Macri y los surfistas del destino


Como dicen en las tiras yanquis, “lo digo y lo repito”: Macri es el líder natural de la derecha argentina y no aceptaremos otro.

Porque nos quedó la bronca del año pasado cuando arrugó ante Cristina Fernández y no compitió por la presidencia de la nación.

Si la mala suerte de los porteños le ayuda y nuevas desgracias siguen abatiéndose sobre Capital Federal, más fuerte estará su candidatura, pues su electorado disfruta grandemente de su capacidad para esquivarle el bulto a toda responsabilidad y hacer culpable a la mano del otro por las piedras que él mismo arroja. Es para todo un tratado de psicología el Jefe de Gobierno CABA.

Tiene, sin duda, un fondo de inmadurez petulante, orgullosa de ser y de estar. Esa inmadurez que deleita al público post moderno pro noventista, tan gustoso de ensayar posturas adolescentes a una edad impropia, es un encanto entre los principales del Mauricio Macri candidato. Podría uno pensar que ser cabeza hueca es PRO.

Mauricio tiene pasta de sobra para ser candidato de la derecha, entre otras cosas porque es un líder, un faro para los suyos y el abanderado de todo un grupo cultural desparramado en distintas clases sociales. Y el abanderado convoca. Convoca porque representa, porque es mascarón de proa de una forma de ver el mundo y relacionarse con él. Así como Eva Perón fue la abanderada de los humildes y Néstor Kirchner y Cristina Fernández de los empobrecidos, Macri es el abanderado de los Surfistas del destino.

Aclaración:  un Surtista del destino es alguien especializado en deslizarse hábilmente sobre el océano de la existencia. No participa de la existencia, se desliza sobre ella. Bajo su tabla evoluciona a retorcijones la realidad, difícil, multi significativa, pleiteante, interrogadora, fértil, temible y profunda.
El surfista del destino no sabe o no quiere nadar en esas aguas y ejecuta sus cabriolas en la superficie, alejado de todo peligro vital.
Por allí está el electorado de Macri. Nosotros debajo, en el centro mismo de la realidad.

La pasmosa capacidad fabulatoria del ingeniero (¿?) Macri es otro atributo muy respetado entre sus huestes, pues la mentira y la fantasía son, entre ellos, un sustituto para las explicaciones racionales y las demostraciones bien fundadas; habrán notado Uds. lo dificultoso de poner en aprietos al Jefe de Gobierno, que siempre halla una salida estrafalaria para los más arduos cuestionamientos. A este respecto es necesario entender que desde el punto de vista macriano, sumando ovejas y cabras es posible obtener un resultado expresado en unidades de combos de Mac Donalds: cualquiera. Y si ve un cuadro grave de injusticia social (necesidad urgente de movilidad social) deducirá que el estado no tiene allí ninguna ingerencia, pues la jurisdicción estatal se define en áreas muy apartadas de esta problemática social (bicisendas y playas urbanas, por ejemplo).

Un espíritu urgido de entretenimiento, la perentoria necesidad de pasar el tiempo y disfrutar de la vida, es el tercer cebo encantador de votos del abanderado de los surfistas del destino. ¡Quién no fuera él! ¡Tan vacacionante, tan de valijas hacer y pasaporte tomar! Experto en hotelería internacional, perito en high seasons, erudito en Samsonites. Esos títulos, para muchos, son toda una garantía. Y luego tenemos los bailes y cantos que perpetra con inconcebible impunidad: otra prueba irrefutable de ser the chosen one, el elegido. Mientras unos dicen saber cual es el problema y otros cual la solución, Macri nos enseña el verdadero sendero de la felicidad, el de la distracción y el entretenimiento.

Pero con ser inmaduro, mentiroso y pasatista no alcanza. Una cuarta dimensión viscosa y emponzoñada hace de aglutinante a las anteriores y da textura y consistencia definitiva al tejido ideológico del hombre de los globos amarillos. Esa cuarta dimensión brota de las peores tradiciones del conservadurismo fascista argentino: control social y desprecio por el desvalido. Aquí termina el pintoresquismo de Mauricio Macri y comienza su costado peor. Las escucha ilegales, la UCEP, el anti trapitismo, las conexiones directas con personajes sospechosos y sospechados, son la garantía final que exhibe para ser más allá de discusiones el líder de la derecha argentina y la última esperanza que muchos tienen de derrotar al kirchnerismo.

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