Ocultamientos
No deja de irritar el bajísimo nivel de los informativos radiales y televisivos en nuestro país, mayormente adictos a manipular el estado de ánimo de la población en favor o en contra de los poderes políticos gobernantes, dejando en el camino a la realidad, siempre que resulte necesario.
El tristísimo caso delos 43 estudiantes desaparecidos el 26 de septiembre próximo pasado en Iguala, Estado de Guerrero, México, por su gravedad inaudita, con los perfiles agravantes que demuestra siendo obra de un grupo paramilitar narco financiado y actuando directamente por orden y cuenta de un gobernante electo y su esposa (José Luis Abarca -PRD-, alcalde de la localidad de Iguala y María de los Ángeles Pineda), atestigua en este sentido.
Nos abruman con toda clase de insustancialidades como el índice inflacionario del Congreso, un numerillo pergeñado entre 3 o 4 políticos aburridos que creen ser vanguardia de alguna revolución sacándose una foto en torno a un cartelito; nos quieren conmover (¿estarán locos?) con un fantoche con aires de "divo" que no para de lloriquear a causa de unos tweets pelotudos que nos hacen pensar que la faja en verano no es para cualquiera; nos exterminan la paciencia con un premio a la cultura otorgado por un grupo de cretinos a otro cretino más importante, todo en un marco que -se diría- es el de un importantísimo hecho que trascendería los límites del espacio histórico coyuntural para ir derechamente a alojarse entre los hitos de la cultura nacional, como si dijéramos el nacimiento de un Macedonio Fernández, la primera edición de Ficciones o la transmisión oral del Martín Fierro entre el paisanaje.
De todo hacen con la credulidad decreciente del pueblo y en su barato empeño olvidan los datos reales, cuando les conviene.
En otra circunstancia, digamos si un Sergio Massa fuera presidente (que el teclado se me haga a un lado), la desaparición de los estudiantes mexicanos se aprovecharía para poner de relieve la enorme distancia que media entre una narcodelincuencia magistralmente controlada por parte de las excelsas autoridades nacionales argentinas y el abismo final mexicano. En este caso, no les conviene resaltar distancias, pues ya hemos visto como se ha querido instalar en la opinión pública un virtual copamiento de los poderes del estado por las fuerzas del narco, principalmente utilizando la figura de Aníbal Fernández, sembrando sombras huecas y al mismo tiempo taponando la lastimosa y sospechosa estampa de los "socialistas" santafecinos, sin olvidar al hervidero de mafia narcolera que es Nordelta.
Cualquier noticia que colabore a destacar el estado ventajoso real de nuestra nación (y sin embargo surcada de problemas que no queremos ni debemos ocultar) en contraposición con los peligrosos estados de anarquía tácita que son vistos en otras latitudes, será inmediatamente desactivada. No pueden hablar de los 43 estudiantes desaparecidos en México sin lograr que inmediatamente el público compare entre esto y aquello. Entonces no hablan.
Así, el caso de los normalistas de Ayotzinapa es hoy un dato global que despierta por todas partes del mundo reflexiones amargas y entre nosotros ni siquiera existe, borrado de la bitácora informativa.
Es tan grave, tan terriblemente denso el hecho de Iguala, donde unos policías operando a plena luz del día bajo la dirección de civiles narcos, a su vez digitados por la autoridad civil de esa jurisdicción, agreden, capturan y desaparecen a 43 adolescentes, que sencillamente haría palidecer el empeño con que cada día quieren vendernos que estamos en un estado virtual de copamiento de las calles por chorritos drogones sangrientos empecinados en borrarnos del club de los vivos. Ninguna latitud latinoamericana puede estar peor que la nuestra, porque, como Lanata y varios otros acostumbran decir: "Este es un país de mierda". Y conste que el nuestro es el único país de mierda. En todos los demás transcurre la vida como debe ser: normal y previsiblemente. Solo aquí (y por cuenta exclusiva de la diktadora y sus kachorros) reina la anarquía derivada de la corrupción gobernante y la población civil corretea espantada de aquí para allá, cual ratas fumigadas.
Ya habíamos sido testigos de este borramiento de realidades con los disturbios raciales en Ferguson y 90 otras ciudades de USA a causa del fusilamiento de un joven negro por un policía blanco (disturbios que aún continúan). En general, la idea de la mayoría de los peligrosos manipuladores que controlan el tráfico de información en los medios informativos privados argentinos, es la de magnificar los problemas internos y minimizar la pesadilla foránea. No sea cosa que en la comparación comencemos a creer que vivimos en un lugar que vale la pena y que -la verdad- el nuestro no es un país de mierda.
