Qué hacer con los distraídos
Nadie pretende (por utópica)
una sociedad absolutamente inmiscuida en los grandes y los pequeños temas que
hacen a su realidad, pero de vez en cuando nos despertamos preocupados de ver a
un número grande de compatriotas que no reaccionan de frente a las amenazas
ciertas que sectores conservadores hacen a la estabilidad institucional y
económica que es (creo) el producto más notable que haya dado la democracia
argentina en todas sus épocas.
Confundidos,
desinteresados, distraídos o ajenos a la sustancia verdadera de la
movilidad social que atraviesa como una flecha justiciera a todas las
capas sociales del país, parecen creer que esta bonanza continuaría no importa
quien gobierne. Y no nos estamos refiriendo a los que se oponen al gobierno
kirchnerista por ideología. Nos referimos a los inocentes que creen que fue un
acto mágico el haber salido de la ruina a que nos llevaron los 90 y explotó en
el 2001, que consideran acaso que todo se explica por un precio exageradamente
de la soja o piensan en un estado casi alucinatorio que los últimos 9 años han
sido una cadena de sucesos afortunados y que ningún mérito cabe en realidad a
los conductores del famoso modelo.
Hora de despertarlos. No
hemos de cargar las tintas, pero de la desprevención y la falta de interés por
lo público, o de una exagerada tozudez por dar al César lo que es del
César (en este caso la razón y el mérito) no pueden salir cosas buenas. Lo
bueno adquirido durante los años de Néstor y Cristina debe tener su traducción
en el inconciente colectivo, para que quede a salvo y los ciudadanos también a
salvo de ver manipulada su opinión.
¿Qué tan grave es el
problema? ¿Cuantos de estos argentinos existen? Una respuesta que pueden dar
los profesionales que sondean la opinión nacional a través de encuestas. Pero
podemos dar por cierto que no son pocos y que en algún momento de convulsión
podrían volcar el resultado de una elección (remember 2009) y remitirnos
directamente a los esquemas de poder que arruinaron la nación, si persisten en
su desinterés por los asuntos del estado y la sociedad.
¿Cómo
despertar a esta gente? Demasiado complicado como para ser respondido por
simples blogueros:
asunto de
estado.
Lo que está a nuestro alcance
y podemos perfectamente practicar como individuos del llano, con tacto y sin
soberbia sabelotoda, es un tipo de docencia cívica. Esa gente no tiene malas
intenciones, no es gorila, no es destituyente. Es solo que no cuentan con las
herramientas de análisis que les permitan ver la disyuntiva entre soberanía y
frustración nacional. No han podido desarrollar una conciencia grupal
solidaria, no maduraron el orgullo y conciencia de clase que les diga dónde
están sus intereses, no pueden aún distinguir entre propios y extraños, en
definitiva, entre quienes pertenecen a su bando y los que harán lo imposible
para servirse de ellos como sirvientes.
El tiempo está de nuestra parte, por fin, como en
ninguna otra etapa de la historia.
Tenemos ese hándicap. Quiero decir que
el estado de bienestar, de continuar acrecentándose, se transfundirá
definitivamente en todos los niveles dejando una conciencia general bastante
clara en cuanto a los fundamentos imprescindibles de un buen gobierno y una convivencia
razonable. Eso es bastante evidente: estamos
ganando la batalla cultural, estamos en los momentos culminantes de una lucha
que viene dándose desde la mismísima época colonial. Y es posible que
de esto sean más conscientes los sectores conservadores que nosotros mismos, los
que militamos en el Campo Nacional y Popular desde cualquier bandería política
e incluso sin ella. Pues estamos viendo una creciente desesperación de esos
sectores que en la práctica han sido los verdaderos gobernantes del país, salvo
períodos como este. Por eso la cantidad de triquiñuelas que se ponen en
práctica tal cual vemos en el escenario nacional, una más graves que otras y
todas destinadas a destrozar el tejido social con tal de no permitir que una
conciencia nacional se imponga y decrete la derrota definitiva de los dueños
tradicionales de La
Argentina.
