Ernesto Cardenal sobre aquel desencuentro con Juan Pablo II
Fragmento de la entrevista que Alberto García Saleh le efectuara al sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, en octubre del 2009:
-...usted no comulga mucho con los representantes de Dios en la Tierra.
- Yo no creo en el Vaticano, sino en Jesús, y en la iglesia que él trató de crear, que es muy diferente de la de ahora.
- Se han derramado muchos ríos de tinta sobre el encuentro que tuvo con Juan Pablo II y sobre lo que le dijo.
- Lo que Juan Pablo II me dijo fue: "Usted debe regularizar su situación". Yo no le quise responder, y me volvió a repetir la frase con ese tono brusco que tenía. Simplemente él me estaba regañando porque yo era un sacerdote en un cargo de gobierno en una revolución, y él me estaba pidiendo que yo dejara ese cargo. Pero el obispo de Nicaragua había autorizado a los sacerdotes que teníamos cargo de Gobierno a que siguiéramos con ellos por cierto tiempo mientras fuese necesario y el Vaticano lo había difundido. Me hizo una humillación pública porque estaba en el aeropuerto con la Junta de Gobierno y como yo era ministro de Cultura, el Gobierno decidió que yo tenía que ser presidente aunque el Papa no quería mi presencia.
- ¿Y qué cree que realmente quería el Papa?
- Quería una revolución que persiguiera a la Iglesia, como había sido el comunismo en Polonia, que era un país tremendamente católico con un gobierno antirreligioso e impopular. Nicaragua era muy católica, pero apoyando una revolución de orientación marxista, aunque cristiana. Y el Papa creyó que hablando contra la revolución en la plaza ante 700.000 personas en la misa papal, el pueblo lo aclamaría. Y entonces el pueblo empezó a gritarle en contra y a faltarle el respeto, hasta el punto de que el Papa tuvo que gritar varias veces: "¡Silencio!"
Ernesto Cardenal se refiere en otro foro al incidente con Juan Pablo II:
"Después de todos los saludos de protocolo, incluyendo los de guardia de honor y la bandera, el Papa le preguntó a Daniel que lo llevaba del brazo si podía saludar también a los ministros, y naturalmente le dijo que sí; y se dirigió a nosotros. Flanqueado por Daniel y el cardenal Casaroli fue dando la mano a los ministros, y cuando se acercó a donde mí hice lo que en ese caso había previsto hacer, alertado ya por el Nuncio: y fue quitarme reverentemente la boina, y doblar la rodilla para besarle el anillo. No permitió él que se lo besara, y blandiendo el dedo como si fuera un bastón me dijo en tono de reproche: 'Usted debe regularizar su situación'. Como no contesté nada, volvió a repetir la brusca admonición. Mientras enfocaban todas las cámaras del mundo.
Un periodista del Atlantic Monthly escribió que yo le conté que mi mamá, dolida por el incidente, me había dicho: 'Yo creía que te trataría como un padre', y yo le contesté: 'Me trató como un padre, pero no como una madre'. Francamente no me acuerdo de eso.
Me parece que todo esto fue bien premeditado por el Papa. Y que las cámaras de televisión estaban sobre aviso. El hecho es que esta imagen fue difundida por el mundo entero, y lo sigue siendo todavía: ahorita mismo, 19 años después me informan que la han vuelto a sacar con motivo de unos recientes viajes del Papa.
En aquella ocasión el norteamericano Blase Bonpane escribió una carta abierta al Papa diciéndole que era un escándalo lo que había hecho conmigo, y que me debía pedir perdón públicamente. Y le reclamó que al mismo tiempo que a mí se me hubiera hecho ese rechazo en Nicaragua, en El Salvador se hubiera abrazado con el asesino de Monseñor Romero.
En realidad era injusta la reprimenda del Papa, porque yo tenía regularizada mi situación con la Iglesia. Los sacerdotes con cargos en el gobierno los teníamos con autorización de los obispos, y ellos habían hecho pública esa autorización. ( Hasta después fue que el Vaticano nos prohibió tener esos cargos).
