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Mostrando entradas de marzo, 2021

Diferentes

  Algo hay  en el hombre  de sombrío Así como de claro en la mujer. Y de tal modo se demuestra, que mientras nosotros asesinamos, ellas reponen la vida eliminada. No por nada usa el hombre La adoración por su madre, Pues sabiéndose de origen tan puro La esperanza retiene del perdón, Del olvido piadoso del mal sembrado.

Inagotable Anìbal

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Double engines/Arte digital

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No podia saberlo

  El desatino de un amor culposo Le tiene y le lleva mal vivido. Su paz ya se fue y con ella Un poco de lo que solía ser, Tanto que de él ahora dicen Que mucho ha cambiado, Que apenas reconocen al verle A aquel muchacho que tanto reía, A quien los viejos espléndidos Su vigoroso pasado recordaba Y a las ancianas su corazón de muchachas bonitas devolvìa.   En la trampa del amor indebido (amor que se paga caro) Giran y se retuercen sus días, Y en el hueco de la tormenta, En el vacío céntrico que le devasta   Sus firmezas desguazándose van -Desgaje infame de su persona.   La culpa es veneno de almas… él no podía saberlo.

846/Arte digital

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Recurso

  Vivimos fingiendo que la muerte no existe, Y que nuestros días no dejaran de venir. Es todo el recurso, negador y simple, Que nos separa del desespero. Esto que es el hecho de existir Necesita de algunos trucos esenciales, Tales como no a asomarnos al abismo De ese día portentoso que será el último, El último momento, brillo final Que antecede al territorio sombrío Y conjetural que confunde a la razón, El ignoto país donde la vida se cancela.

884/Arte digital

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886/Arte digital

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LLAVES

  Estás como vencido, arrumbado, en tu rincón echado y triste, (no diré perro abandonado), con soledad elegida que destruye, con esa  porfía del lamento que no para y no drena, con el corazón en retroceso y las manos del mendigo estiradas hacia ninguno. Completamente ajeno a lo que fuiste, Vencido y convencido Seguirás en tu hueco retorciéndote De un dolor auto infligido, Plástico, artificial, barato, Inmerecido como esas flores De imitación que adornan La tumba de tanto muerto. ¡Hora de levantarse, amigo! A juntar los trapos y quemarlos. Que el olvido no es para la vida, Es para la muerte. Que lo peor ya llegó y debe irse. Que tus recuerdos guardan la llave de la salida.

Una persona normal

  Así dicen y tanto lo han dicho Que llegaste a creerlo. Pues no hay tal cosa. No existe. ¿Qué hay de normal en vos? Lo que hay son unas apariencias, Unos modos regulares Que te han enseñado a exhibir Con el rigor de la crianza, Con el azote de la burla Y la comparación infame. Fronterizaron tu ser Y manso lo permitiste. Debajo quedaste tú. Bajo toda esa regla Estás tú. Vos. El ser único en espera, Pausado, Aquietado, Latente, Agazapado. Allí estás. Se te puede adivinar. De tanto en tanto Asoma tu soberbio rostro, Tu talle portentoso. Yo te he visto. Estás ahí, enroscado en tu centro, Nonato, emitiendo brillo.

El rigor de tu pasado

  De todas las vidas que pudiste haber vivido, esta. Esta mujer, estos hijos, este barrio, estos recuerdos, este presente. Esto. Acaso creas que hubo alternativas, jugadas buenas que quisiste intentar y no pudiste o no te animaste a probar. Por ahí sos de los que piensan que fuiste llevado por un viento más allá de tus elecciones. O que en verdad fuiste el maestro de tu destino. Como si importara. No interesa, la única verdad es la realidad. Pasados los años de la fortaleza juvenil y al final de tu madurez, si es esto o aquello, no interesa. Sos lo que sos y tus circunstancias no varían por consideraciones filosóficas respecto de lo que te ha llevado hasta aquí. Sos exactamente lo que contiene tu memoria y estás hecho de tu pasado de un modo tan estricto que no podrías apartarte ni un paso de su dictado de hierro. Sos tus recuerdos. Ellos te llevan, son tu brújula. Y tu camino. ¿Quién podría escapar de su propio ser, hecho de cada instante pasado? Estrictamente propio, personal, vo...

