Necesitamos un gobierno que confíe en nosotros
Esta gente que ahora gobierna no cree en nosotros. Nos identifican con lo nacional y lo nacional les disgusta. Les decís Industria Nacional y se ríen de costado. Les hablás de Independencia o Soberanía y te saltan por el cuello. ¿Autodeterminación? Cosa de negros alucinados. No creen en lo nuestro. No les parece gran cosa.
Quisieran un país para siempre agrario, no industrial, desindicalizado, sin grandes centros de estudio e investigación, apolítico. Un país inmóvil, acrítico, manso, medio estúpido, bovino. Si naciste pobre, seguirás pobre. Es tu destino, no te resistas. No está bueno. ¿Qué pretendés? Ubicáte. ¿Naciste en la villa? Quedáte allí. Cada cual en su lugar. Porque la sociedad es una cajonera. Nunca un océano donde las corrientes fluyen, interactúan y traen cambios. Que no te influyan conceptos raros, izquierdistas, como Movilidad Social. El movimiento no trae cosas buenas. Es subversivo, irrita el tejido social y en definitiva no funciona. Te movés mucho y lo desordenás todo. Por lo tanto, tu mucho moverte causa perjuicios. Y si haciéndolo perturbás la paz social, es lógico que sufras represión: una cosa trae la otra.
Siempre están hablando de los países desarrollados, los países importantes, donde el pueblo es de primera calidad y los que mandan son los mejores, no como acá, donde cualquier populista accede al sillón de Rivadavia. No lo dicen muy claramente, pero consideran que el mal de La Argentina son los argentinos, es decir, nosotros, los de abajo (no ellos, los de arriba). Es por eso que se refieren al país como a este país y a sus habitantes como los argentinos (el país es algo externo a ellos mismos y su gente también). Carecen de sentido de pertenencia. Este país, con esta gente, no les resulta satisfactorio. Todo (el país y su gente) les resulta extraño, desagradable, impropio. El desprecio por lo nacional es su principal instinto. Y nosotros, mayoría viscosa, informe e infame, somos el rival a dominar.
A lo largo de la historia han fomentado la burla y el menoscabo hacia lo nuestro. Se han empeñado en avergonzarnos de lo que somos. Y han convencido a muchísimos de nosotros de la inutilidad de persistir siendo argentinos orgullosos de lo propio. De esto sale esa actitud lamentable de tantos argentinos de actuar como si fueran visitantes en su propio país, extraños obligados a vivir en un lugar que está muy por debajo de sus merecimientos. La educación, la propaganda y la costumbre les convirtió en alienígenas perniciosos, muy dañinos.
Está claro que se trata de un mal cultural. Se resuelve con educación, amor propio y crecimiento. Solo creciendo, prosperando, produciendo, podremos obtener autoestima y confianza en las propias fuerzas. Un gobierno que confíe en nosotros es lo que debemos elegir.
Quisieran un país para siempre agrario, no industrial, desindicalizado, sin grandes centros de estudio e investigación, apolítico. Un país inmóvil, acrítico, manso, medio estúpido, bovino. Si naciste pobre, seguirás pobre. Es tu destino, no te resistas. No está bueno. ¿Qué pretendés? Ubicáte. ¿Naciste en la villa? Quedáte allí. Cada cual en su lugar. Porque la sociedad es una cajonera. Nunca un océano donde las corrientes fluyen, interactúan y traen cambios. Que no te influyan conceptos raros, izquierdistas, como Movilidad Social. El movimiento no trae cosas buenas. Es subversivo, irrita el tejido social y en definitiva no funciona. Te movés mucho y lo desordenás todo. Por lo tanto, tu mucho moverte causa perjuicios. Y si haciéndolo perturbás la paz social, es lógico que sufras represión: una cosa trae la otra.
Siempre están hablando de los países desarrollados, los países importantes, donde el pueblo es de primera calidad y los que mandan son los mejores, no como acá, donde cualquier populista accede al sillón de Rivadavia. No lo dicen muy claramente, pero consideran que el mal de La Argentina son los argentinos, es decir, nosotros, los de abajo (no ellos, los de arriba). Es por eso que se refieren al país como a este país y a sus habitantes como los argentinos (el país es algo externo a ellos mismos y su gente también). Carecen de sentido de pertenencia. Este país, con esta gente, no les resulta satisfactorio. Todo (el país y su gente) les resulta extraño, desagradable, impropio. El desprecio por lo nacional es su principal instinto. Y nosotros, mayoría viscosa, informe e infame, somos el rival a dominar.
A lo largo de la historia han fomentado la burla y el menoscabo hacia lo nuestro. Se han empeñado en avergonzarnos de lo que somos. Y han convencido a muchísimos de nosotros de la inutilidad de persistir siendo argentinos orgullosos de lo propio. De esto sale esa actitud lamentable de tantos argentinos de actuar como si fueran visitantes en su propio país, extraños obligados a vivir en un lugar que está muy por debajo de sus merecimientos. La educación, la propaganda y la costumbre les convirtió en alienígenas perniciosos, muy dañinos.
Está claro que se trata de un mal cultural. Se resuelve con educación, amor propio y crecimiento. Solo creciendo, prosperando, produciendo, podremos obtener autoestima y confianza en las propias fuerzas. Un gobierno que confíe en nosotros es lo que debemos elegir.
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