El argentino serio/Ricardo Antonio López

Imaginen un futuro con Donald Trump presidente yanqui y Mauricio Macri presidente en Argentina. El verdadero sueño del “argentino serio”, ese argentino al que le han convencido que los pobres productores rurales sostienen con su lomo encorvado sobre el surco la plácida vida de los vagos planeros de la argentina crota, la que resiste integrarse al primer mundo y retomar la senda ganadora del capitalismo crudo. El “argentino serio”, un temerario a la hora de creer, creer incluso que los de Duran Barba son los que tienen la llave del éxito. O que para que las cosas se encaminen habría que eliminar 3 millones de jubilaciones y cortarle los víveres a 5 millones de gurises, de modo que “las cuentas se equilibren” y “el esfuerzo individual retome su lugar de  privilegio”. Y que los derechos humanos son un curro más del kirchnerismo. El “argentino serio” que se postra frente al ídolo Lanata y es tan fuerte de estómago que se come durante horas programas majulescos, pagninescos y leucolíticos, siempre agradecido por tanta “calidad informativa”, “coraje de opinión” y “heroísmo cívico”.

El “argentino serio” se considera un ganador por  derecho de sangre, de ahí que las derrotas electorales le sepan a fraude. Antes consideraba que esas derrotas se explicaban mediante la proverbial ignorancia del pueblo, manipulado por demagogos populistas. Hoy esa versión está desacreditándose y es reemplazada por la sensación de sentirse estafado por un poder corrupto que falsea los resultados electorales. Es que ahora, por estos días, el “argentino serio” comienza a percibirse como parte de una masa, masa de élite, pero masa. Aunque no se llama a sí mismo pueblo, sino gente. Pueblo son los negros. La gente es como él. Ha visto y ha protagonizado en la última década varias marchas callejeras indignándose por tanta cosa y terminó creyéndose mayoría. Antes, la gente no salía a la calle. Salían los pobres y las ratas -el pueblo-, pero la gente no salía. Pero los tiempos cambian y la gente amenaza con hacer tronar el escarmiento, como se oye en cada marcha  opositora al kirchnerismo, donde se prometen finales trágicos varios a la diktadora y secuaces, incluido el tal Scioli, que parecía un aliado de la gente pero cada vez menos.

El “argentino serio” considera llegado su momento, la ocasión sublime de la victoria final sobre la turba planera. Y tomará la derrota como un insulto a su soberanía. El enojo del argentino serio ya comenzó a abonarse, con la ayuda de líderes opositores que en conjunto dan conferencias de prensa en que se siembran sospechas con clásica esparcir de frases de ocasión politiquera y mala leche. Luego de la derrota vendrá el enojo y si la ocasión lo permite el desmán callejero. Los “periodistas independientes” colaborarán entusiastas, buscando que la sangre corra y lave la afrenta del eterno fracaso en las urnas.

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