Qué hacer con la derrota

Perdimos ayer la ciudad de Corrientes en manos de la gente de Ricardo Colombi. Un golpe poderoso en el centro de la mandíbula. Que no esperábamos. Cualquiera se caería con semejante trompada. Nosotros no. Es como pegarle a Rocky o a Gatica. Es necesario aclarar estas cosas, entre nosotros al menos. Porque no tenemos derecho a olvidar qué cosa somos y de qué material estamos hechos. No somos cualquier zoncera y seremos de todo, pero no débiles, ni depresivos ni quejosos que andan llorando por los rincones. El que a esta hora del día posterior de la derrota de Fabián (la derrota de todos/as) no esté de pié y absolutamente decidido a seguir en la lucha, debería ir considerando la posibilidad de migrar a una agrupación política normal, estándar, para gente común. En el peronismo, mejor no siga, porque estas derrotas son parte de la misa. ¿O alguien cree que ser peronista es sencillo? El movimiento se parió entre dificultades, creció entre grandes tribulaciones y cayó y se levantó mil veces. Al General lo metieron preso, se alegraron los monstruos cuando murió Evita, bombardearon la  plaza, fusilaron a Valle y sus compañeros, secuestraron y masacraron obreros y estudiantes y cada vez dieron por hecho que el peronismo había muerto. Muerto las pelotas.
Ayer le ganaron al mejor de los nuestros y hacen bien en estar contentos, porque es hazaña. Y no importa si fue por las muchas colectoras o por funcionarios que hicieron la plancha o la gran siete. Perdimos y punto. No fue el arbitro, ni el travesaño ni la cancha embarrada. Perdimos nosotros. Hagámonos cargo. Y no saquemos trapos al sol. No nos beneficiará justo ahora. Entre todos perdimos y entre todos vamos a levantarnos. Después se verá el resto y se pasarán las facturas. Por ahora, de pie y en la lucha.
Se entiende,verdad? No está buena la ocasión para excusas de mal perdedor, peleas ni nada que nos distraiga del objetivo que está en octubre.
Los números de ayer lastiman pero también hablan. Tassano le ganó a Ríos por 7.291 votos, con una diferencia porcentual de 3.7. Si ellos o nosotros damos por sentado que este margen tan reducido da que Camáu ya está perdido, o se ha asoleado o está viviendo fuera de la realidad. A ver si nos entendemos. Son 7.291 votos, no 20 o 30.000. Que ellos se suban al carro de la victoria. Allá ellos. Nosotros firmes y de pié. Porque esta ciudad de Corrientes tan misteriosa probablemente no haya dicho su última palabra y para octubre acaso nos depare sorpresas agradables. Y que no se subestime a Fabián Ríos y se crea que bajará los brazos.  No sucederá y para octubre tal vez nos de la victoria mayor que todavía estamos buscando.
Hasta aquí lo que tengo para decir de aliento.
Hay sin embargo otras consideraciones más personales que quiero hacer públicas.
Como nunca antes había ocurrido en la historia política del peronismo correntino,una multitud de militantes y dirigentes del interior nos trasladamos a la ciudad capital para dar testimonio del compromiso que tenemos y mantenemos para con la causa peronista. Nadie nos pagó y nos ofrecimos de frente y con desinterés y estuvimos haciendo lo poco o mucho que nos salía. En mi caso particular, me contacté con Omar Molina y le dije que quería partipar y me vine. Estuve en la Regional con Noemí Masullo y muchos otros compañeros, la mayoría de ellos del interior. Había sido que no fui el único que sintió la responsabilidad de estar presente en un momento tan importante. Estaban compañeros de Saladas, Goya, Lomas de Vallejos y otros lugares. Pasamos el día con el entusiasmo propio de las buenas causas y nos conocimos un poco. Eso solo ya es positivo. Y cuando nos despedimos por la noche, teníamos ya una sensación ominosa, detestable, del que sabe que el esfuerzo, las ganas y la buena onda no alcanzaron. Horas después los temores se confirmaron. Habíamos perdido. Creo que la derrota de ayer (para el íntimo yo) solo se compara con la de Daniel Scioli en el 2.015, por el nivel de angustia que me provocó. Y no soy de tomar las cosas a la tremenda. Pero me lastimó profundamente. Fui a dormir angustiado. Pero me levanté entero. A nosotros no nos corren ni nos asustan con charamosca (soy un antiguo). Somos peronistas. Somos duros, resistentes y prácticamente inextinguibles. Nos vamos a levantar. Yo ya estoy levantado. Y en los días siguientes todos y cada uno de nosotros vamos a estar de pié, caminando hacia octubre con el paso de los que se aguantan lo que venga, convencidos de estar peleando una causa justa. Nada está perdido, mis queridos compañeros.
A los que me conocen, un fuerte abrazo. A los compañeros que conocí ayer, un saludo fraterno. A los adversarios, mi respeto.
En octubre nos vemos, si Dios quiere con el semblante recuperado de los que se han caído y supieron levantarse.
Que nadie afloje ni un poco. No es el tiempo ni el lugar para sentirse derrotados sino el de cumplir con nuestra responsabilidad histórica.

Ricardo Antonio López, Concepción, Corrientes

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