El zombi nacional argentino/Ricardo Antonio López
Como cualquier argentino tengo una batería de temas instalados, preocupaciones, que ya forman parte de la ceremonia, del hecho cultural que significa formar en la argentinidad. Esa batería de asuntos nacionales, de temas que se conversan, discuten y se machacan desde los medios, hoy tiene 3 o 4 componentes: inflación, dólar, inseguridad, corrupción. En mi condición de argentino veterano (52) puedo asegurar que la batería de marras solía incluir más (en esos buenos viejos tiempos que el opositor extraña): miseria, desnutrición, mortalidad infantil, desempleo, hiperinflación, parálisis productiva, cierre de fuentes de trabajo, fuga de cerebros, remate del patrimonio público, represión, desapariciones forzadas, tortura, asesinato político, golpes de estado.
Con esta mescolanza deprimente de preocupaciones creció uno, viendo recién al final -desde el 83-, en tiempo de descuento, cuando parecía cerrado el resultado y el equipo de la desesperanza ya festejaba la victoria, que, después de todo, los pronósticos negativos que siempre fueron el producto amargo de una matriz cultural auto desvalorizante, no eran ineludibles, que se podía mejorar.
Quiero decir: los milicos en el poder no han resultado ser un hecho indesligable del destino nacional, los pibes argentinos no estaban destinados naturalmente a la marginalidad, no fue cierto que el desempleo era un mal crónico (porque los argentinos somos unos vagos haraganes), los talleres y fábricas se cerraron pero volvieron a a abrirse, las empresas del estado no estaban condenadas a la extinción, el país expulsó científicos y reaccionó repatriándolos, la violencia desde el estado no resultó ser un hecho natural inevitable.
De todo esto, desde luego, ni mu en los medios. Algunos quieren que vivamos en un estado de amnesia (los más grandes) y de falta de interés por el pasado (los más chicos). Y ojo que la tentativa tiene cierto suceso, de ahí la cantidad importante de zombis en circulación.
Un zombi de esta época y lugar es un sujeto ahistórico, superficial y dado a las formas de entretenimiento más estúpidas. Definimos al zombi argentino como un pelotudazo voluminoso (con perdón de la redundancia), como alguien que está más inclinado a creer en la teoría del "nacer bajo un repollo" que en la de la evolución. Un zombi argentino cree, por ejemplo, que la inflación es un cruel invento kirchnerista y que la corrupción es un fenómeno oficialmente inaugurado en el 2.003.
Fijate, porque si sos un zombi de estos, seguro vivís deseando una ola de violencia callejera que incendie el país y dinamite al gobierno korrupto. Guarda che, porque si ante cualquier contrariedad de la vida tendés a enojarte con Cristina Fernández, es más que probable que ya seas un zombi.
No es difícil identificar a un zombi, basta con hablarle un poco de otras épocas oscuras del pasado nacional para notar con qué ojos asombrados te mira, como maravillado de las fantasías que le estás contando, pues un zombi es incapáz de creer que hubo épocas peores que las actuales. También podés probar hablándole de algún aspecto positivo del desempeño de las administraciones kirchneristas: si reacciona histéricamente y avanza sobre vos de modo intimidante, es un zombi. En caso que poseas un valor y un coraje personal extraordinario podés tomar el riesgo de alabar, por ejemplo, la Asignación Universal por Hijos, o la política de memoria para la verdad y la justicia, lo que te hará objeto de un ataque violento e inmediato. O simplemente quedate un rato a su lado un rato, con cara de satisfacción, y él reaccionará explicándote lo mal que estamos como comunidad y como nación, haciéndote notar lo inútil de querer sentirte bien o satisfecho, ya que no hay motivos ni los habrá en tanto estemos bajo el dominio de los korruptos kachorros K.
¿Cómo un argentino medio se convierte en zombi? Por una serie de decisiones personales y acciones externas intencionales, a saber, el aislamiento social, el meterse dentro de una cáscara de mezquindad e indiferencia por la circunstancias ajenas, la sobre valoración del yo, la absorción no razonada de propaganda política y comercial, la aceptación pasiva de postulados sociales mentirosos que funcionan al servicio de intereses privados, el disciplinamiento a una super estructura misteriosa que llaman "el mercado" o "los mercados", el desarrollo de tendencias insolidarias, la sub valoración de la herramienta política como instrumento de evolución social, el desinterés por la historia que explica el presente, en fin, por toda adopción de conductas y creencias poco razonables.
