¿Qué tiene en la cabeza?
Nada, dirías en estado de bronca. Hueco como un globo, vacío, se piensa equivocadamente desde la inocencia del militante fervoroso.
Pero no hay huecos en su lastimosa conformación moral e ideológica. Ningún vacío. Todo está lleno, pleno, repleto, hasta el tope. Absolutamente henchido de brutalidad noventista, ignorancia prejuiciosa, injustificada soberbia, inmoralidad de niño rico, pretencioso y engrupido.
Habrá que revisar cuáles son los males que como sociedad hemos acometido para merecer un zopenco fulminante como éste a cargo, suponiendo aquello del karma o quien las hace las paga. Tipo maldición bíblica, una plaga sobre otra emanan de su seno directivo. Y nosotros, los malditos, aquí abajo, añorando buenas épocas, revolcándonos en la decepción de ciudadanos que ven derrumbarse en poco tiempo los derechos adquiridos en décadas de lucha.
Tiene, verdaderamente, la cabeza llena de un contra argentinismo salvaje que le convierte en gran amenaza para los menos favorecidos por la fortuna (que no somos menos de un 70% del total). Nada de lo nuestro, de lo que es acervo popular, le agrada. Nos tiene por enemigos, lo que se ve en el loco despliegue militar protectivo que lo acompaña en sus salidas públicas. No quisiera ver lo que ocurriría si en medio de la gente, algún loco decide atacarle de algún modo. Deben tener por seguro que los perros rabiosos de su entorno superarán límites.
Un sujeto como él, en el lugar que ocupa, subvierte la lógica de la dinámica social. Y no por tener la cabeza vacía, sino por tenerla ocupada a tope con nociones anti democráticas.
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