Gustavo Rosa y el 25 de mayo del gobierno
http://apuntesdiscontinuos.blogspot.com.ar/2016/05/una-patria-casi-privatizada.html?m=1
Una Patria casi privatizada
La peor foto de la semana es la de la Plaza que Macri quiso. Lejos de las fiestas de los años anteriores, la conmemoración de este 25 de mayo estuvo sumergida en la paz de los cementerios. Vallas que impedían el paso de turistas, caminantes, vendedores y posibles protestones. El único brillo lo aportaron las botas de los uniformados. Las malas lenguas dicen que hubo más banderas durante la visita de Obama. La primera fecha patria de La Revolución de la Alegría se redujo a un puñado de selectos y al tedeum del que el empresidente no salió incólume. Volver a los actos solemnes con discursos vacíos es una señal indiscutible de que no hay mucho para festejar. Cuando unos pocos logran sus objetivos, los brindis se hacen en privado. Que en su jura de asunción haya omitido el ‘patriotismo’ no fue una muestra de rebeldía, sino de su sentir. Muchas señales se pueden apreciar en la postal de esta nueva plaza y entre todas, la más riesgosa: la grieta ya no separa a un gobierno de las corporaciones, sino del pueblo que le concedió el poder.
Gabriela Michetti, en el contexto de los gestos adversos vertidos por Francisco, consideró que la “situación es bastante complicada” y se debe a “una distancia en términos de comprender el proyecto político que estamos llevando adelante”. En eso, la vice está equivocada: tanto el Papa como muchos compatriotas comprendemos muy bien ese proyecto y por eso lo cuestionamos. Ella es la que no comprende por qué el jefe de Estado no salió al balcón a exhibir su cinismo coreográfico o no esté, al menos, “saltando en una pata”, como ella misma graficó. Desde diciembre a hoy, la relación de Macri con sus representados se ha deteriorado, a pesar de los esfuerzos de los medios apologistas. Cuando la peor realidad cruza el umbral de tu casa, no hay pantalla que te pueda distraer.
Si las promesas de campaña cayeron en saco roto, no fue por imposibilidad, sino por decisión. El Gran Equipo ha tomado medidas de catálogo no para bregar por el bien común, como suelen declamar sus integrantes, sino para satisfacer la angurria privada. Si las compras cotidianas se han convertido en un suplicio no fue por un error de cálculo, sino por una exigencia del modelo. Si las facturas nos aterran es porque ellos las han transformado en pesadilla. Nada de lo que han hecho era necesario si lo que buscaban era mejorar nuestra vida. La pesada herencia será la que dejarán ellos. La famosa bomba de la que ahora habla Macri es la que están confeccionando para que estalle en breve. Ellos son los que están generando una crisis y si la Plaza estuvo vallada es por temor a la reacción. Por lo que parece, todos comprendemos lo que está pasando menos Gabriela Michetti, que sigue flotando en una nube de incongruencias y slogans de una campaña que ya ha terminado. Todos comprendemos el modelo que nos está llevando al abismo; lo que no logramos entender es cómo triunfaron en el balotaje.
La comprensión que despierta
Una de las excusas para prohibir el acceso al histórico espacio fue aportada por la ministra de Seguridad Patricia Bullrich que, en su delirio crónico, invocó a todos los fantasmas. Unos quemacoches capturados mutaron en peligrosos terroristas con la intención de provocar disturbios en la Plaza de Mayo. Por eso se sitió el predio, a pesar de la falacia de una funcionaria con tanta responsabilidad. Según Bullrich, “los niveles de violencia son muy altos” y “se quiere generar una situación de descontrol en la calle por grupos que están todos los días haciendo manifestaciones”. La mejor manera de desarticular una protesta es satisfaciendo la demanda, no invadiendo con policías. Pero como la restauración no se detiene en los noventa, los peores vientos setentistas empiezan a apestar el ambiente.
El intendente de Bahía Blanca, Héctor Gay, en su discurso por la fecha patria recicló el detestable ideario de los represores: enemigos de adentro y de afuera, grupos perfectamente organizados, sin patria ni bandera, quieren subvertir valores. No es el único integrante de Cambiemos que ostenta estos conceptos. Si rascamos un poco, no encontraremos muchas excepciones. Con la Plaza vedada, los fantasmas de Bullrich y los dichos de Gay, la foto se vuelve amarilla de tan vieja. Los PRO advierten lo que se viene y están preparando las excusas. Quienes se manifiesten en las calles no será porque están desocupados o hambreados, sino porque han sido cooptados por la subversión que viene a interrumpir tanta alegría. La ministra Bullrich, a tono con el futuro represor, advirtió que “debemos tener cuidado de no entrar en situaciones de provocación que buscan poner al gobierno en una situación límite”. Para ella, la situación límite no es el desempleo que este modelo produce sino la invitación a reprimir.
