EL HABLA DE LOS ARGENTINOS/El PAPA FRANCISCO Y NUESTRA SOBERANÍA, por Eduardo Di Cola*
Lograr por parte de una sociedad que las
palabras con la que se identifican ciertas cosas sea la manera como se las
reconozca masivamente, cohesionan a esa sociedad con características propias
que la distinguen del resto de los grupos sociales. Forman una identidad
diferente de otra.
Fue esa identidad la que bautizó a
Ernesto Guevara de la Serna como el “Che”. Luego su trascendencia llevó a que el modismo tan
propio del habla de los argentinos fuera conocido en el mundo entero.
El Papa Francisco en no pocas
oportunidades pone en aprietos a quienes debiendo traducirlo, el idioma castellano a secas no les resulta
suficiente. Deben necesariamente recurrir a nuestros modismos y expresiones.
En el encuentro de Brasil les dijo a los
jóvenes “por favor no balconeen la vida”. Como lo resaltaron muchos periodistas
del mundo debieron abrevar de “nuestro castellano” para poder entender a qué se
refería. De igual manera cuando expresó “pasarse de rosca” para criticar a
quienes rinden culto desmedido al dios dinero. O cuando recibe al Presidente
ecuatoriano Correa expresándole que lo veía “fresco como una lechuga”.
No es casual que las naciones defiendan
su habla como manera de preservar su cultura y a través de ella su unidad.
Constituye una forma, no la única, de identificarse en el concierto de la comunidad
internacional.
Malvinas y Falkland se refieren al mismo
espacio territorial. Que Francisco las nombre como Malvinas y no como
Falkland, en su profundidad y esencia
significa mucho más que una mera diferencia de nombre.
Dar el nombre a algo construye sentido.
Poder nominar, hacerlo como sociedad y que trascienda al conjunto de la
comunidad internacional, es soberanía.
Que el Papa Francisco continúe expresándose sin olvidar sus
orígenes nos brinda como argentinos un inconmensurable potencial del que
todavía no hemos tomado debida conciencia. Al menos en su real dimensión.
*Ex Diputado Nacional
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