Los argentinos (Cristina incluída) somos mejores que Sanz (o La pampa generosa)/Ricardo Antonio López

Los argentinos damos el pésame cuando lo sentimos, no cuando la conveniencia política lo aconseja. Sanz cabalga sobre la muerte del fiscal Nisman, junto a buena parte de la oposición, lo cual ya dice bastante acerca de calidades morales. Cristina se defiende de los caranchos que sugieren su responsabilidad en la muerte del fiscal que la acusó. Si ella hubiera ofrecido sus condolencias, murmurarían por lo bajo: "¡Qué sinvergüenza, le mandó a matar y ahora se condolece"!. Pero como no ofreció condolencias, dicen: "¡Qué odiosa insensible!".

Y es cierto, los argentinos vamos por nuestras cosas, pero junto a Cristina, por eso va concluyendo su segundo mandato con niveles de aceptación inusuales. ¿Y quién va con este supuesto líder "radical" (¿?) que debe su cargo -como tantos- a los viciados encantos de la lista sábana?

Los argentinos no sentimos miedo ni horror. Ni aquellos milicos asesinos de estudiantes y obreros nos asustaron, mucho menos lo harán unos mafiosos de pacotilla arrojando cadáveres en el camino de la libertad.

¿Qué los argentinos aprendimos a ser democráticos? Diría que los que aprendieron (más o menos) son los personajillos que antes merodeaban por los cuarteles reclamando se ahogara en sangre la libre elección del pueblo. Y Sanz, ¿aprendió a ser democrático? ¿En cual bando jugaría si un grupo de generales locos intentara hacerse del poder?

Si Cristina es autocrática y controladora, un De La Rúa, ¿qué era?, ¿democrático y garantista? A quien le pone el bozal al sinvergüenza explotador mal acostumbrado a engordar con monopolios, le dicen dictador. Y al lacayo servidor de intereses corporativos contra nacionales, le halagan. Con quien tiene los valores cambiados, no se puede razonar. Para Sanz y los de su calaña, los liderazgos populares siempre serán dictatoriales. Para los argentinos, esperanza de cambios favorables.

A los argentinos, cuando enfermamos, se nos nota. Sanz debe pertenecer a una categoría supra humana capaz de ignorar el dolor. Y Sanz no sobreactúa. Él se muestra tal cual es: falaz y mal intencionado. Cristina milita, ciertamente. Y es justamente por eso, porque milita en nuestro favor, que los argentinos seguimos prefiriéndole.

Que alguien nos cuente ante qué catástrofe Sanz se arremangó para ayudar. Mientras tanto, recordaremos que Néstor y Cristina lo hicieron para ayudarnos a salir del cráter liberal de principios de siglo.

¿Así que Sanz se indignaba durante los saqueos? Nunca lo notamos.

Los argentinos no tenemos ni tiempo ni paciencia para marchar en países extranjeros por barbaridades extranjeras. ¿Marchar en París repudiando violencia instigada por burlas hacia religiones ajenas es ser educados y solidarios? No. Eso es ser pelotudos comedidos metiéndose donde no les llamaron ni les necesitan.

De los insumos importados y la silla de rueda europea, ni se debe hablar. Allí, Sanz ya rebasa su habitual nubosidad intelectual.

Finalmente, puedo señalar que Sanz acostumbra refrenar su inteligencia, que su inteligencia parece vivir contenida. No pasa lo mismo con los argentinos. Nosotros la exhibimos. Es nuestro orgullo (uno de ellos).

Y que Sanz dé gracias a Dios y a la patria por haber llegado hasta donde está. Es la prueba de la generosidad de estas pampas benditas.

El texto precedente es respuesta al siguiente texto del radical (¿?) Ernesto Sanz:

ARGENTINA ES MEJOR QUE CRISTINA.
Los argentinos somos gentiles y amables. Damos las condolencias cuando muere una persona sin ningún tipo de especulación acerca de poner nuestro orgullo o nuestra terquedad en juego. Cristina no. A Cristina le gana su bronca.
Los argentinos vamos por nuestras cosas, nuestros intereses personales y familiares, nuestros caminos de conocimiento y bienestar. Cristina va por todo arrasando como el fuego en el bosque.
Los argentinos sentimos miedo y horror cuando la muerte y la inseguridad de todo tipo se apodera de la paz que estamos construyendo siempre. Cristina no siente nada, dobla la apuesta y pergeña sus reacciones paranoicas.
Los argentinos aprendimos a ser democráticos, aceptamos que hay unos tiempos democráticos, unas opciones democráticas y que todo tiene su momento. Cristina es autocrática y controlodora.
Los argentinos nos atenemos a derecho para aclarar nuestros incidentes y para pagar los impuestos. Cristina enciende la máquina de fabricar impunidad.
Los argentinos cuando enfermamos llevamos discretamente la enfermedad. Cristina sobreactúa un esguince para sacar rédito de una imagen vulnerable como cada vez que se encuentra arrinconada.
Los argentinos ante una calamidad o catástrofe nos arremangamos y ayudamos. Cristina milita.
Los argentinos pedimos disculpas cuando incomodamos a alguien, cuando nos equivocamos, hasta cuando somos torpes y afectamos a otros. Cristina se mira a sí misma solamente para autoalabarse. No sabe lo que es la autocrítica.
Los argentinos nos indignamos cuando en un levantamiento policial se liberan zonas y hay muertos y saqueos. Cristina baila al compás del tamborín.
Los argentinos somos educados y solidarios si tenemos la oportunidad de salir al mundo en nombre de nuestro país para acordar por avances internacionales, en cambio Cristina no se priva de desairar a otros mandatarios que repudian un atentado terrorista marchando aunados en París.
Los argentinos no podemos importar insumos ni productos porque la ley no lo permite y así lo hacemos. Cristina se manda a traer una silla de ruedas de origen europeo para componer la imagen de su metedura de pata.
Los argentinos somos buenos compañeros. Cristina hace uso de su poder para escrachar por cadena nacional.
Los argentinos refrenamos nuestra inteligencia por respeto al otro si hace falta. Cristina es una maestra siruela que abruma y reta.
Los argentinos somos mejores que Cristina.
 PD: Sanz escribió ciruela con s.

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