Sarkosy no se hace: es



El 1º de diciembre, el presidente francés Sarkozy, ante unas 5.000 personas de la ciudad de Toulon ofició de ave de mal agüero o terminó de probarse el traje de verdugo de las esperanzas de su pueblo, no estamos seguros acerca de eso, mas sí del claro significado de sus aterradoras palabras, cuando señala que los ciudadanos galos deben prepararse para la llegada de “tiempos duros” (más duros, resultaría mejor acomodado a los hechos).

En un pavoneo de pensamiento conservador-liberal-reaccionario declaró que Francia está pagando las consecuencias del acortamiento de la jornada laboral a 35 horas y la rebaja de edad de retiro laboral a 60 años; queda claro que para este tipo de líderes de la ruina occidental, la economía de los países flaquea cuando al trabajador se le beneficia; novedad cero para nosotros, latinoamericanos acostumbrados como estuvimos durante los 80 y 90 a escuchar estos llamamientos al sacrificio, a los recortes de gastos y ajustes, invariablemente en la base de la pirámide social y económica; bueno sería escuchar a alguno de estos cretinos emitiendo un mensaje que diera a sus pueblos si más no fuera una liviana esperanza de que al pato lo pagará quién se lo robó, llámense organismos internacionales de créditos, especuladores de la bolsa y funcionarios nacionales encompichados en la estafa al estado.

Como este petiso que simula no serlo no es mezquino al momento de exhibir las peores galas de la retrogradación del pensamiento político europeo, remató su brutal speech sugiriendo que el Tratado de Schengen (libre tránsito en territorio europeo) debe re escribirse; en cuanto a regularizar a extranjeros, le asustan las consecuencias, aunque no alcanza a explicar qué parte de esa medida es la que provocaría alguna clase de colapso.

No hay más salida que la de la disciplina, afirmó además. 

Malas noticias para los franceses del mundo del trabajo, pues la disciplina reclamada solo recaerá sobre ellos.

Comentarios