No podemos ser pesimistas
No podemos ser pesimistas/Ricardo Antonio López
No es negocio. Ni siquiera después de comprobar que con sanguchitos o algo más se tuercen las voluntades de gente que votamos en nuestras listas. No crean, compañeros/as, que mi negación del pesimismo es un recurso psicológico contra la depresión o el desánimo en una época en que bailamos con la más fea. No se trata de negar la realidad, de escaparse de circunstancias adversas por medio del voluntarismo, de creer que las buenas épocas no se fueron cuando claramente ya no son nuestra postura ideológica y nuestras pautas culturales las que definen el rumbo general de la nación. Se trata de lo que la memoria nos enseña. Digo que no podemos ser pesimistas porque los años en su transcurrir tantas veces inclemente nos dejan un mensaje claro, nítido y esperanzador: la gente común (el pueblo, las mayorías, vos, él, ella y yo, nosotros, ustedes y ellos) siempre se levanta. Estamos hechos de una sustancia indestructible compuesta de número y empecinamiento, tan potente y persistente que resiste matanzas, hambrunas, pestes y gobiernos tan infaustos como este de presidente Mau. Es eso. Somos invencibles, inoxidables, indegradables. Que nos echen nuevamente, como lo han hecho tantas veces a lo largo de nuestra historia de 500 y pico de años, el ácido del conservadurismo, que nos recorten cuanto suele recortarse al pobre para reafirmar su triste condición, que nos falte el alimento, el remedio, la ropa, que nuestros techos goteen y nuestras paredes se agrieten. No es tema. Prevaleceremos al final. Es lo que nos enseña la historia. Por eso no podemos ser pesimistas.
A ver si nos entendemos; provenimos, por historia familiar y por circunstancias de vida, del subsuelo famoso sublevado el 17 de octubre del 45. No nos frenaron fusilando en los basurales de José León Suárez, no nos frenaron cortando con el sable la democracia, no nos frenaron infiltrando al peronismo con gorilas tipo López Rega, no nos frenaron matando decenas de miles de militantes ni fabricando miseria. No pueden. No han podido. Nunca pudieron. ¿Y ahora hemos de creer que justamente nosotros seremos la primera generación popular en ser derrotada, en no levantarse desafiante luego de ser golpeada? No te la creo.
Que tomen nota. Vos te vas a levantar, se levantará tu vecino, tu padre, tu hermano, el que no conocés también se levantará. Y otra vez seremos el pueblo glorioso que sacude la cabeza aturdida a golpes y simplemente retoma su dificultoso destino. Que se vayan rotundamente al carajo con sus zonceras dañinas de ajustes, despidos y más pobreza. No nos asusta nada de todo eso. Lo hemos vivido repetidas veces y siempre supimos salir adelante. Lo único que está en discusión aquí es cuánto tiempo tardaremos en sacudirnos las pulgas y garrapatas que subieron a nuestro lomo.
Se entiende lo anterior, por sencillo e irrefutable. Es lo que la historia enseña. Que no se te ocurra entonces caer en el pesimismo. No olvides la calidad inviolable y por lo tanto incorruptible de tu origen, nacional y popular.
16/04/2016
Comentarios
Publicar un comentario