¿No éramos nosotros los brutos?


Así como España tuvo su leyenda negra, Latinoamérica también la tiene; para muchos este es un territorio habitado por descendientes de aborígenes cuyas principales características son:

  • escasa disciplina y falta de tesón laboral
  • falta de inteligencia o resistencia a los efectos de la educación formal
  • conducta anárquica inapropiada para los estándares de organización comunitaria moderna
  • incapacidad para aprender de las lecciones de la historia
¿Qué podría esperarse de tal aglomeración de rústicos? Pregúntenle a Sarmiento.

Esta leyenda negra circuló por siglos alimentada en los salones de las oligarquías locales para justificar el abuso que se hacía del pueblo criollo; era un modo que tenían los dueños de todo para excusarse de la esquilma: ¿qué podía hacerse con esta gente  marrón y primitiva sino ponerla a trabajar y obtener de ella al menos un fruto positivo, cual la prosperidad de la verdadera gente, de origen europeo? Y aclaramos, porque resulta pertinente, que algunos cuantos de estos oligarcas no parecían tan europeos, siendo robustos morochos de pelo grueso al que los aceitosos fijadores apenas disciplinaba.

La leyenda negra cruzó los océanos y pronto tuvimos a todas las naciones enriquecidas por el tráfico y el trabajo de esclavos y el robo de territorios y riquezas ajenas, teniéndonos por una manga de vagos embrutecidos.

Como incluso a nivel histórico es cierto lo de "la mentira tiene patas cortas", a estos "pueblos desarrollados" se les acabó el oxígeno de un sistema de organización mundial que los mantenía flotando como corchos sobre la inmundicia tercermundista (que con malicia fomentaron); hoy, enfrentados a la posibilidad de mantenerse nada más que con el rendimiento de su esfuerzo no parecen tan evolucionados ni innovadores.

Y así vemos como no pueden, perdidos en un mundo que ya se resiste a girar en la órbita de sus intereses, ejecutar las más simples acciones que el sentido común indica. Me hacen recordar a los extraterrestres de una película bastante conocida, que eran lo suficientemente hábiles como para cruzar el espacio exterior pero a la vez incapaces de entender el funcionamiento de un artefacto tan sencillo como un picaporte.

Friedman los hundió pero se preparan para recibir otra dosis de su veneno; el neo liberalismo los asesina pero están dispuestos a votar por más neo liberalismo.

En España un ¿¡socialista!? se baja los lienzos doctrinales y entrega todo en el altar del sistema financiero, ese gran parásito subido sobre el lomo del sistema productivo, poniendo a su patria de rodillas frente a los bancos; mientras tanto la gente parece creer que el ajuste no se hizo bien porque lo hizo un socialista, así que le dan la derecha al gorila Rajoy (Dios se apiade de ellos); los yanquis no parecen menos confundidos y le darán a un republicano/a la tarea de liquidar definitivamente al país. Esta gente no solo parece disfrutar los ajustes y la eliminación del estado, la desocupación y la pobreza sino que precisan más de eso (¿adictos?).

Y mientras tanto algunos miles que perdieron el miedo y la ingenuidad ya no consideran que el sistema funcione a su favor y salen a la calle: inútil, son minoría; el ciudadano medio de estas sociedades es profundamente conservador y enemigo de cualquier medida que tenga aspecto de revolución; creerán hasta el final que lo que siempre funcionó seguirá haciéndolo; es como si les dijeran a sus abusadores: "Me abusaste, es cierto, pero entiendo que fue necesario. Abúsame ahora con más fuerza así terminamos con todo esto."

Resulta, al cabo de los años, los éxitos y los fracasos, que ni nosotros éramos tan brutos, ni ellos tan inteligentes.


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