Narcocrimen: la pista de la ruda macho
Como cualquier ciudadano asume, la República Argentina está bajo ataque de los carteles internacionales de la droga, tal cual atestiguan los continuos asesinatos sicariados de los que cada día tomamos noticias (o por lo menos, de tanto que machacan con uno solo de estos crímenes, nos parece que fueran legión).
La policía científica está ahora abocada a la pista de la ruda macho, habiendo abandonado por inconsistente la anterior del ajenjo. En efecto, según trascendió en círculos cercanos a los investigadores del caso, se habría hallado un misterioso saquito de tela sujeto en un extremo por un lazo corredizo hecho de alguna clase de material trenzado, dentro del cual se halló un polvillo oscuro de penetrante olor, material que fuera identificado de inmediato por una vieja curiosa que andaba revoloteando alrededor de los profesionales de la lucha contra el crimen.
Acaso convenga aclarar que el mencionado recipiente textil no fue encontrado entre las pertenencias de la víctima, ni cerca de ella, sino a unas cuantas cuadras en dirección sur. Esta circunstancia -la lejanía entre el lugar del hecho y el lugar del particular hallazgo- no es tenido por las autoridades como factor desacreditante, corroborando en cambio la presunción de hallarse frente a un verdadero acto criminal complejo de características profesionales dispuestas para el desvío de la investigación.
Especialistas en sustancias narcotizantes de origen vegetal nos confirman de la posible existencia de una mezcla de hojas (utilizada por cierto grupo aborigen sudamericano) cuyo principal componente sería la ruda macho. La mezcla referida, luego de ser convertida en polvo (de color oscuro) se fuma en pipas hechas de las canillas de unas zancudas, las pichonillas moteadas, que habitan las orillas de los charcos septentrionales de la región selvática boliviana. La escasez de la pichonilla moteada obliga frecuentemente a optar por el consumo de la mezcla alucinógena en forma de infusión, aunque el nivel de dopaje disminuye drásticamente, para disgusto del usuario.
Si bien hasta el momento no se ha podido corroborar que la víctima estuviera relacionada de alguna forma con el tráfico, producción o consumo de drogas, esto no impide intuir que tal relación exista -dada la nacionalidad del occiso- y las evidentes connotaciones mafiosas que rodean al hecho, principalmente en lo referente a la nacionalidad del sujeto asesinado.
Vale la pena señalar la concurrencia de una verdadera anomalía que tiene perplejos a los especialistas mediáticos y conductores de programas de chimentos que están llevando adelante buena parte de la pesquisa. A saber, que no se secuestrara a la víctima para luego colgarla de un puente, como conviene a cualquier hecho realmente narco mafioso. Sin duda -afirman en estos círculos- se trata de una astuta maniobra desorientadora.
La policía científica está ahora abocada a la pista de la ruda macho, habiendo abandonado por inconsistente la anterior del ajenjo. En efecto, según trascendió en círculos cercanos a los investigadores del caso, se habría hallado un misterioso saquito de tela sujeto en un extremo por un lazo corredizo hecho de alguna clase de material trenzado, dentro del cual se halló un polvillo oscuro de penetrante olor, material que fuera identificado de inmediato por una vieja curiosa que andaba revoloteando alrededor de los profesionales de la lucha contra el crimen.
Acaso convenga aclarar que el mencionado recipiente textil no fue encontrado entre las pertenencias de la víctima, ni cerca de ella, sino a unas cuantas cuadras en dirección sur. Esta circunstancia -la lejanía entre el lugar del hecho y el lugar del particular hallazgo- no es tenido por las autoridades como factor desacreditante, corroborando en cambio la presunción de hallarse frente a un verdadero acto criminal complejo de características profesionales dispuestas para el desvío de la investigación.
Especialistas en sustancias narcotizantes de origen vegetal nos confirman de la posible existencia de una mezcla de hojas (utilizada por cierto grupo aborigen sudamericano) cuyo principal componente sería la ruda macho. La mezcla referida, luego de ser convertida en polvo (de color oscuro) se fuma en pipas hechas de las canillas de unas zancudas, las pichonillas moteadas, que habitan las orillas de los charcos septentrionales de la región selvática boliviana. La escasez de la pichonilla moteada obliga frecuentemente a optar por el consumo de la mezcla alucinógena en forma de infusión, aunque el nivel de dopaje disminuye drásticamente, para disgusto del usuario.
Si bien hasta el momento no se ha podido corroborar que la víctima estuviera relacionada de alguna forma con el tráfico, producción o consumo de drogas, esto no impide intuir que tal relación exista -dada la nacionalidad del occiso- y las evidentes connotaciones mafiosas que rodean al hecho, principalmente en lo referente a la nacionalidad del sujeto asesinado.
Vale la pena señalar la concurrencia de una verdadera anomalía que tiene perplejos a los especialistas mediáticos y conductores de programas de chimentos que están llevando adelante buena parte de la pesquisa. A saber, que no se secuestrara a la víctima para luego colgarla de un puente, como conviene a cualquier hecho realmente narco mafioso. Sin duda -afirman en estos círculos- se trata de una astuta maniobra desorientadora.
Comentarios
Publicar un comentario