Parked/Arte digital

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Undef 10

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Las manos de Don Abel

  Al cabo del día Don Abel sintió que se le estaba apagando un motor. Y por primera vez en su torrentosa vida, paró a pensar, pero ya sin el optimismo habitual del hombre que desde que amanece hasta que baja el sol va y viene ocupado en prácticos asuntos relacionados con herramientas, materiales y trabajos. Y como el hombre que mucho trabaja, para pensar se sienta, Don Abel se sentó. Su mujer no estaba en ese momento, ni su nieto pequeño, ni alguno de sus varios hijos. Bajo el galpón donde hizo su taller quedó un buen rato sentado en el banquito de maderas encastradas que había fabricado para que su nietito le acompañara mientras él engrasaba alguna transmisión, atornillaba un soporte o clavaba un refuerzo a cualquiera de esas zonceras que sus vecinos le traían para que las reparara. Sentado estuvo con las dos enormes manos colgando como apéndices monstruosos en un cuerpo mediano. Las miró, girando su cabeza a un lado y al otro, como para comprobar que seguían allí. Volvió a mirarl...

Cambios

  Un hombre salió un día a caminar por el campo. Llevaba una ansiedad, un desasosiego, una supuración del espíritu. Al cabo de un tiempo de marcha, un puentecito rústico de lapacho trabajado con hacha lo detuvo. Como la pena le traía cansado, se sentó en él. Descansó mirando las riveras blancas del arroyo, los rápidos cardúmenes de pececitos, el quieto bañado con sus vacas, aves y carpinchos. Pasó un tiempo así y quiso moverse, pero no como lo hace la gente. Quiso ser llevado por el agua o el viento; le vinieron deseos extraños, como el de poseer un ojo de madera verde para poder ver el signo cifrado en el horizonte vegetal; sintió que la piel se le volvía de ciervo en algunas partes y corteza de paraíso en otras; las uñas se le agigantaron, meciéndose y espejándose como agua de laguna; quiso hablar y trinó. Aquel hombre triste no pudo o no quiso regresar. Se hizo agua, árbol, ciervo, pájaro,… Dejó de existir como hombre y se liberó del humano sufrimiento.

Undef 9

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Undef 8/Arte digital

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Hombre capturado, vida pausada

  Hombre que espera, solo, algo triste, por cosas que no ocurren. Hombre que pasa sus años tras el ventanal aguardando por signos que no sobrevienen. Vigilia que no prospera, suerte que no se echa, tiempo vencido, ajado, cancelado. Hombre de vida entre comillas, suspendida, estancada, mohosa. Espera con alargues sucesivos en espera de inicios venturosos que no cuajan. Son las horas del giro circular de la bestia de la molienda, es el gesto vacío como un cero, es la redundancia del minuto hueco, la persistente inutilidad de las palabras inertes, innecesarias, sobrantes. Es la mañana que sucede al último día, un apéndice seco, un hecho innecesario, una extensión invalidada. Hombre capturado, vida pausada.

Undef 5/Arte digital

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En la frontera

  Caminaste tanto y no llegaste (un desvío te sacó de ruta). Te quisieron y no te importó (el amor rechazado buscó venganza). Clavaste traicionero el puñal (puntuales te dieron el vuelto). Recibiste pan y devolviste daño (hicieron fila para cobrarse). Lo prestado te lo apropiaste ( de lo tuyo poco es propio). ¿Hasta cuándo? Porque las deudas se acumulan y el crédito decrece conforme tus faltas se acumulan. ¿Y hasta dónde? Porque estás en la frontera.

Undef 7

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Salvaguarda

Te sostienen tres o cuatro recuerdos. No lo pierdas de vista. Sos a imagen y semejanza  de tus mejores horas. Da  gracias por esto. pu es se trata de tu salvación,   tu fortuna,  el seguro del gatillo: la forma piadosa e infalible que el instinto de la especie halló para guardarte de ti mismo, de los animales carroñeros de tu conciencia.

Cumbia infinita/ Pablo Lezcano y Los Angeles Azules

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Solo ella

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Undef 6

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Ovoids

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Hombre capturado, vida pausada

  Hombre que espera, solo, algo triste, por cosas que no ocurren. Hombre que pasa sus años tras el ventanal aguardando por signos que no sobrevienen. Vigilia que no prospera, suerte que no se echa, tiempo vencido, ajado, cancelado. Hombre de vida entre comillas, suspendida, estancada, mohosa. Espera con alargues sucesivos en espera de inicios venturosos que no cuajan. Son las horas del giro circular de la bestia de la molienda, es el gesto vacío como un cero, es la redundancia del minuto hueco, la persistente inutilidad de las palabras inertes, innecesarias, sobrantes. Es la mañana que sucede al último día, un apéndice seco, un hecho innecesario, una extensión invalidada. Hombre capturado, vida pausada.