De máscaras, mentiras y verdades, por Carlos Oviedo
Días atrás publiqué una nota titulada "Caiga quien
caiga" en la que comento, entre otras cosas, sobre un programa homónimo,
más conocido como CQC. También hago una alusión a Nelson Castro. Como siempre,
tuve la suerte de recibir muchos y muy constructivos comentarios.
Destaco uno que me envió en privado una de mis más asiduas
lectoras: mi hermana Rosa.
Mi hermana-lectora me llama la atención sobre el paralelo y
niega que CQC y Castro sean comparables. Dice: "No porque me guste CQC, ni que esté de acuerdo con lo que hacen
o hacían (tampoco sé si está en el aire), y comparto que terminan siendo funcionales
a la "anti política", pero me parece que "Caiga quien
caiga", por lo menos en aquel momento, cuestionaba o decía cuestionar el
caretaje político de todos, y efectivamente, todos eran tratados de la misma
forma (los derechosos confesos y los que aparecían más progres) y aunque caían
inocentes, muchos se prestaban para figurar.
Los Castro apuntan a difamar a unos y a cuidar a otros. Aun no
compartiendo para nada la forma y considerarla, como vos decís, innoble, CQC
pretendía desenmascarar algo existente y lo hacía desde un programa que
blanqueaba sus intenciones al menos a quien lo miraba, mientras que Castro
miente pretendiendo decir la verdad". Impecable observación. No la puedo
refutar. Así planteado, yo también creo que comparar a Nelson Castro con CQC
es, sin ninguna duda, insultar a estos últimos. Tenemos por un lado a quienes,
con métodos despreciables, desenmascaraban y mostraban verdades y por el otro a
quienes, como el aludido, enmascaran y mienten.
Pensemos en otros comunicadores. Detengámonos en Joaquín Morales Solá. Me
parece lamentable que muchas personas que se dicen democráticas lo tomen como
referente. Muchos testimonios coinciden en mostrarlo como censor en el diario
Clarín. Decidía qué notas se publicaban y prohibía otras. Esto es sólo un
detalle de su larga historia. Más recientemente, en el año 2010, habló en el
Congreso diciendo que tenía miedo de que algún periodista resultara muerto por
presuntos ataques a la libertad de expresión por parte del gobierno nacional.
Ni qué hablar de su reciente viaje para cuestionar internacionalmente la
legitimidad de la Ley de Medios. Vemos tamaña hipocresía y estamos frente a
otro caso de alguien que, como decía nuestra lectora, miente pretendiendo decir
la verdad. Es doloroso ver cómo popularizan lo impopular, por ejemplo, moviendo
a sectores populares a quejarse de “ataques al campo” cuando el gobierno
simplemente busca una suba de retenciones a la exportación y poner límites a
ganancias abusivas de algunos productores. También lo hacen con la nueva ley de
comunicación audiovisual. Presentan a la búsqueda de pluralidad como un ataque
a la democracia cuando se trata justamente de lo contrario.
Son innumerables los ejemplos, pero creo que los elegidos son
ilustrativos. Queda desear (y trabajar para que eso suceda) que sea cada día
más claro quién es quién, a quién defiende y desde dónde habla. Que la nueva
ley sea el inicio de otra etapa más avanzada de la democracia y traiga un
elemento esencial para su desarrollo: un público bien informado. Así sea.
Comentarios
Publicar un comentario