Aquí es donde estamos, en el
umbral de una victoria que nació en los ejércitos federales, en el desempeño
heroico de un General Mansilla, en la defensa de lo nacional de Rosas, en los
planes y logros de Belgrano, San Martín, Yrigoyen, Perón, Evita, nuestros
padres históricos. Y un grupo de compatriotas desprevenidos no puede, no debe
constituir un riesgo para algo que ya toma 200 años de disputa que se llevaron
lo que debíamos haber sido desde un principio, un país poderoso, independiente.
No es poca cosa, por eso
necesitamos despertar a toda esta gente e incorporarla a nuestro sector, que es
el mayoritario. No digo que resultará sencillo, sino vital.
Es alarmante el grado de falta de sensatez de una importante fracción de la sociedad argentina. Y no exagero si identifico a esa grave carencia con su ausencia de MEMORIA.
ResponderEliminarNo voy a escribir una sola palabra con respecto a DDHH ó al Kirchnerismo ni al modelo nacional y popular. No voy a defender ó atacar políticas ni filosofías.
Sólo apelo a la BUENA MEMORIA:
En 200 años de historia, Argentina tuvo muchos cambios económicos, varias devaluaciones y 5 cambios de moneda de curso legal.
1881 - Peso Moneda Nacional - Presidencia de Julio A. Roca
Recién en 1951 se emitió el primer billete íntegramente impreso en el país.
1970 - Peso Ley 18.188 - Presidencia de facto Juan C. Onganía. Equivalía a 100 Pesos Moneda Nacional.
1983 - Peso Argentino - Presidencia de facto Reynaldo Bignone - Equivalía a 10.000 Pesos Ley 18.188.
1985 - Austral - Presidencia Raúl Alfonsín - Equivalía a 1.000 pesos argentinos.
1992 - Peso - Presidencia Carlos Menem - Equivalía a 10.000 australes. Y era igual a un dólar. La convertibilidad duró 10 años.
Haciendo simples cálculos podemos sincerarnos con respecto a una inflación que, a partir de 1945-50 en adelante se hizo presente para obligar a partir de 1970 a efectuar correcciones en el signo monetario. CONSECUENCIA: 1 peso actual (vigente desde hace ya 20 años) equivale a 10.000.000.000.000 (10 BILLONES) de pesos moneda nacional, con anterioridad a 2003.
Entre 2001 y 2003 la emisión de "cuasimonedas" llegó a equivaler aproximadamente al 50% de la circulación monetaria:
Buenos Aires: Patacón - Córdoba: Lecor - Entre Ríos: Federal - Corrientes: Cecacor
Tucumán: Bocade - Mendoza: Petrom - Misiones: Cemis - San Juan: Huarpes
Chaco: Quebracho - Formosa: Boncafor - Catamarca: Bono Ley 4748
Tierra del Fuego: Letras - Chubut: Petrobono - Río Negro: Petrobono - La Rioja:Bocade.
A partir de 1998 la crisis económica de Argentina que en 2002 llegó a su extremo, obligó a casi la mitad de la población argentina a vivir en la pobreza. Alrededor de un tercio de era indigente, es decir, sin ingresos suficientes para cubrir sus necesidades alimentarias básicas.
Según estimaciones de 2002, operaban acerca de 5.000 clubes de trueque en todo el país. Se considera que entre 5 y 8 millones de personas - más de la quinta parte de la población - sobrevivió a través de los intercambios. La mayoría se metía en esos "clubes" cuando había perdido su trabajo. Desempleo y falta de dinero eran parte de la vida cotidiana de millones de argentinos.
Y conste que ni siquiera menciono a la deuda externa, a la evolución del PBI, a la duplicación de la clase media entre 2003 y 2012, el incremento de la matrícula escolar, la repatriación de científicos y otros notables cambios que vieron la luz en la última década.
MEMORIA. Sólo MEMORIA. No hace falta mucho más.
Faltan 10 días para el 7de Diciembre.
Saludos
Tilo, 71 años