Evolución Real/Ricardo Antonio López
Si
bien la posibilidad del conocimiento pleno es un espejismo más de la soberbia
del hombre que siendo inteligente se siente genial –malbaratando la última condición-
o del que siendo ilustrado se considera sabio, no podemos dejar de reconocer
que nuestra naturaleza nos permite acceder a la antesala del saber, donde una
variedad modesta de artefactos surgidos de la habilidad tecnológica (aplicación
concreta de unas pocas leyes lógicas halladas en la explicación simplificada
del mundo real que llamamos ciencia) se nos aparece como un bazar portentoso
donde la especie plasma su superioridad.
Ensimismados
en la adoración del yo, a menudo inadvertimos que la irremediable delgadez del
entendimiento humano es incapaz de albergar certezas de un grosor
significativo. ¿Decir esto es desmerecer la condición humana? No lo considero
así. Pero la singularidad del hombre no está en su inteligir. Otros animales
poseen también atributos comprensivos extraordinarios. Sinceramente digo que
los que creen hallar en la inteligencia humana el meollo de lo que somos y la
explicación de nuestro estado evolutivo, por un lado magnifican el alcance de
la herramienta pensante tal cual está presente en nosotros y por el otro
deprecian la dimensión afectiva social y su injerencia histórica.
Aquello
que llegamos a definir como saberes humanos, toda la ciencia y tecnología que
parecen ser el elemento especial de la época, en realidad no cambian el modo en
que establecemos sociedad. El supuesto aislamiento de los jóvenes tan ocupados con sus móviles y
computadoras, en realidades mayor inter conexión con sus pares, aunque no del
modo tradicional que tendemos a creer único; las nuevas costumbres nacidas de
la omni presencia tecnológica son pasajeras; aunque pequeños núcleos de
personas especializan sus conocimientos en temáticas muchas veces minúsculas o poco trascendentes, las mayorías no registran
variaciones de instrucción determinantes, fuera de la extensión delas habilidades
de lecto escritura.
La evolución
de las sociedades contemporáneas pasa por la aceptación de la diversidad
sexual, el rechazo creciente a la violencia de género, los movimientos sociales
contrarios a la hegemonía de los
intereses financieros por sobre los productivos, la presión social que obliga a
la modernización de instituciones conservadoras, la divulgación y
popularización de los derechos de las clases desposeídas, el retroceso del
pensamiento fascista, el perfeccionamiento de los mecanismos electorales, las
reformas de códigos legales antiguos, el impulso de las variaciones culturales
regionales, en fin, todo lo que agregue en el seno social valores relacionados
con la ampliación de derechos, nos aleje del peligro de delegar
inconscientemente en terceros el destino comunitario o diversifique los tipos
culturales liberando las potencialidades usualmente comprimidas por la
hegemonía de estereotipos rígidos de conducta.
Comentarios
Publicar un comentario