La vice habla de incomprensión mientras la ministra advierte sobre las provocaciones, aunque en realidad ambas cosas provienen de la misma fuente. Michetti se lamenta porque el Papa no comprende el proyecto amarillo y Bullrich veda la Plaza porque olfatea provocaciones. Ellos ganaron el balotaje con la promesa de Pobreza Cero, de no quitarnos nada de lo que tenemos, de no perseguir al que piensa distinto, de estar de nuestro lado. Si algunos no comprenden es porque están haciendo todo lo contrario de lo que han prometido. Y no nos pueden acusar de incomprensión si interpretamos el accionar PRO como una provocación. ¿O de qué otra manera se puede descifrar la descomunal transferencia de recursos hacia los sectores más poderosos? ¿Cómo puede entenderse que hablen de honestidad y transparencia mientras esconden sus fortunas mal habidas en paraísos fiscales? ¿O que denuncien a los empresarios amigos del gobierno anterior los que ha pasado toda su vida succionando los recursos públicos desde la dictadura hasta acá? ¿O que hablen de los intereses del país los que operan para abrir nuestras puertas al Imperio?
Claro que los comprendemos. Mauricio Macri y sus secuaces han engañado a los votantes y nos están provocando desde el mismo momento de la asunción. Y el colmo de la provocación fue la privatización de la Plaza, un símbolo de que nos quieren privar de nuestra historia, de nuestro futuro, de todo. Claro que comprendemos que el engaño continúa. Si las promesas de campaña fueron incumplidas, las que hacen ahora también lo serán. Después de los experimentos tortuosos a los que nos someten no vendrán los gloriosos tiempos de mieles y flores. Si al gobierno de Macri le va bien al país le irá mal.
La Plaza del 25 estuvo vedada porque Ellos saben que empezamos a comprender cómo viene la cosa. La Argentina de Macri no será para todos. Las vallas avanzarán para resguardar a un puñado de privilegiados de una mayoría despojada y enardecida. El bicentenario de nuestra independencia inaugurará el tránsito hacia al país del Centenario: una minoría patricia que goza los bienes producidos por la mayoría empobrecida. Ese día sí debe ser de festejos. Los PRO intentarán copar las calles con protocolo superficial y actos desideologizados para simular patriotismo, un sentir que les es ajeno. El 9 de julio puede ser un día de celebraciones herméticas, reservadas a ceos, obsecuentes, cómplices y algunos confundidos o una jornada ideal para manifestar a la gerencia de La Rosada que estamos dispuestos a recuperar la independencia que en pocos meses comenzamos a perder.
Gustavo Rosa
Una Patria casi privatizada
La peor foto de la semana es la de la Plaza que Macri quiso. Lejos de las fiestas de los años anteriores, la conmemoración de este 25 de mayo estuvo sumergida en la paz de los cementerios. Vallas que impedían el paso de turistas, caminantes, vendedores y posibles protestones. El único brillo lo aportaron las botas de los uniformados. Las malas lenguas dicen que hubo más banderas durante la visita de Obama. La primera fecha patria de La Revolución de la Alegría se redujo a un puñado de selectos y al tedeum del que el empresidente no salió incólume. Volver a los actos solemnes con discursos vacíos es una señal indiscutible de que no hay mucho para festejar. Cuando unos pocos logran sus objetivos, los brindis se hacen en privado. Que en su jura de asunción haya omitido el ‘patriotismo’ no fue una muestra de rebeldía, sino de su sentir. Muchas señales se pueden apreciar en la postal de esta nueva plaza y entre todas, la más riesgosa: la grieta ya no separa a un gobierno de las corporaciones, sino del pueblo que le concedió el poder.
Gabriela Michetti, en el contexto de los gestos adversos vertidos por Francisco, consideró que la “situación es bastante complicada” y se debe a “una distancia en términos de comprender el proyecto político que estamos llevando adelante”. En eso, la vice está equivocada: tanto el Papa como muchos compatriotas comprendemos muy bien ese proyecto y por eso lo cuestionamos. Ella es la que no comprende por qué el jefe de Estado no salió al balcón a exhibir su cinismo coreográfico o no esté, al menos, “saltando en una pata”, como ella misma graficó. Desde diciembre a hoy, la relación de Macri con sus representados se ha deteriorado, a pesar de los esfuerzos de los medios apologistas. Cuando la peor realidad cruza el umbral de tu casa, no hay pantalla que te pueda distraer.