Y la verdad es que lo que más le disgustaba al Papa de la revolución de Nicaragua es que fuera una revolución que no perseguía a la Iglesia. El hubiera querido un régimen como el Polonia, que era anticatólico en un país mayoritariamente católico, y por lo tanto impopular. Lo que menos quería era una revolución apoyada masivamente por los cristianos como la nuestra, en un país cristiano, y por lo tanto una revolución muy popular. ¡Y lo peor de todo para él que fuera una revolución con sacerdotes!."
http://www.lafogata.org/papa/papa_17.htm
Más adelante en este mismo texto Cardenal se refiere a la accidentada misa en una plaza de Managua:
"...en la plaza hubo 700000 personas. Nicaragua tenía entonces 3 millones de habitantes, y eso quería decir que una cuarta parte de la población estaba allí presente. También la derecha acarreó por su parte lo más que pudo de gente, y éstos fueron unas 50000 personas lideradas por el padre Carballo, que entraron a la plaza desde la noche antes y ocuparon los lugares de adelante.
Nos extraño que el Papa en su discurso en el aeropuerto hablara de aquellos impedidos de llegar a su encuentro como hubieran querido. Lo que repitió varias veces durante la misa. Y ponía un énfasis perverso en cada sílaba, para que se entendiera bien que eran muchos a los que no se les había permitido llegar. ¿Acaso podían haber llegado más de las 700000 personas? Y como los discursos los traía escritos, y habían sido hechos en Roma, ¿ cómo es que ya sabían desde antes que eran muchos a los que se les impidió llegar?
El sudor nos empapaba a todos al comenzar la tarde de aquel 4 de marzo de 1983, pues marzo es uno de los dos meses más calientes de Nicaragua, y la temperatura puede haber sido de más de 40 grados: pero nadie sospechaba que los ánimos se iban a caldear mucho más que esos 40 grados durante la misa del Papa.
Sorpresivamente la misa comenzó con una alocución del arzobispo Obando. Tanto que se esforzó la revolución en colmar esa plaza de gente, y fue para que a esa gente le hablara ahora el archienemigo de la Revolución. En todas las negociaciones previas, en las que hasta lo más nimio se discutió, no se había contemplado que monseñor Obando hablara. Y Obando dio la bienvenida al Papa comparando su llegada a Nicaragua a la visita que una vez Juan XXIII había hecho a una cárcel a Roma. Me chocó esa comparación de Nicaragua con una cárcel, pero más me chocó el aplauso de toda la plaza. ¿Era que todo el pueblo se había volteado contra nosotros?
Las lecturas de la misa no fueron inocentes. Se veía que habían sido escogidas ex profesamente contra los sandinistas. Del Antiguo Testamento fue leído lo de la Torre de Babel: los hombres que se quisieron igualar a Dios. Del Nuevo, lo del Buen Pastor: solamente Cristo lo es; los otros son ladrones y salteadores.
El tema de la homilía papal fue el de la unidad de la Iglesia, lo que quería decir un ataque a la llamada 'Iglesia Popular', o también ' Iglesia paralela': los cristianos revolucionarios a los que se nos acusaba de querer destruir esa unidad.
Fernando y yo estábamos sentados juntos en la tribuna del gobierno, y poco antes de que empezara la misa lo llamó Daniel Ortega. Era para que les dijera a un grupito de teólogos que estaban listos a asesorar en caso de una emergencia, que no había nada que temer, que habían leído la homilía del Papa y que no sería conflictiva. Pero resulta que no parecía conflictiva para quien la leyera rápidamente, pero sí lo era pronunciada por el Papa. La agresividad no estaba en las palabras sino en el tono acusatorio en que eran dichas y aun gritadas a veces. Una cosa era pasar los ojos por un texto al parecer inocuo, y otra oírlo vociferado por el Papa.
