La opción estúpida/R. A. López

No puede cambiarse lo hecho

En cambio, borrás huellas, negás lo dicho, desconocés al cómplice, torcés el

testimonio

O actuando contrariamente a tus rastreros, terrenos intereses, te hacés cargo.

¿Dónde está el mejor hombre (humano) entre ambas actitudes?

¿Queda un mejor interés yendo con la verdad, aunque esa verdad nos dañe?

¿Preferís el rédito inmediato y evidente que conlleva la mentira interesada o apostás

por algo tan inmaterial como la sanidad de tu espíritu?

Harás lo que quieras en el momento casual en que debas decidir ser recto o torcido,

pero no busques esconderte detrás de ninguna miserable excusa. No es el destino, no

es la necesidad, no son factores extraños a tu ser los que estarán actuando si (una vez

más) tomás el atajo de la impostura. Sos vos. Ese sos vos. Así, tal cual.

Estaría bueno no olvidarlo. Porque verás que con el tiempo un peso angustiante va

echándose sobre las espaldas de tu pobre ser, una carga hecha de cientos y miles de

pequeñas traiciones a tu naturaleza. Cuando el yugo de esa carga pese más que las

ventajas obtenidas con trampa, habrá llegado el momento de reconocer tu fracaso

vital. Lo que fuiste
lo que hiciste, lo que te movilizó y motivó, tus supuestos logros,

todo un montón de nada. Tu pasado, un triste hueco. Tu realidad, una estación

abandonada.

¿No es estúpido buscar el rédito sencillo que sigue como sombra al engaño?

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