene el poder requerido para doblegar a un estado bien dirigido, con criterios independencia política.
¿Es tan difícil entenderlo?
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