Transformación/Ricardo Antonio Lopez

 Del reducido territorio de su inocencia ni mojones restaban. De los antiguos saldos de pureza que databan de su niñez, pequeños montículos. De la mirada que una vez contempló el mundo con algo parecido a la fe, nubes; una maldad frondosa le había crecido, una maldad sólida que buscaba expandirse.


La sustancia degenerada que alimenta las bajas tendencias del yo enfermo comenzaron a nutrirle y (como es usual), a provocarle la adicción que lleva al desenlace.


Cuando un ser desbarranca e inicia su descenso al subsuelo que almacena sus instintos primitivos (los que no habían desarrollado frenos morales) tiene pocas salidas. Es que ya no las busca.


La agitación del trasfondo maligno inició su búsqueda de predominio y anuló al resto de las posibles reacciones; nuestro hombre ya estaba haciéndose monstruo.


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