La alegría opositora
Se les nota mucho la felicidad, el entusiasmo, el
disfrute anticipado ante una victoria que tienen cada día que pasa como más
segura.
En un movimiento espiritual que se repite luego de
cada elección de medio término, el arco anti kirchnerista se ha preñado de
esperanzas de fin de ciclo, un falso estado de embarazo que los suele tener
arrobados por año o año y medio, hasta que llega el fatídico día de elegir presidente, momento en
que comprueban que sus caballitos de batalla son demasiado conservadores para
el gusto popular.
Hoy es el turno de Massa, un disfrazado de
peronista que a velocidades ultra sónicas se va rodeando de toda la resaca de
notables que ha ido dejando el paso del tiempo en la playa de los horrores
argentinos, un revoltijo de ex adoradores de gobiernos militares, miliquillos
retirados de antiguos y fracasados afanes golpistas, economistas deseosos de ajusticiar
el crecimiento y desarrollo nacional, periodistas independientes de cualquier
orientación soberana, nostálgicos del menemismo, gremialistas ad aeternum, industriales no
industrialistas (un milagro de raza híbrida autóctona), políticos de derecha cansados
de ir bogando a la deriva sin tener hombre fuerte a quién seguir, en fin, un
collage tan bizarro, que si nos llegara a ganar una presidencial (en este
mundo, digo, en este tiempo y en este espacio, no en conjeturales universos
paralelos), acabaría por demostrar que las leyes de lo probable y lo posible, efectivamente
fueron derogadas.
Así como no pudieron sostener al inútil de Macri
(ex esperanza blanca del conservadurismo nacional), tampoco podrán sostener a
Massa, con el agravante de ser el intendente de Tigre el último con turno para
ser maquillado presidenciable y ganador; cuando las costuras del promotor de
countries comiencen a descoserse al influjo del exceso de aire con que intentaron
inflarlo, será tarde, y muy cerca de la fecha de renovación presidencial, no
tendrán tiempo para construir otro muñeco.
A ver si nos entendemos: nuestro país (después de
Menem y De La Rúa) no tiene margen para elegir a un gorila, por más que venga
arropado de peronista. Y cuando decimos que no hay margen, estamos diciendo que
no hay cabida, que no hay voluntad, que no hay ganas ni se ve ventaja en
hacerlo así.
Ud., desde luego, tiene perfecto derecho en
descreer de lo aquí expresado, pero le digo (y apúntelo con subrayado) que el
pueblo ya superó las influencias derechizantes de la dictadura y del menemato. Este
pueblo volvió a sus cabales y se podrá manipular temporariamente el ánimo de
importantes bolsones de gente que aun cree en la pavada del primer mundo y la
necesidad de “no aislarse”, pero no
ganar elecciones presidenciales con monigotes neo liberales, por más que sepan sonreír
de costado.
Lo cierto es que a Massa (si es que llega y no se
manca en la partida) le ganamos sin mucho esfuerzo, con Scioli nomás o con otro
que disponga del consenso puertas adentro. Y conste que lo está diciendo uno
que no es del palo del Gdor. Bonaerense, pero que sabe cuando aflojar el cinto
de las parcialidades y ajustarse al marco de lo posible.
Por si no quedó claro: cuando Scioli se apretó
junto a Cristina, identificándose de lleno con la causa nuestra, venció los
reparos que muchos teníamos hacia su figura. Si esto ha de tomar algún tinte de
moderación conservadora, que sea por vía de uno de los nuestros, y no por la de
un pajuerano malagradecido. Muchos ya hemos aceptado que debe hacerse lo
necesario.
Y es así pues sabemos lo mucho que costaría al
pueblo argentino la llegada de un Massa a la presidencia: 4 años de sangre,
sudor y lágrimas.
La alegría de los muchachos de la otra vereda chocará
y se hará pedazos contra nuestro sentido de la realidad. Eso lo tengo por
seguro.
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