Si las promesas de campaña cayeron en saco roto, no fue por imposibilidad, sino por decisión. El Gran Equipo ha tomado medidas de catálogo no para bregar por el bien común, como suelen declamar sus integrantes, sino para satisfacer la angurria privada. Si las compras cotidianas se han convertido en un suplicio no fue por un error de cálculo, sino por una exigencia del modelo. Si las facturas nos aterran es porque ellos las han transformado en pesadilla. Nada de lo que han hecho era necesario si lo que buscaban era mejorar nuestra vida. La pesada herencia será la que dejarán ellos. La famosa bomba de la que ahora habla Macri es la que están confeccionando para que estalle en breve. Ellos son los que están generando una crisis y si la Plaza estuvo vallada es por temor a la reacción. Por lo que parece, todos comprendemos lo que está pasando menos Gabriela Michetti, que sigue flotando en una nube de incongruencias y slogans de una campaña que ya ha terminado. Todos comprendemos el modelo que nos está llevando al abismo; lo que no logramos entender es cómo triunfaron en el balotaje.
La comprensión que despierta
Una de las excusas para prohibir el acceso al histórico espacio fue aportada por la ministra de Seguridad Patricia Bullrich que, en su delirio crónico, invocó a todos los fantasmas. Unos quemacoches capturados mutaron en peligrosos terroristas con la intención de provocar disturbios en la Plaza de Mayo. Por eso se sitió el predio, a pesar de la falacia de una funcionaria con tanta responsabilidad. Según Bullrich, “los niveles de violencia son muy altos” y “se quiere generar una situación de descontrol en la calle por grupos que están todos los días haciendo manifestaciones”. La mejor manera de desarticular una protesta es satisfaciendo la demanda, no invadiendo con policías. Pero como la restauración no se detiene en los noventa, los peores vientos setentistas empiezan a apestar el ambiente.
El intendente de Bahía Blanca, Héctor Gay, en su discurso por la fecha patria recicló el detestable ideario de los represores: enemigos de adentro y de afuera, grupos perfectamente organizados, sin patria ni bandera, quieren subvertir valores. No es el único integrante de Cambiemos que ostenta estos conceptos. Si rascamos un poco, no encontraremos muchas excepciones. Con la Plaza vedada, los fantasmas de Bullrich y los dichos de Gay, la foto se vuelve amarilla de tan vieja. Los PRO advierten lo que se viene y están preparando las excusas. Quienes se manifiesten en las calles no será porque están desocupados o hambreados, sino porque han sido cooptados por la subversión que viene a interrumpir tanta alegría. La ministra Bullrich, a tono con el futuro represor, advirtió que “debemos tener cuidado de no entrar en situaciones de provocación que buscan poner al gobierno en una situación límite”. Para ella, la situación límite no es el desempleo que este modelo produce sino la invitación a reprimir.
La vice habla de incomprensión mientras la ministra advierte sobre las provocaciones, aunque en realidad ambas cosas provienen de la misma fuente. Michetti se lamenta porque el Papa no comprende el proyecto amarillo y Bullrich veda la Plaza porque olfatea provocaciones. Ellos ganaron el balotaje con la promesa de Pobreza Cero, de no quitarnos nada de lo que tenemos, de no perseguir al que piensa distinto, de estar de nuestro lado. Si algunos no comprenden es porque están haciendo todo lo contrario de lo que han prometido. Y no nos pueden acusar de incomprensión si interpretamos el accionar PRO como una provocación. ¿O de qué otra manera se puede descifrar la descomunal transferencia de recursos hacia los sectores más poderosos? ¿Cómo puede entenderse que hablen de honestidad y transparencia mientras esconden sus fortunas mal habidas en paraísos fiscales? ¿O que denuncien a los empresarios amigos del gobierno anterior los que ha pasado toda su vida succionando los recursos públicos desde la dictadura hasta acá? ¿O que hablen de los intereses del país los que operan para abrir nuestras puertas al Imperio?
Claro que los comprendemos. Mauricio Macri y sus secuaces han engañado a los votantes y nos están provocando desde el mismo momento de la asunción. Y el colmo de la provocación fue la privatización de la Plaza, un símbolo de que nos quieren privar de nuestra historia, de nuestro futuro, de todo. Claro que comprendemos que el engaño continúa. Si las promesas de campaña fueron incumplidas, las que hacen ahora también lo serán. Después de los experimentos tortuosos a los que nos someten no vendrán los gloriosos tiempos de mieles y flores. Si al gobierno de Macri le va bien al país le irá mal.
La Plaza del 25 estuvo vedada porque Ellos saben que empezamos a comprender cómo viene la cosa. La Argentina de Macri no será para todos. Las vallas avanzarán para resguardar a un puñado de privilegiados de una mayoría despojada y enardecida. El bicentenario de nuestra independencia inaugurará el tránsito hacia al país del Centenario: una minoría patricia que goza los bienes producidos por la mayoría empobrecida. Ese día sí debe ser de festejos. Los PRO intentarán copar las calles con protocolo superficial y actos desideologizados para simular patriotismo, un sentir que les es ajeno. El 9 de julio puede ser un día de celebraciones herméticas, reservadas a ceos, obsecuentes, cómplices y algunos confundidos o una jornada ideal para manifestar a la gerencia de La Rosada que estamos dispuestos a recuperar la independencia que en pocos meses comenzamos a perder.
Gustavo Rosa
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