Cambios

 Un hombre salió un día a caminar por el campo. Llevaba una ansiedad, un desasosiego, una supuración del espíritu.

Al cabo de un tiempo de marcha, un puentecito rústico de lapacho trabajado con hacha lo detuvo. Como la pena le traía cansado, se sentó en él.

Descansó mirando las riveras blancas del arroyo, los rápidos cardúmenes de pececitos, el quieto bañado con sus vacas, aves y carpinchos.

Pasó un tiempo así y quiso moverse, pero no como lo hace la gente. Quiso ser llevado por el agua o el viento; le vinieron deseos extraños, como el de poseer un ojo de madera verde para poder ver el signo cifrado en el horizonte vegetal; sintió que la piel se le volvía de ciervo en algunas partes y corteza de paraíso en otras; las uñas se le agigantaron, meciéndose y espejándose como agua de laguna; quiso hablar y trinó.

Aquel hombre triste no pudo o no quiso regresar. Se hizo agua, árbol, ciervo, pájaro,…

Dejó de existir como hombre y se liberó del humano sufrimiento.

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