Decisión y Destino/Ricardo Antonio López

La conciencia de sí mismo no es un destello mágico que deba aparecer necesariamente y al cabo en cualquier organismo biológico o no biológico. Para decirlo en términos humanistas: no es un derecho universal. Una especie la generará solo si la complejidad de sus operatorias psíquicas sobrepasa cierto nivel. En caso contrario, eso que llamamos cerebro chapaleará eternamente en un barro infértil de mecanismos adaptativos inconscientes.

Así, un líquen nunca será más que un montón de células  sordas, ciegas y mudas cuya supervivencia dependerá por completo de la estabilidad de su medio ambiente.

¿Y cómo se manifiesta la conciencia de sí mismo? Por la naturaleza de sus cambios. Apenas un ser de cualquier naturaleza adquiere registro de su realidad, comienza un proceso de cambios intencionales, obligado por su flamante capacidad decisoria. La conciencia de sí mismo inaugura el proceso de toma de decisiones y pone el destino del ser en sus propias manos, por primera vez y hasta el fin de sus días.

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