Hombre que espera, solo, algo triste, por cosas que no ocurren. Hombre que pasa sus años tras el ventanal aguardando por signos que no sobrevienen. Vigilia que no prospera, suerte que no se echa, tiempo vencido, ajado, cancelado. Hombre de vida entre comillas, suspendida, estancada, mohosa. Espera con alargues sucesivos en espera de inicios venturosos que no cuajan. Son las horas del giro circular de la bestia de la molienda, es el gesto vacío como un cero, es la redundancia del minuto hueco, la persistente inutilidad de las palabras inertes, innecesarias, sobrantes. Es la mañana que sucede al último día, un apéndice seco, un hecho innecesario, una extensión invalidada. Hombre capturado, vida pausada.