Pensemos en nuestros términos/Ricardo Antonio López



De pronto no hay cosa buena bajo el sol, si me atengo a múltiples voces compañeras que desde la web difunden su militancia nacional y popular.

Acaso creyendo que la nobleza de la causa nuestra no merece desaires electorales, o teniendo por irreversibles ciertos números, o un poco maltratados por la constante propaganda opositora que habla de una gran derrota kirchnerista el pasado 27 de octubre, varios que son y seguirán siendo del palo muestran unos principios de duda y desasosiego del tipo que suele causar mucho daño.

De un modo tan humano como pernicioso, la mente suele dar por ciertos supuestos de un largo descrédito; tal como si para la razón a veces no contaran las experiencias pasadas, se validan observaciones que por el solo peso manifiesto de su futilidad debieran ser rechazadas y son, sin embargo, elevadas a preceptos bíblicos.

Cuando hablamos de las cosas que nos ocurren, tendemos a perder perspectiva y los resultados de nuestras observaciones se tiñen de prejuicios y esperanzas insatisfechas que llegan a mezclarse con la sustancia real, dándonos así un marco, un cuadro, unas apreciaciones más o menos distorsionadas.

A los kirchneristas nos está ocurriendo este fenómeno, a raíz de unas elecciones en las que (ya mal esperanzados) aguardábamos una victoria fuerte, de esas que obligan al rival a callarse y hacerse al costado. En cambio perdimos la Pcia. de Bs. As., aún ganando en la nación. Y allí vinieron, juntas, la alegría opositora y un cierto derrumbe psicológico de varios/as amigos/as que comparten el rumbo. No voy a dar aquí clases de nada, por carecer de entidad y suficiencia, pero, ¿no es muy claro que el imponerse en una elección nacional de medio término es señal de fortaleza? Aunque nadie lo ha dicho, vamos a ponerlo en negritas y encomillado desde este blog:
“Las PASO de agosto y las legislativas de octubre demostraron que es posible ganar unas elecciones nacionales incluso perdiendo Buenos Aires”.
No es un dato menor. Increíblemente, desde el kirchnerismo no se valora esta simple evidencia, un poco (o grandemente) influidos por análisis de cuño opositor, que apenas si dejan como incógnita menor a quién le ganará Massa las presidenciales del 2015. Vayamos a desafiar (en el colmo del atrevimiento) los dictados tenetianos de tanto especialista en política de adivinación y supongamos que la nueva tendencia a una hegemonía nacional que no se sostiene en los votos de la Pcia. de Bs. As. (ni en los de Córdoba o Santa Fe) sino en los de distritos interiores tradicionalmente tenidos por número de relleno, es firme y continúe hasta ejercer su influjo de aquí a 2 años cuando debamos renovar el ejecutivo nacional. ¿Podría darse el caso de imponer un/a presidente sin ganar en Bs. As., Córdoba y Santa fe? Es claro que sí. No es cuestión de malabarismo numérico ni ficción ultraísta. Basta con suponer derrotas módicas en las provincias mayores y una larga ventaja en el interior olvidado o marginalizado. De hecho, el kirchnerismo no necesita ganar estas 3 provincias sino pelearlas fuertemente disputando voto a voto en cada departamento o partido. Puede suceder
que el país interior se imponga electoralmente, dando con números holgados, una victoria que tendrá sus peligros en esos distritos grandes hoy esquivos. Digo que es posible llegar al 40% de los votos y más de 10 puntos de ventaja sobre el segundo con esta mecánica, a condición de derrotas moderadas en las 3 provincias más pobladas y apoyados en la usual dispersión de las fuerzas opositoras. No es poco calcular. Y tiene asideros.

·        Derrota moderada en Bs. As., Córdoba y Santa Fe es una de las condiciones de esta suposición electoral en un 2015 difícil para el Frente para la Victoria.
·        Fuerte hegemonía en las provincias más pequeñas es la segunda condición. Por un lado, hacer el mejor papel en donde probablemente no podamos ganar y dar la mejor elección histórica en el resto de las provincias.
·        La tercera condición requerida para una victoria trabajosa del FPV en 2015 es que la fragmentación opositora prosiga. Siempre y cuando los líderes de la oposición no hallen a su Capriles, ganar estará probablemente fuera de sus chances.

Dentro de este esquema hipotético de un año 2015 electoralmente complicado para el kirchnerismo (aunque victorioso al fin) no dimos cabida al dato que termina de disolver pronósticos apresurados de fin de ciclo: “El FPV demuestra un rendimiento alto en las elecciones presidenciales y uno mediocre en las legislativas”.
Esta sola observación serviría para invalidar por a histórica  (o poco probable) la primera suposición de este ejercicio anticipatorio; en una elección nacional donde el kirchnerismo expone la presidencia, es altamente razonable esperar que la ciudadanía ratifique el acuerdo brindado en 2011. Es un error equiparar elecciones de medio término con elecciones presidenciales. En las primeras el elector da o no su apoyo a unos candidatos que de ningún modo constituyen la parte central del poder político; en las presidenciales es donde recién se expresa el acuerdo o desacuerdo con una gestión nacional iniciada o por iniciarse. Si suponemos distinto, es probable que estuviéremos en la posición del que mira las cosas como quisiera verlas.

Para los que abrigan, desde uno y otro bando, amargos presentimientos o felices esperanzas de derrota kirchnerista, cumplimos en arrimarles un elemento más de análisis que no colabora con la publicitada versión de fin de ciclo: “El dato del millón y medio de votos recuperados por el FPV entre agosto y octubre es demasiado significativo como para no ser incluido en cualquier análisis post electoral”. Obviamente conspira de frente y enérgicamente con una idea de kirchnerismo en caída libre (por eso mismo tal número se invisibilizó en los foros opositores). Lo llamativo del caso es que desde las mismas filas del oficialismo se contribuye a dicho ninguneo (y esto sí que es preocupante).

Ni ganado de antemano ni perdido por algún fatalismo raro: el 2015 nos espera y hemos de hacer con él lo que precisemos. U otros lo harán.

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