Era evidente que el Papa odiaba la revolución sandinista. Y había llegado a Nicaragua a pelear. Lo desconcertante era que en cada final de frase la plaza estallaba en aplausos y vivas al Papa. Hubo un momento en que pensé que la revolución se venía abajo. Me dije que de seguir eso así, a todos los de esa tribuna del gobierno nos iba a tocar hacer maletas esa tarde. Pero entonces es que cesaron los grandes aplausos; los que aplaudían ya eran sólo los 50000 que había acarreado el padre Carballo, y el resto de la plaza comenzó a protestarle al Papa."
El sacerdote señala el error de Juan Pablo II de haber confundido el proceso político nicaragüense con el de la Polonia comunista
"Repetidas veces el Papa había dicho que Nicaragua era su 'segunda Polonia'. Y ése fue un gran error, porque Nicaragua no era Polonia. El creía que había un régimen impopular, rechazado por la gran mayoría cristiana, y que su presencia beligerante provocaría una sublevación del pueblo contra los comandantes de la Dirección Nacional y la Junta de Gobierno que estarían presentes en la plaza. Que bastaba que él hablara contra la revolución sandinista, y tendría el respaldo masivo de esa plaza. Y el Papa llegó a Nicaragua a desestabilizar la revolución. Si el Papa no hubiera estado equivocado, la noticia mundial de ese día habría sido que el pueblo de Nicaragua rechazaba la revolución. Y ciertamente ese hubiese sido el derrumbe de la revolución sandinista, como yo lo llegué a temer esa tarde. Pero como el pueblo defendió su revolución y rechazó al Papa, la noticia mundial fue 'el agravio que se hizo al Papa en Nicaragua'.
El pueblo le faltó el respeto al Papa, es verdad, pero es que antes el Papa le había faltado el respeto al pueblo.
Primero las madres de los 17 muchachos muertos comenzaron a pedirle al Papa una oración por sus hijos, y él no les hizo caso. Y después se acercaron al altar, y empezaron a pedirlo a gritos. Otros pedían una oración por la paz, y después eran muchos gritando ' ¡Queremos la paz!', lo que hizo que el Papa le respondiera a la multitud gritando: 'La primera que quiere la paz es la Iglesia'; y más tarde, porque las protestas del pueblo iban creciendo, cogió el micrófono y gritó a todo pulmón: '¡Silencio¡'. A partir de entonces el irrespeto fue total. El Papa quería decir las palabras de consagración, las del momento más solemne de la misa, y no podía por las consignas que la multitud gritaba: '!Queremos la paz!', y '¡No pasarán!'. Había también vivas al Frente Sandinista, mientras los miles de derecha que estaban en la parte delantera de la plaza lanzaban vivas al Papa. En uno de los vídeos se oye a una mujer que grita: ¡No es un Papa de los pobres. Miren cómo se viste!'.Dos o tres veces más el Papa tuvo que volver a gritar silencio. Por primera vez en la historia moderna un papa era humillado por la multitud. En los videos se le ve desconcertado por lo que está pasando, y varias veces da muestras de vacilación ya que esta a punto de deja el altar. Al final de la misa, la bendición papal apenas la pudo hacer, después de iniciarla tres veces, ante una multitud que estaba cantando el himno del Frente Sandinista."
Sobre el final del escrito, se hace referencia a la segunda visita del Papa a Nicaragua:
"...años después Juan Pablo II regresó a Nicaragua a vengarse de los sandinistas, y no perdió oportunidad de humillar a los dirigentes que lo habían humillado, y que habían perdido el poder político tras una derrota electoral. Ello hizo que el National Catholic Reporter también escribiera esta vez que el Papa que había visitado una cárcel de Roma para perdonar al que había atentado contra su vida, no había sido capaz de perdonar a los sandinistas.
Esta segunda vez que el Papa dijo que en su misa campal que ahora si podían llegar a expresar su fe ante él todos lo que habían querido, sin que nadie se los impidiera: aunque el público que había en esa misa era una tercera parte del que la primera vez. Se refirió a la Nicaragua de la vez anterior llamándole 'la noche oscura', aunque aquella misa había sido a media tarde en pleno sol.
Y es verdad que para muchos católicos cuando al final de la tarde se alejaban de la tarde se alejaban de la plaza cubierta de papeles, lo que cayeron fueron muchas tinieblas; y vaciló la fe de muchos, y hubo otros que tal vez perdieron la fe."
