En cierta perspectiva
Nos creemos gran cosa, los humanos. Acaso lo seamos y así de raro sea el universo. Pero a mí siempre me ha parecido un milagro que una especie capaz de ignorar tanto como la nuestra haya logrado sobrevivir e incluso prosperar. Porque no es nuestra capacidad de aprendizaje lo que nos define, sino la insondable profundidad de nuestra ignorancia. El más sabio de nosotros no ha sido ni siquiera tan hábil como para explicarse de qué manera razonamos al momento de atarnos los cordones de nuestros calzados. Después de miles de años de desarrollo cultural, la masa de conocimientos que sostiene a nuestras sociedades sigue siendo tan débil, que bastaría con que alguna perturbación global interrumpiera el ciclo educativo para que retrocediéramos a la época de las cavernas y nuestros descendientes no pudieran entender ni la palabra escrita, ni la hablada, ni la suma y la resta o siquiera fueran capaces de comprender qué cosa son la rosca, el clavo o la palanca. Es prodigiosa la fragilidad de la red cultural que nos sostiene y nos hace considerarnos los reyes de la creación, tan soberbios como para inventar que la divinidad nos hizo a su imagen y semejanza y que el mundo fue creado en función nuestra.
La verdad es que somos un pequeño grupo de mamíferos que apenas ha comenzado su caminata y podría, en medio de su desorganización e inexperiencia, tomar un atajo indeseable y quedar encerrado en un extremo inhóspito de la realidad.
Y encima los que se la saben todas, solo para endeudarnos y para el curro resultaron buenos.
ResponderEliminarCreo que la soberbia es en este caso algo simulado, para poder currar y currar y currar.