Mohammed, un musulmán que había quedado ciego, en realidad los cronistas no se ponen de acuerdo si fue ciego de nacimiento o que perdió su sentido de la vista después; muy difícil saberlo cuando la historia contiene tan pocos elementos. Pero, con los que contiene es suficiente para comprender lo que nos transmite. Mohammed lleva en su espalda a Samir, un enano cristiano, que estaba paralizado, posiblemente cuadripléjico, pero que podía hablar. Mientras el ciego no podía moverse por no ver el camino, el enano no se podía mover. Samir, entonces, miraba por Mohammed, y este caminaba por Samir. No importaba su diferencia de religión, importaba su perfecta complementariedad; así hacían de su vida un lugar mejor. En verdad una paradoja por el paìs que los alberga, y que ahora en el siglo XXI no puede acoger a las varias religiones existentes, volviéndose imposible la convivencia pacífica. Viven una guerra desgarradora, que por lo constante ha perdido interés en el orbe. Mohamed y Samir e...