-...usted no comulga mucho con los representantes de Dios en la Tierra.
- Yo no creo en el Vaticano, sino en Jesús, y en la iglesia que él trató de crear, que es muy diferente de la de ahora.
- Se han derramado muchos ríos de tinta sobre el encuentro que tuvo con Juan Pablo II y sobre lo que le dijo.
- Lo que Juan Pablo II me dijo fue: "Usted debe regularizar su situación". Yo no le quise responder, y me volvió a repetir la frase con ese tono brusco que tenía. Simplemente él me estaba regañando porque yo era un sacerdote en un cargo de gobierno en una revolución, y él me estaba pidiendo que yo dejara ese cargo. Pero el obispo de Nicaragua había autorizado a los sacerdotes que teníamos cargo de Gobierno a que siguiéramos con ellos por cierto tiempo mientras fuese necesario y el Vaticano lo había difundido. Me hizo una humillación pública porque estaba en el aeropuerto con la Junta de Gobierno y como yo era ministro de Cultura, el Gobierno decidió que yo tenía que ser presidente aunque el Papa no quería mi presencia.
- ¿Y qué cree que realmente quería el Papa?
- Quería una revolución que persiguiera a la Iglesia, como había sido el comunismo en Polonia, que era un país tremendamente católico con un gobierno antirreligioso e impopular. Nicaragua era muy católica, pero apoyando una revolución de orientación marxista, aunque cristiana. Y el Papa creyó que hablando contra la revolución en la plaza ante 700.000 personas en la misa papal, el pueblo lo aclamaría. Y entonces el pueblo empezó a gritarle en contra y a faltarle el respeto, hasta el punto de que el Papa tuvo que gritar varias veces: "¡Silencio!"
Ernesto Cardenal se refiere en otro foro al incidente con Juan Pablo II:
"Después de todos los saludos de protocolo, incluyendo los de guardia de honor y la bandera, el Papa le preguntó a Daniel que lo llevaba del brazo si podía saludar también a los ministros, y naturalmente le dijo que sí; y se dirigió a nosotros. Flanqueado por Daniel y el cardenal Casaroli fue dando la mano a los ministros, y cuando se acercó a donde mí hice lo que en ese caso había previsto hacer, alertado ya por el Nuncio: y fue quitarme reverentemente la boina, y doblar la rodilla para besarle el anillo. No permitió él que se lo besara, y blandiendo el dedo como si fuera un bastón me dijo en tono de reproche: 'Usted debe regularizar su situación'. Como no contesté nada, volvió a repetir la brusca admonición. Mientras enfocaban todas las cámaras del mundo.
Un periodista del Atlantic Monthly escribió que yo le conté que mi mamá, dolida por el incidente, me había dicho: 'Yo creía que te trataría como un padre', y yo le contesté: 'Me trató como un padre, pero no como una madre'. Francamente no me acuerdo de eso.
Me parece que todo esto fue bien premeditado por el Papa. Y que las cámaras de televisión estaban sobre aviso. El hecho es que esta imagen fue difundida por el mundo entero, y lo sigue siendo todavía: ahorita mismo, 19 años después me informan que la han vuelto a sacar con motivo de unos recientes viajes del Papa.
En aquella ocasión el norteamericano Blase Bonpane escribió una carta abierta al Papa diciéndole que era un escándalo lo que había hecho conmigo, y que me debía pedir perdón públicamente. Y le reclamó que al mismo tiempo que a mí se me hubiera hecho ese rechazo en Nicaragua, en El Salvador se hubiera abrazado con el asesino de Monseñor Romero.
En realidad era injusta la reprimenda del Papa, porque yo tenía regularizada mi situación con la Iglesia. Los sacerdotes con cargos en el gobierno los teníamos con autorización de los obispos, y ellos habían hecho pública esa autorización. ( Hasta después fue que el Vaticano nos prohibió tener esos cargos).
