Desarruguémos la cara (vamos ganando)
Los del lado del gobierno nacional (y me refiero a los simpatizantes llanos, nosotros) ejercitamos cada día el músculo de la indignación.
No siendo políticos sino una especie de hormiguero movilizado por la buena fe en defensa de ciertas realidades y aspiraciones que nos motivan, carecemos de la objetividad cruel del oficio, que hace ver natural lo que usualmente es una villanía.
Por eso nos sube la presión a cada rato, de ver el desfile imparable de opinadores prostituidos que a falta de políticos convincentes intentan representar los colores del conservadurismo. Y nos enojamos, sin que existan motivos graves (de una gravedad que pueda hacernos pensar que los opinadores prostituidos representen real amenaza). Nos preocupamos, cuando ellos mismos y sus mandantes son quienes tienen todas las razones para amargarse por cómo van yendo las cosas.
Si los opinadores se escucharan, tendrían mucho trabajo de reparación que encarar. Una de las noticias de Radio Mitre del 01 de agosto es un buen ejemplo de lo que estoy queriendo decir, aún obstaculizado por la cerrazón conceptual que me persigue (y me alcanza). Decía el titular” “Argentina peleó con 47 países en lo que va el año. Esto representa el 50% de las exportaciones.” ¿El titulador ya habrá sido despedido, por simplón e infantil? Tal vez sus patrones estén felices de tener tan inspirado secuaz. Más que seguro, porque el tema aquí parece ser cultural: esta gente ha sufrido una degradación intensa de sus habilidades para imponer dominio ideológico sobre los demás. Y es muy complicado el fenómeno para una clase social acostumbrada a guiar a la nación entera por los caminos de su conveniencia (me refiero, por supuesto, a la clase social de los patrones y no a la del titulador).
La élite conservadora ha reducido sus prestaciones intelectuales a un punto que le está causando la ruina. En este sentido más de una vez no preguntamos en este blog si nuestra victoria es debida a las aptitudes sobresalientes que exhibimos (¿?) o más bien a la mediocridad de los adversarios. Como sea, creo que debemos irritarnos menos y disfrutar más.
¿O creemos que Lanata, Castro y el resto de la comparsa intentan guardar alguna proporción entre su discurso y la realidad? Su intención es simplemente la de ganarse unos cuántos pesos y generar (en esto fallan, en lo primero no) tanta indignación entre el público que lleve a que el kirchnerismo sea derrotado. Después de 9 años de fracasos por parte de los opinadores prostituidos vamos viendo que no hay razones para enojarse por lo que dicen que pasa y por lo que dicen que piensan; siempre y cuando sigan con sus obviedades, golpecitos bajos, indignación impostada, “investigaciones” y operaciones como castillos de naipes seguirán poco peligrosos, sin chances, desde que la única herramienta que los salvaría
-el golpe militar- fue desactivada permanentemente.
No sirven para la democracia, no pueden competir en este terreno debido a que todas sus valoraciones y sensaciones los alejan de la posibilidad de imponer legalmente su proyecto. Así que basta de bronca y a desarrugar la cara, porque (y esto nadie lo discute) estamos ganando.
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