Cristina pasea su gran clase por Europa

Lo puedo decir desde la total independencia económica y cultural que tengo, como individuo, de cualquier grupo de poder, público o privado.

Es simplemente la expresión del orgullo que millones de argentinos sentimos de ver a esta mujer llevar nuestros valores más allá de las fronteras. Un orgullo que nos era desconocido totalmente antes del 2013, cuando un presidente argentino en gira internacional era un disfrazado intentando vender bajo cuerda alguna parte de la soberanía nacional.

Nos alegra verla con la cabeza alta delante de quien sea y estamos tranquilos, seguros, sabiendo que en las conversaciones privadas no se está resignando o entregando nada de lo nuestro.

El intenso malestar que provocan los movimientos de Cristina cada vez que sale al exterior nos confirma la buena base de nuestro contento; preocupados estaremos cuando los periodistas independientes empleados por el Grupo Clarín comiencen a ver con buenos ojos las giras presidenciales.

Nosotros tenemos orgullo de contar con esta líder; los que se oponen al gobierno de Cristina, ¿de quién se sienten orgullosos? Están huérfanos de liderazgo intelectual y moral. No creen en nadie y en su mayoría votarían a cualquiera con tal de derrotar a la Kretina que odian más que a nadie. Hoy están pensando que podría ser Massa el elegido. Ayer preferían a Macri. Mañana adherirán a cualquier otro fascista si creyeran que les garantiza el desalojo de la diktadora.

No serán buenos perdedores, si pierden (tal cual lo sugiere el sentido común). Y serían peores como ganadores, si por una de esas putas casualidades llegaran a tomar al pueblo con los pantalones bajos. De nosotros, en cambio, no hay nada que temer: si un día perdiéramos la presidencia, seguiríamos cuidando los intereses nacionales. Y ganando, no haríamos más que seguir por el buen camino que nos rescató de la ruina.

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