De negros renegados y negros de verdad/Ricardo Antonio López
Yo puedo decirlo sin ser tachado de racista, porque también soy un negro de origen humilde: Moyano es un negro renegado.
Ud. dirá que un renegado es un renegado, sin importar el color de su piel. Pero resulta que el negro renegado tiene sus particularidades únicas, que derivan de su origen social (ojo, no de su legado genético, porque está visto que los genes no hacen diferencia de color de piel). Un negro renegado lo es de su clase social. No la respeta, no la siente, no se siente cómodo en ella y ambiciona la admisión en otras a las que considera superiores. Para lograr este objetivo practica las tropelías que fueran necesarias. Sin ningún tipo de remordimientos. ¿Por qué esa falta de auto cuestionamiento? Porque considera que haber nacido humilde es una maldición de la que se debe escapar a toda costa. Una cuna obrera o proletaria es un baldón, para este modo de ver las cosas.
"Aunque dejemos de ser pobres, nunca dejaremos de ser humildes", se escucha en una publicidad de la TV Pública. Bueno, el negro renegado no lo comparte totalmente: dejará de ser pobre y además dejará de ser humilde; dejará la barriada populosa y también dejará su cultura. Como serpiente cambiará su piel creyendo que emerge renovado, re formateado, nuevo. Y no. Ni nuevo, ni mejor: solo disfrazado.
Mientras ser pobre es carecer de los elementos mínimos necesarios para vivir como uno quisiera, ser humilde implica no una desposesión, una falta de algo, una carencia, sino el estar provisto de herramientas de juicio, de proceder, de pensamiento y de relación social positivas, sustentables y no agresivas, basadas en el respeto por el otro/a. Se es humilde no en virtud de la cuantía de los recursos materiales en propiedad de la persona, como de su actitud general ante la vida de relación. Si Ud. nota que alguien tiende a considerarse en un escalón superior al resto, tenga por seguro que está ante uno que perdió la perspectiva (la humildad). El humilde difícilmente se deje engañar por las múltiples cáscaras materiales artificiosas que hacen creer que de veras existe una superioridad de unos sobre otros. La persona humilde ve con toda claridad el centro vital de cada uno/a que tiene enfrente, sin distraerse por exterioridades. Por eso sabe cómo de similares somos,la igualdad efectiva que es nuestra característica de especie y el motivo íntimo que nos empuja a vivir juntos, no disgregados.
En las clases populares el "nosotros" es particularmente poderoso: se entiende que estamos subsumidos en un ente masivo que nos alimenta y nos transporta; la vida tiene sentido en relación a los otros/as; estamos bien si el resto está bien. Básicamente, estamos dispuestos a resignar privilegios o ventajas en favor del bienestar ajeno. De allí que cuando necesites un plato de comida, un refugio para el temporal, una mano -en definitiva- será más inteligente golpear a la puerta del pobre. Aunque resulte difícil de creer, ese pobre te dará auxilio, sin echarte en cara tu necesitada circunstancia, pues él sabe que el deber del hombre es ser humano.
Moyano ha renegado de su clase social, de su cultura, de sus sostenes ideológicos y navega en un charco de imposturas, como un falso discurso que intenta justificar acciones erróneas.
Ha traicionado a los suyos, concienzudamente. No hay error allí. Por eso decimos que es un negro renegado.
Ud. dirá que un renegado es un renegado, sin importar el color de su piel. Pero resulta que el negro renegado tiene sus particularidades únicas, que derivan de su origen social (ojo, no de su legado genético, porque está visto que los genes no hacen diferencia de color de piel). Un negro renegado lo es de su clase social. No la respeta, no la siente, no se siente cómodo en ella y ambiciona la admisión en otras a las que considera superiores. Para lograr este objetivo practica las tropelías que fueran necesarias. Sin ningún tipo de remordimientos. ¿Por qué esa falta de auto cuestionamiento? Porque considera que haber nacido humilde es una maldición de la que se debe escapar a toda costa. Una cuna obrera o proletaria es un baldón, para este modo de ver las cosas.
"Aunque dejemos de ser pobres, nunca dejaremos de ser humildes", se escucha en una publicidad de la TV Pública. Bueno, el negro renegado no lo comparte totalmente: dejará de ser pobre y además dejará de ser humilde; dejará la barriada populosa y también dejará su cultura. Como serpiente cambiará su piel creyendo que emerge renovado, re formateado, nuevo. Y no. Ni nuevo, ni mejor: solo disfrazado.
Mientras ser pobre es carecer de los elementos mínimos necesarios para vivir como uno quisiera, ser humilde implica no una desposesión, una falta de algo, una carencia, sino el estar provisto de herramientas de juicio, de proceder, de pensamiento y de relación social positivas, sustentables y no agresivas, basadas en el respeto por el otro/a. Se es humilde no en virtud de la cuantía de los recursos materiales en propiedad de la persona, como de su actitud general ante la vida de relación. Si Ud. nota que alguien tiende a considerarse en un escalón superior al resto, tenga por seguro que está ante uno que perdió la perspectiva (la humildad). El humilde difícilmente se deje engañar por las múltiples cáscaras materiales artificiosas que hacen creer que de veras existe una superioridad de unos sobre otros. La persona humilde ve con toda claridad el centro vital de cada uno/a que tiene enfrente, sin distraerse por exterioridades. Por eso sabe cómo de similares somos,la igualdad efectiva que es nuestra característica de especie y el motivo íntimo que nos empuja a vivir juntos, no disgregados.
En las clases populares el "nosotros" es particularmente poderoso: se entiende que estamos subsumidos en un ente masivo que nos alimenta y nos transporta; la vida tiene sentido en relación a los otros/as; estamos bien si el resto está bien. Básicamente, estamos dispuestos a resignar privilegios o ventajas en favor del bienestar ajeno. De allí que cuando necesites un plato de comida, un refugio para el temporal, una mano -en definitiva- será más inteligente golpear a la puerta del pobre. Aunque resulte difícil de creer, ese pobre te dará auxilio, sin echarte en cara tu necesitada circunstancia, pues él sabe que el deber del hombre es ser humano.
Moyano ha renegado de su clase social, de su cultura, de sus sostenes ideológicos y navega en un charco de imposturas, como un falso discurso que intenta justificar acciones erróneas.
Ha traicionado a los suyos, concienzudamente. No hay error allí. Por eso decimos que es un negro renegado.
¡Piojo resucitado, bah!
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