Y la verdad es que lo que más le disgustaba al Papa de la revolución de Nicaragua es que fuera una revolución que no perseguía a la Iglesia. El hubiera querido un régimen como el Polonia, que era anticatólico en un país mayoritariamente católico, y por lo tanto impopular. Lo que menos quería era una revolución apoyada masivamente por los cristianos como la nuestra, en un país cristiano, y por lo tanto una revolución muy popular. ¡Y lo peor de todo para él que fuera una revolución con sacerdotes!."
http://www.lafogata.org/papa/papa_17.htm
Más adelante en este mismo texto Cardenal se refiere a la accidentada misa en una plaza de Managua:
"...en la plaza hubo 700000 personas. Nicaragua tenía entonces 3 millones de habitantes, y eso quería decir que una cuarta parte de la población estaba allí presente. También la derecha acarreó por su parte lo más que pudo de gente, y éstos fueron unas 50000 personas lideradas por el padre Carballo, que entraron a la plaza desde la noche antes y ocuparon los lugares de adelante.
Nos extraño que el Papa en su discurso en el aeropuerto hablara de aquellos impedidos de llegar a su encuentro como hubieran querido. Lo que repitió varias veces durante la misa. Y ponía un énfasis perverso en cada sílaba, para que se entendiera bien que eran muchos a los que no se les había permitido llegar. ¿Acaso podían haber llegado más de las 700000 personas? Y como los discursos los traía escritos, y habían sido hechos en Roma, ¿ cómo es que ya sabían desde antes que eran muchos a los que se les impidió llegar?
El sudor nos empapaba a todos al comenzar la tarde de aquel 4 de marzo de 1983, pues marzo es uno de los dos meses más calientes de Nicaragua, y la temperatura puede haber sido de más de 40 grados: pero nadie sospechaba que los ánimos se iban a caldear mucho más que esos 40 grados durante la misa del Papa.
Sorpresivamente la misa comenzó con una alocución del arzobispo Obando. Tanto que se esforzó la revolución en colmar esa plaza de gente, y fue para que a esa gente le hablara ahora el archienemigo de la Revolución. En todas las negociaciones previas, en las que hasta lo más nimio se discutió, no se había contemplado que monseñor Obando hablara. Y Obando dio la bienvenida al Papa comparando su llegada a Nicaragua a la visita que una vez Juan XXIII había hecho a una cárcel a Roma. Me chocó esa comparación de Nicaragua con una cárcel, pero más me chocó el aplauso de toda la plaza. ¿Era que todo el pueblo se había volteado contra nosotros?
Las lecturas de la misa no fueron inocentes. Se veía que habían sido escogidas ex profesamente contra los sandinistas. Del Antiguo Testamento fue leído lo de la Torre de Babel: los hombres que se quisieron igualar a Dios. Del Nuevo, lo del Buen Pastor: solamente Cristo lo es; los otros son ladrones y salteadores.
El tema de la homilía papal fue el de la unidad de la Iglesia, lo que quería decir un ataque a la llamada 'Iglesia Popular', o también ' Iglesia paralela': los cristianos revolucionarios a los que se nos acusaba de querer destruir esa unidad.
Fernando y yo estábamos sentados juntos en la tribuna del gobierno, y poco antes de que empezara la misa lo llamó Daniel Ortega. Era para que les dijera a un grupito de teólogos que estaban listos a asesorar en caso de una emergencia, que no había nada que temer, que habían leído la homilía del Papa y que no sería conflictiva. Pero resulta que no parecía conflictiva para quien la leyera rápidamente, pero sí lo era pronunciada por el Papa. La agresividad no estaba en las palabras sino en el tono acusatorio en que eran dichas y aun gritadas a veces. Una cosa era pasar los ojos por un texto al parecer inocuo, y otra oírlo vociferado por el Papa.
Era evidente que el Papa odiaba la revolución sandinista. Y había llegado a Nicaragua a pelear. Lo desconcertante era que en cada final de frase la plaza estallaba en aplausos y vivas al Papa. Hubo un momento en que pensé que la revolución se venía abajo. Me dije que de seguir eso así, a todos los de esa tribuna del gobierno nos iba a tocar hacer maletas esa tarde. Pero entonces es que cesaron los grandes aplausos; los que aplaudían ya eran sólo los 50000 que había acarreado el padre Carballo, y el resto de la plaza comenzó a protestarle al Papa."
