Trabajo sucio por hacer/Ricardo Antonio López

Como cualquier argentino que se atiborra de “periodismo independiente” sabe, aquí hay un trabajo sucio por hacer. Hemos pasado por una fiesta de irresponsabilidades (nos dicen) y va llegando el tiempo de abonar las facturas de los proveedores. Lógico: después de 12 años de joda, queda un tendal de cuentas.

Te lo dicen, sugieren y bosquejan infinidad de pequeños informadores de pantalones ajustados, chaquetas al cuerpo y zapatos puntiagudos, con vocecitas sobradoras y rubias panelistas de rostros iracundos. Ninguno te cuenta exactamente qué cosa es exactamente el trabajo sucio ese tan publicitado. Sin embargo, parece cosa grave, cosa de gente  adulta y no de pendejos camporistas asalariados.

Los economistas de la oposición -una ancha banda de terroristas mediáticos- dan ciertos detalles que le dan al asunto un aspecto noventista, fulero, excluyente y uno ya tiene ganas de ir almacenando mercadería, por las dudas. No se animan a decirlo con claridad, lo que no impide calcular de acuerdo a experiencias pasadas, que el famoso trabajo sucio dejará unos 4 o 5 millones de argentinos patrióticamente cagados de hambre, en corajuda inmolación necesaria para que luego la maquinaria precisa de la economía de mercado comience a generar riquezas por doquier y nos lleve directamente al primer mundo que es –cualquier hijo de vecino lo sabe- el lugar de pertenencia de la blanca argentina bajada de los barcos y no esta horrenda asociación con paisillos  traspasados de sangre indígena y africana.

Estos hijunagrandessiete le dicen trabajo sucio a esa plaga ajustadora que nos quieren vender por imprescindible, indetenible y obligatoria para cualquier Massa, Macri o Scioli que quiera venir a gobernar al criollaje indisciplinado engordado a fuerza de planes. Les interesa poco el apellido del próximo presidente siempre y cuando venga al mundo con un plan de ajuste bajo el brazo.

Cuando termine el trabajo sucio quedarán pibes con panzas como tambores, los hospicios atiborrados de viejos con jubilaciones cortadas, universidades (las nuevas, las que inauguraron Néstor y Cristina) cerradas, rutas en abandono, ferrocarriles chinos 0 Km abandonados a la rapiña, campos con amenaza de remate, ex indignados cómodamente sentados en su living disfrutando del alentador relato de los programas de panelistas, por citar alguito de lo malo por venir si el que gana en octubre se le anima al trabajo sucio.

Cuando termine el trabajo sucio Lanata y Lilita pondrán el grito en el cielo y no faltará el estúpido que diga: “Gente de esta es la que necesitamos”.

El trabajo sucio hará incautar por decenas de miles automóviles y maquinaria compradas en las épocas añoradas del kirchnerismo y los mismos que hablaban con su boca sucia de la “yegua”, empezarán a reconocerle méritos. Muy tarde, como corresponde a gente con menos de 2 dedos de frente.

El trabajo sucio devolverá al pobre a su miseria y podará vidas de viejos y chicos en número suficiente de modo que el viejerío garca pueda sentir que las cosas volvieron al orden del cual nunca debieron escapar.

Con el trabajo sucio los ministros de economía volverán a ser odiados por el pueblo y serán bien recibidos en TN, América y la mesa de la Legrand. 

Los más viejos oiremos sin sorpresa a los relatores del trabajo sucio repetir que luego de un breve  período de lógico acomodamiento que –por supuesto- causará cierto impacto negativo sobre algunos sectores (el pobrerío)  excesivamente beneficiados durante “el régimen”, la estabilidad con crecimiento sobrevendrá y el país entero nadará en la abundancia de signo liberal, serio y previsible. Increíblemente, muchos creerán estas cretinadas.

Vos, tu vecino y todos los de la cuadra quedarán culo para arriba una vez que el trabajo sucio se haga. Así que ojo. No sea que te tomen por idiota hasta ese extremo.

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