¿Que hacer en presencia de un zombi? Absolutamente nada. Ni los vas a cambiar ni vas a aprender algo de ellos. Son un fenómeno cultural desafortunado pero pasajero, debido a que parte de las limitaciones que padecen es su incapacidad para producir contagio y descendencia. Una vez que agoten naturalmente su ciclo vital y se agoten las fuentes que los generan, habrá terminado la peste.
Con esta mescolanza deprimente de preocupaciones creció uno, viendo recién al final -desde el 83-, en tiempo de descuento, cuando parecía cerrado el resultado y el equipo de la desesperanza ya festejaba la victoria, que, después de todo, los pronósticos negativos que siempre fueron el producto amargo de una matriz cultural auto desvalorizante, no eran ineludibles, que se podía mejorar.
Quiero decir: los milicos en el poder no han resultado ser un hecho indesligable del destino nacional, los pibes argentinos no estaban destinados naturalmente a la marginalidad, no fue cierto que el desempleo era un mal crónico (porque los argentinos somos unos vagos haraganes), los talleres y fábricas se cerraron pero volvieron a a abrirse, las empresas del estado no estaban condenadas a la extinción, el país expulsó científicos y reaccionó repatriándolos, la violencia desde el estado no resultó ser un hecho natural inevitable.
De todo esto, desde luego, ni mu en los medios. Algunos quieren que vivamos en un estado de amnesia (los más grandes) y de falta de interés por el pasado (los más chicos). Y ojo que la tentativa tiene cierto suceso, de ahí la cantidad importante de zombis en circulación.
Un zombi de esta época y lugar es un sujeto ahistórico, superficial y dado a las formas de entretenimiento más estúpidas. Definimos al zombi argentino como un pelotudazo voluminoso (con perdón de la redundancia), como alguien que está más inclinado a creer en la teoría del "nacer bajo un repollo" que en la de la evolución. Un zombi argentino cree, por ejemplo, que la inflación es un cruel invento kirchnerista y que la corrupción es un fenómeno oficialmente inaugurado en el 2.003.
Fijate, porque si sos un zombi de estos, seguro vivís deseando una ola de violencia callejera que incendie el país y dinamite al gobierno korrupto. Guarda che, porque si ante cualquier contrariedad de la vida tendés a enojarte con Cristina Fernández, es más que probable que ya seas un zombi.
No es difícil identificar a un zombi, basta con hablarle un poco de otras épocas oscuras del pasado nacional para notar con qué ojos asombrados te mira, como maravillado de las fantasías que le estás contando, pues un zombi es incapáz de creer que hubo épocas peores que las actuales. También podés probar hablándole de algún aspecto positivo del desempeño de las administraciones kirchneristas: si reacciona histéricamente y avanza sobre vos de modo intimidante, es un zombi. En caso que poseas un valor y un coraje personal extraordinario podés tomar el riesgo de alabar, por ejemplo, la Asignación Universal por Hijos, o la política de memoria para la verdad y la justicia, lo que te hará objeto de un ataque violento e inmediato. O simplemente quedate un rato a su lado un rato, con cara de satisfacción, y él reaccionará explicándote lo mal que estamos como comunidad y como nación, haciéndote notar lo inútil de querer sentirte bien o satisfecho, ya que no hay motivos ni los habrá en tanto estemos bajo el dominio de los korruptos kachorros K.
¿Cómo un argentino medio se convierte en zombi? Por una serie de decisiones personales y acciones externas intencionales, a saber, el aislamiento social, el meterse dentro de una cáscara de mezquindad e indiferencia por la circunstancias ajenas, la sobre valoración del yo, la absorción no razonada de propaganda política y comercial, la aceptación pasiva de postulados sociales mentirosos que funcionan al servicio de intereses privados, el disciplinamiento a una super estructura misteriosa que llaman "el mercado" o "los mercados", el desarrollo de tendencias insolidarias, la sub valoración de la herramienta política como instrumento de evolución social, el desinterés por la historia que explica el presente, en fin, por toda adopción de conductas y creencias poco razonables.
¿Que hacer en presencia de un zombi? Absolutamente nada. Ni los vas a cambiar ni vas a aprender algo de ellos. Son un fenómeno cultural desafortunado pero pasajero, debido a que parte de las limitaciones que padecen es su incapacidad para producir contagio y descendencia. Una vez que agoten naturalmente su ciclo vital y se agoten las fuentes que los generan, habrá terminado la peste.
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