Odio

Me costó algo comprender la simple esencia del gobierno y los fanàticos de Cambiemos. Por un tiempo estuve algo confundido.
Creí que era por plata, por lucro. Pensé que era por ignorancia y brutalidad. Por mala información y lectura errónea de la realidad.
Y no. La verdad es mucho más simple. Hacen lo que hacen por odio. Nos odian. Somos los pobres, los discapacitados, los parásitos, los populistas, los villeros, la grasa militante, los putos y las putas, las madres solteras, los jubilados sin aporte,  todo lo que no es blanco, limpio y puro, las viejas de pañuelo blanco, los pibitos de gorra, los Montoneros residuales, los freakies remanentes de un pasado que les horripila. Y como nos ven así, nos odian. Odian lo que sea que salga del marco estricto que un corazón pequeño y un fuerte estado de prejuicios les da por lectura anormal y peligrosa. De algún modo han llegado a convencerse de su superioridad, inexplicablemente, misteriosamente. Porque es complicado entender cómo unas personas tan limitadas en su afectividad pueden tenerse por mucho.
Simple odio de clase. Sólo eso. Son darwinistas feroces tratando de exterminar una  amenaza a su supuesta supremacía. Vendríamos a ser, desde su visión, un rebaño de animalitos mal entrazados que comen mucho pasto sin merecerlo. Entonces lo mejor es suprimirnos. Cuando cortan una pensión por invalidez, una pensión derivada, cuando eliminan un puesto de trabajo, cuando ejecutan un tarifazo, lo que en concreto buscan es reducir nuestra población. No lo reconocerán nunca, pero  estan intentando apocar el plantel de negros (categoría general que engloba todo lo
que odian) por la vía más expeditiva, que es la de acrecentar el hambre y acelerar la muerte.
No es por exagerar, pero estan espiritualmente enfermos.
Y nosotros, los negros malqueridos estamos en el horno. Porque somos las víctimas de este conglomerado de gente auto adscripta a una primera A imaginaria, que existe nada más en su imaginación de realismo fantástico que les hace verse cual europeos trasplantados que luchan a brazo partido contra la horda incivil de clientes del populismo K. Y no. Porque no pueden ser europeos. Son argentinos. Lo son hasta el último de sus caracuces. No son blancos ni hermosos ni puros. Porque esto no es una película de Disney. Esto es Argentina, donde el 60% de la población tiene rastros de sangre indígena y el completo esquema de nuestra idiosincrasia está atravesada de una personalidad claramente aborigen, propia, local, criolla. Una forma de ser y estar en el mundo que no se puede disimular, esconder o proscribir pues sale de cada una de nuestras acciones y conductas y que es más notable en aquellos que ingenuamente se consideran desligados del sello natal de esta tierra sudaca.
Mala suerte para todos. Para las víctimas y para los victimarios. Esto no se resuelve fácil. Es realidad contra fantasía. Son hechos contra supuestos.
Ustedes electores y lectores, pueden optar por la versión PRO de la vida nacional. O pueden hacerse cargo de todo el bagaje que nuestra historia y cultura deciden. Este partido no puede jugarse en una arena irreal. Somos lo que somos. Le guste a los de Macri o no. Somos esto. Esta negrazón, esta grasa, este chorreo imparable de pueblo, de cosa concreta, de vida dificultosa, trabada, pobre a veces y a veces más pobre aún o en los veranos del populismo, un poco más próspero. Somos esto para toda la eternidad. No pueden decidir cambios definitivos sin nuestra participación porque a la larga torceremos esa voluntad extraña y contraria a nuestros deseos. No se puede. Es al cuete. No pasarán. La pelota es nuestra, la cancha también. Punto. Ponéle que el árbitro por ahora nos está bombeando. Ponéle. Igual saldremos adelante con lo nuestro. No hay otra.
Al fin no decidirá el odio que nos tienen los desclasados y los capangas. Decidirá la víctima cuando decida dejar de serlo. Ocurre cada tanto y así, cada tanto, mejora el mundo. Siempre venciendo al odio.
R. A. López

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