Pasan los días y Maduro no cae/Ricardo Antonio López


Afiche publicitario de una obra teatral en Miami









Algo (mucho) está fallando en los cálculos golpistas de la ultraderecha pro yanqui de Venezuela.

El asunto comenzó bien -muy bien- con el cambio de director o empleado a cargo (Leopoldo López x Capriles) y el nuevo líder cumplió mejor las tareas de arenga y movilización. También los jóvenes anti chavistas -muchos de ellos militantes del movimiento "Manitos Blancas"- cumplieron saliendo en masa a las calles, plenos del fervor destituyente que durante años les inocularon los manipuladores de conducta de la USAID, acostumbrados a gastar el 30 y pico de su presupuesto venezolano en "cursos" "jornadas" y "talleres" de "profundización democrática", aunque una excesiva penetración ideológica provocó durante las primeras manifestaciones de esta "primavera caribeña" la exhibición de demasiados e irritantes trapos USA (banderas y remeras), lo que fue corregido prontamente por los organizadores de la protesta espontánea (hasta los yanquis se dan cuenta del odio que despiertan sus trapos). El método guarimbero (piquetes que interrumpen el tránsito) causó todos los perjuicios y molestias que se esperan de su uso. Los medios contra gubernamentales (una mayoría densa en Venezuela, por más que se omita esta realidad) amplificaron lo suficiente las protestas hasta hacer creer a varios que era toda la patria la que salía a las calles, cuando en verdad las protestas se dieron en 24 de los 335 municipios, todos ellos (los 24) gobernados por la oposición.

Cuando se produjeron las primeras muertes se procedió desde los medios propagandísticos (periodismo) a dibujarle a Maduro los cuernos del diablo: no solo era un morocho grandote -lo que en sí ya es bastante malo para algunos-, sino que además gustaba de mandar asesinar a sus opositores. Para los progres de la Casa Blanca incluso ya resultaba bastante parecido a Saddam y no pocos (más bien muchos) generales veían felices el surgimiento de un escenario apto para una "invasión libertadora". Otro país integrante del eje del mal podría sumarse a las filas el mundo libre. Con claridad, en los nidos libertarios de occidente se leía que el repudio mundial a Maduro y el irreversible desgaste y descomposición del regimen tras la muerte de su inventor Chávez, traía puesta la destitución del ex colectivero, por un medio u otro, pues ya se comenzaba a hablar del derecho de los mejores a proceder violentamente contra la dictadura de los votos.

Maduro, por otro lado, no es Chávez, no es hábil, ni ladino ni manipula al pueblo embrutecido y negroide con la eficacia requerida. No se las arreglaría, no daría el nivel, ocurrirían fracturas graves en el sector militar (probable rebelión de Diosdado Cabello), no resistiría el oleaje mediático y finalmente, entre una orgía de francotiradores de ultra derecha, editoriales de diarios imperialistas y revueltas callejeras, ahogada por la sangre de cientos de muertos, la horrible etapa chavista concluiría y PDVSA volvería a manos de la alta burguesía local y a vender su petróleo premium como producto de cuarta calidad a unos pocos centavos, es decir, volvería a servir a los eternos dueños del balón (que finalmente es todo el fondo de la cuestión).

Entonces prosiguió el fusilamiento: los sicarios liquidaban chavistas y antichavistas. Y ocurrió que el gobierno comenzó a aportar pruebas de la presencia de infiltrados en las marchas. Algunos fueron arrestados y la verdad -fea pero repetida, porque en el golpe del 2002 contra Chávez ya se había implementado el recurso de fusilar a la  propia tropa y echar la culpa a la Guardia Nacional Bolivariana- comenzó a verse tras el escenario armado por los coreógrafos de la CNN y demás.

Mientras el mundo libre no se enteró de esto (no podía, porque los relatores, propagandistas o periodistas no se lo contaron), el venezolano sí lo registró, sí recibió el mensaje. Y los discursos larguísimos e interesantes de Maduro, que no escapaban al cerco mediático internacional, en cambio repercutían con éxito fronteras adentro, pot VTV, TELESUR e internet. Se divulgó la mentira de los twiteros de derecha y sus fotos fantásticas, comenzaron a circular grabaciones comprometedoras de diálogos entre personajes de la oposición y comenzaron todos a ver que cada marcha "estudiantil" era corolada por la violencia de un sector de retaguardia que  obviamente buscaba destrozar lo más que pudiera y agredir a la policía. Las marchas de la Marea Roja chavista no aflojaron en ningún momento y se vió un fenómeno extraño, impensado según los clichés que desvalorizan a cualquier pueblo latinoamericano como anárquico, caprichoso y desordenado: cada manifestación a favor de Maduro estaba protagonizada por un sector particular: campesinos, motoqueros, gente mayor, jóvenes, mujeres. ¡¡¡Al parecer, estaban organizados, respondiendo orgánicamente en defensa del gobierno que habían votado!!! Definitivamente no es lo que se espera de un montón de negros embrutecidos por la dictadira populista.

Ocurrió de esta forma, por este proceso doble de malinformación e información veráz, que mientras el "mundo libre" ardía de indignación contra el hitler venezolano, hacia dentro del país las cosas se calmaron, sin salir de cauce, en ningún momento. El venezolano rápidamente se hartó de la guarimbas, los incendios de vehículos, de la destrucción de la propiedad pública y privada y de los muertos que -ya no cabían dudas- eran responsabilidad mayoritaria de los protestantes (o mejor sería decir de los que estan detrás de los protestantes, esos que no se ven).

Las Conferencias de Paz que inició Maduro (y continúan) tampoco repercutieron al exterior, pero en Venezuela se entiende y se aprecia que el 80 % del arco opositor estuvo allí, sentado frente a frente con Maduro y su gabinete. Excepto el MUD (la organización política en protesta). Por si alguien dudaba que los objetivos del MUD no eran el encuentro, la conciliación y la solución pacífica de la diferencias, allí estuvo la prueba final. Maduro tuvo la razón desde el principio al afirmar que había un complot en marcha y la gente aceptó la realidad de sus dichos, por eso Venezuela no explotó como se previó que ocurriría.

Sin embargo las guarimbas ocurren aún, menos numerosas pero más radicalizadas. Y los muertos últimamente son todos chavistas, por eso nunca Uds. verán mayor abundancia en los noticiosos al respecto. "Otro muerto por las protestas en Venezuela". Punto.
Y van 24, o un poco más. Nos parecen muchos. Son muchos. Pero no son los entre 300 y 3.000 (¡¡¡!!!) muertos del Caracazo del año 1.989. No pudo la derecha llegar a un horror de esa magnitud. De ahí que pasan los días y Maduro no cae. Sigue donde debe estar. Donde la gente lo puso.

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