El sacerdote señala el error de Juan Pablo II de haber confundido el proceso político nicaragüense con el de la Polonia comunista
"Repetidas veces el Papa había dicho que Nicaragua era su 'segunda Polonia'. Y ése fue un gran error, porque Nicaragua no era Polonia. El creía que había un régimen impopular, rechazado por la gran mayoría cristiana, y que su presencia beligerante provocaría una sublevación del pueblo contra los comandantes de la Dirección Nacional y la Junta de Gobierno que estarían presentes en la plaza. Que bastaba que él hablara contra la revolución sandinista, y tendría el respaldo masivo de esa plaza. Y el Papa llegó a Nicaragua a desestabilizar la revolución. Si el Papa no hubiera estado equivocado, la noticia mundial de ese día habría sido que el pueblo de Nicaragua rechazaba la revolución. Y ciertamente ese hubiese sido el derrumbe de la revolución sandinista, como yo lo llegué a temer esa tarde. Pero como el pueblo defendió su revolución y rechazó al Papa, la noticia mundial fue 'el agravio que se hizo al Papa en Nicaragua'.
El pueblo le faltó el respeto al Papa, es verdad, pero es que antes el Papa le había faltado el respeto al pueblo.
Primero las madres de los 17 muchachos muertos comenzaron a pedirle al Papa una oración por sus hijos, y él no les hizo caso. Y después se acercaron al altar, y empezaron a pedirlo a gritos. Otros pedían una oración por la paz, y después eran muchos gritando ' ¡Queremos la paz!', lo que hizo que el Papa le respondiera a la multitud gritando: 'La primera que quiere la paz es la Iglesia'; y más tarde, porque las protestas del pueblo iban creciendo, cogió el micrófono y gritó a todo pulmón: '¡Silencio¡'. A partir de entonces el irrespeto fue total. El Papa quería decir las palabras de consagración, las del momento más solemne de la misa, y no podía por las consignas que la multitud gritaba: '!Queremos la paz!', y '¡No pasarán!'. Había también vivas al Frente Sandinista, mientras los miles de derecha que estaban en la parte delantera de la plaza lanzaban vivas al Papa. En uno de los vídeos se oye a una mujer que grita: ¡No es un Papa de los pobres. Miren cómo se viste!'.Dos o tres veces más el Papa tuvo que volver a gritar silencio. Por primera vez en la historia moderna un papa era humillado por la multitud. En los videos se le ve desconcertado por lo que está pasando, y varias veces da muestras de vacilación ya que esta a punto de deja el altar. Al final de la misa, la bendición papal apenas la pudo hacer, después de iniciarla tres veces, ante una multitud que estaba cantando el himno del Frente Sandinista."
"...años después Juan Pablo II regresó a Nicaragua a vengarse de los sandinistas, y no perdió oportunidad de humillar a los dirigentes que lo habían humillado, y que habían perdido el poder político tras una derrota electoral. Ello hizo que el National Catholic Reporter también escribiera esta vez que el Papa que había visitado una cárcel de Roma para perdonar al que había atentado contra su vida, no había sido capaz de perdonar a los sandinistas.
Esta segunda vez que el Papa dijo que en su misa campal que ahora si podían llegar a expresar su fe ante él todos lo que habían querido, sin que nadie se los impidiera: aunque el público que había en esa misa era una tercera parte del que la primera vez. Se refirió a la Nicaragua de la vez anterior llamándole 'la noche oscura', aunque aquella misa había sido a media tarde en pleno sol.
Y es verdad que para muchos católicos cuando al final de la tarde se alejaban de la tarde se alejaban de la plaza cubierta de papeles, lo que cayeron fueron muchas tinieblas; y vaciló la fe de muchos, y hubo otros que tal vez perdieron la fe."
| Juan Pablo II amonestando a Ernesto Cardenal |
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