PD: En este blog sí hablamos de Ferguson e Iguala.
El tristísimo caso delos 43 estudiantes desaparecidos el 26 de septiembre próximo pasado en Iguala, Estado de Guerrero, México, por su gravedad inaudita, con los perfiles agravantes que demuestra siendo obra de un grupo paramilitar narco financiado y actuando directamente por orden y cuenta de un gobernante electo y su esposa (José Luis Abarca -PRD-, alcalde de la localidad de Iguala y María de los Ángeles Pineda), atestigua en este sentido.
Nos abruman con toda clase de insustancialidades como el índice inflacionario del Congreso, un numerillo pergeñado entre 3 o 4 políticos aburridos que creen ser vanguardia de alguna revolución sacándose una foto en torno a un cartelito; nos quieren conmover (¿estarán locos?) con un fantoche con aires de "divo" que no para de lloriquear a causa de unos tweets pelotudos que nos hacen pensar que la faja en verano no es para cualquiera; nos exterminan la paciencia con un premio a la cultura otorgado por un grupo de cretinos a otro cretino más importante, todo en un marco que -se diría- es el de un importantísimo hecho que trascendería los límites del espacio histórico coyuntural para ir derechamente a alojarse entre los hitos de la cultura nacional, como si dijéramos el nacimiento de un Macedonio Fernández, la primera edición de Ficciones o la transmisión oral del Martín Fierro entre el paisanaje.
De todo hacen con la credulidad decreciente del pueblo y en su barato empeño olvidan los datos reales, cuando les conviene.
En otra circunstancia, digamos si un Sergio Massa fuera presidente (que el teclado se me haga a un lado), la desaparición de los estudiantes mexicanos se aprovecharía para poner de relieve la enorme distancia que media entre una narcodelincuencia magistralmente controlada por parte de las excelsas autoridades nacionales argentinas y el abismo final mexicano. En este caso, no les conviene resaltar distancias, pues ya hemos visto como se ha querido instalar en la opinión pública un virtual copamiento de los poderes del estado por las fuerzas del narco, principalmente utilizando la figura de Aníbal Fernández, sembrando sombras huecas y al mismo tiempo taponando la lastimosa y sospechosa estampa de los "socialistas" santafecinos, sin olvidar al hervidero de mafia narcolera que es Nordelta.
Cualquier noticia que colabore a destacar el estado ventajoso real de nuestra nación (y sin embargo surcada de problemas que no queremos ni debemos ocultar) en contraposición con los peligrosos estados de anarquía tácita que son vistos en otras latitudes, será inmediatamente desactivada. No pueden hablar de los 43 estudiantes desaparecidos en México sin lograr que inmediatamente el público compare entre esto y aquello. Entonces no hablan.
Así, el caso de los normalistas de Ayotzinapa es hoy un dato global que despierta por todas partes del mundo reflexiones amargas y entre nosotros ni siquiera existe, borrado de la bitácora informativa.
Es tan grave, tan terriblemente denso el hecho de Iguala, donde unos policías operando a plena luz del día bajo la dirección de civiles narcos, a su vez digitados por la autoridad civil de esa jurisdicción, agreden, capturan y desaparecen a 43 adolescentes, que sencillamente haría palidecer el empeño con que cada día quieren vendernos que estamos en un estado virtual de copamiento de las calles por chorritos drogones sangrientos empecinados en borrarnos del club de los vivos. Ninguna latitud latinoamericana puede estar peor que la nuestra, porque, como Lanata y varios otros acostumbran decir: "Este es un país de mierda". Y conste que el nuestro es el único país de mierda. En todos los demás transcurre la vida como debe ser: normal y previsiblemente. Solo aquí (y por cuenta exclusiva de la diktadora y sus kachorros) reina la anarquía derivada de la corrupción gobernante y la población civil corretea espantada de aquí para allá, cual ratas fumigadas.
Ya habíamos sido testigos de este borramiento de realidades con los disturbios raciales en Ferguson y 90 otras ciudades de USA a causa del fusilamiento de un joven negro por un policía blanco (disturbios que aún continúan). En general, la idea de la mayoría de los peligrosos manipuladores que controlan el tráfico de información en los medios informativos privados argentinos, es la de magnificar los problemas internos y minimizar la pesadilla foránea. No sea cosa que en la comparación comencemos a creer que vivimos en un lugar que vale la pena y que -la verdad- el nuestro no es un país de mierda.
PD: En este blog sí hablamos de Ferguson e Iguala.
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