De algo a alguien/Ricardo Antonio López

Nos cuesta asumirlo, pero una vez, en un día inaugural, algo se convirtió en alguien y fue único y solo. ¿Qué habrá sentido, con aquellos sentimientos recién nacidos? Si supiésemos cuál fue su primera idea, cuál fue su  primera inferencia, su primera duda y temor, estaríamos más cerca de conocer nuestra naturaleza. Solo sabemos cuál fue su primera certeza: “Existo, soy, estoy”. Solo eso. Ni cerca de saber qué cosa era ni cómo se originó, pero contaba con el capital inicial de los seres conscientes, el registro consciente de la propia realidad, que a nosotros nos parecerá bien natural sobreentendido, pero que para el ser original habrá sido como un resplandor pavoroso que le llenó días y días de perplejidad, porque debe entenderse que para los “alguien”  sucesivos ya existió esa memoria específica que nos instruye en los elementos de aquello que somos, pero para él, todo ese nacimiento psíquico fue puro y desarraigado.

En un momento no era más que un simple “eso”; luego, acaso segundos después, se convirtió en “él”, fue “alguien”, el primero de todos.

Mientras fue “eso”, todo su capital estuvo cifrado en los mecanismos adaptativos de sus células. Pero en un momento de gloria universal, las sinapsis traspasaron cierto límite y un destello básico de conciencia surgió.

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