La fábrica
Comencé una modesta industria que en estos tiempos de crisis no servirá y nunca me reportará sustento vital alguno. No es muy práctico el emprendimiento, pero me ocupa tiempo (tiempo que quito a mis habituales pensamientos obsesivos y deprimentes) e incluso distraen al hambre que se me ha vuelto rutina.
Se trata de la fabricación de ruidos. Los voy armando con creciente detalle a medida que domino las técnicas pertinentes. Comencé con el golpeteo de dos chapas movidas por la tormenta. Hermosos ruidos. Fue algo casual. No sabía que tenía esa habilidad, pero me obsesioné con ella desde allí. Pude replicar el grito del cerdo cuando es degollado, el sonido amortiguado del durazno maduro que golpea el pasto, el quiebre de ramas de paraíso secas, el llamado del afilador de cuchillos, cosas así... También formé catálogo y archivo de sonidos replicados.
Debo hallar la forma de hacer que la réplica de ruidos se haga registrable. Para eso debería, primero, sacarlos de mi mente, porque allí donde han nacido permanecen. Quiero decir que no son sonidos reales y no lo serán hasta que halle la forma de externarlos. Supongo que cuando eso suceda se les podrá activar y desactivar a gusto de quién quiera oírlos. Veremos.
No sé de alguien más capaz de fabricar sonidos completos y articulados en su cabeza. ¿Podría ser una oportunidad de negocios?

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