Un tipo notablemente patético de pelotudo argentino



De la extensísima variedad de pelotudos que esta patria ha sabido conseguir, destaco la variedad "soy re pillo y a mí no me la van a poner". Se trata de un espécimen dispuesto a no creer en nada que no sea su propia capacidad para “ver” las “realidades” que los seres ordinarios no perciben.

Si ve a otro ayudando al prójimo, éste pelotudo le asignará oscuros intereses embozados; si escucha que alguien se disculpa por un error cometido, pensará (siempre en voz alta) que “al tipo/a no le quedaba otra”, que nadie le haga un favor (aún pequeño) porque comenzará a sentirse perseguido, acechado, por uno que intenta embaucarlo mediante el recurso de querer hacerle sentir en deuda.

Es difícil escapar al dictamen lapidario de este pelotudo descreído: si le debés plata, pensará que sos un seco haragán desaprensivo; si te debe  plata, te odiará por condescendiente y perdonavidas que sin duda le tiene por menos; si manifestás tu preferencia política, eso confirmará quienes son los que te pusieron el collar; si hacés referencia a tus logros, te tendrá por un agrandado repelente; si demostrás habilidad para algún tipo de labor, te considerará un exhibicionista descarado; si sos hombre y las mujeres buscan tu compañía, caerás en la categoría  de posible abusador; si sos mujer interesante para los hombres, te catalogará como irremediablemente puta.

No le gusta y no considera posible el costado moral del ser humano. En este sentido, a todo lo tiene por impostación: la ausencia de avaricia es apocamiento del espíritu y falta de garra; el espíritu compasivo es tara congénita que solo otorga ventajas a tullidos e inútiles; el deseo de superación es ambición fuera de límites; la honestidad es solo la falta de una buena ocasión para delinquir.

 Siente desapego por todas las personas y sus circunstancias, aunque prefiere que esas circunstancias resulten adversas (como un castigo merecido).

Hay que ver que este pelotudo no se considera inferior a nadie y que su autoestima siempre anda inexplicablemente por las nubes, como es lógico que le ocurra a una persona que cree ver a través del otro, con su imaginaria capacidad de asignar feos trasfondos a toda conducta humana.

Es el escéptico criollo, un fanático intratable e innecesario.

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