Los agrietados, por Ricardo Antonio López
Una especie en aumento, cruza de pequeño facho con habitante desalojado del primer mundo criollo de los noventa.
Siempre enojados, nerviosos, sospechadores, indignados y listos a subirse a cualquier colectivo que asegure conducirlos al desalojo "sí o sí y lo más rápido posible" de la chusma oficialista que encabeza la señora esa tan korrupta como soberbia.
No saben mucho de nada ni son concientes de tal estado de ignorancia; por el contrario, se tienen por gente culta y bastante avisada, siendo sus fuentes de formación incontables videos de animalitos en you tube, programas de panelistas de espectáculos donde se desguazan temas como la inseguridad y la inflación, informes periodísticos de lanatas y majules y -por supuesto- "lo que te dice la gente en la calle" (gente que resulta ser de su misma calaña reaccionaria).
Si discutís con ellos, preparate, porque te van a basurear, ningunear y agredir de cualquier forma que les sea posible. Al fin y al cabo -según autojustifican- "la gente está muy nerviosa y reacciona muy mal".
¿Qué les puede sacar de quicio? Cualquier tipo de defensa que intentes del modelo gubernativo vigente en La Argentina desde el 2013, por ejemplo. También se violentarán si tratás de hacerles comparar la situación actual con la de los noventa o citarles números estadísticos que favorecen al kirchnerismo (en este caso se largarán a hablar pestes de los números del INDEC, aunque vos estés dándole cifras de la CEPAL o el FMI). Y si -en el colmo de la temeridad- sugerís que esos funcionarios calificados por ellos como ladrones desvergonzados merecen ser considerados inocentes hasta que la justicia se expida, cuidado, porque en ese punto podrían llegar a someterte a algún tipo de castigo físico. Ojo con los agrietados. La violencia nunca les queda lejos.
En estado de paz se confiesan militantes de "un país normal, ni muy a la izquierda, ni muy a la derecha". Cuando estan así, tratan de presentarse como los seres más razonables y componedores, un ejemplo de sólido raciocinio y templado carácter. Te dicen que debemos aprender a resolver nuestras diferencias en un marco de respeto, que la descalificación y el insulto son las armas del incapáz, que los argentinos nos debemos una larga mirada introspectiva y un montón de otras frases enmarcadas con florcitas y corazoncitos. Eso mientras no escarbes entre la mugre de sus tachos. Si lo hacés, pronto les oirás hablar de "zurdos", "argenzuela", "negros del carajo", "vagos mantenidos", "bizco hijo de una gran puta", "yegua mal cogida" y otras lindezas que suelen guardar para casos de apuro conceptual.
Les digo los agrietados a estos compañeros de barco porque parecen haber visto la luz desde que el irresponsable de Lanata empezó a hablar de la grieta (parece ser un descubrimiento de esta graciosa santidad puteadora) que separa a los argentinos desde la llegada del kirchnerismo. Bueno, Lanata es un pillo que tanto oyó hablar a los pequeños fachos de la creciente división de los argentinos, que le dió un nombre dramático y se recibió de titulador de íconos. La grieta, dijo Lanata y esculpió su nombre en la piedra que estos conciudadanos llevan por cabeza. La grieta, de acuerdo a la versión facha, es un fenómeno que habría surgido durante los primeros años del kirchnerismo, a consecuencia del revanchismo del zurdaje dominante. Pudo iniciarse -no estan seguros- con la bajada de cuadros, con la "persecución" a las Fuerzas Armadas o con la descalificación sistemática al periodisno. Vaya uno a saber. La cuestión es que la grieta comenzó a crecer y al pricipio se intentó disimularla con algo de crecimiento económico y el verso de la inclusión social. Al cuete. No sirvió. La grieta creció y creció y ya es toda una señorita. La grieta trae consigo violencia delincuencial, corrupción sin límites (que a todos sorprende desde que aquí nunca hubo algo llamado menemismo en el poder, para mostrar de qué se trata la venalidad), inflación (otro hecho aparentemente inédito, acaso una horrible invención del kirchnerismo) y aislamiento (una de las plagas que azota a todo país que decide ser independiente).
Cuando un agrietado te habla de la grieta, pone cara de iluminado, de mono sabihondo o de pequeño saltamontes que aprendió trabajosamente las sabias lecciones del maestro. Dice "la grieta" y le parece estar recitando algún arcano filosófico primordial. De solo introducir esa expresión en sus discursos, el agrietado siente estar accediendo a un nivel vedado al triste negro choripanero.
Para los agrietados, nosotros somos intolerantes, revanchistas, tramposos, agresivos. No importa que sus perimidas marchas caceroleras estuvieran llenas de leyendas insultantes, no importa que inunden las redes sociales con agradecimientos a Dios y a La Virgen cada vez que muere alguno de los Kirchner, no importa que hayan querido derribar la puerta del Senado, no importa que tengan en sus filas a delincuentes económicos, neonazis, ex represores y carapintadas. Todo eso es pura casualidad. Los malos, los autores de la grieta somos nosotros. Punto.
¿Que aquí hubo matanzas, revoluciones y guerra civil desde el principio mismo de la patria? No importa. A la grieta la inventaron los kirchneristas. Ni Sarmiento, ni Mitre, ni Uriburu, ni Aramburu y Rojas, ni Videla y Massera. Los kirchneristas. Eso cualquier agrietado lo sabe.
Siempre enojados, nerviosos, sospechadores, indignados y listos a subirse a cualquier colectivo que asegure conducirlos al desalojo "sí o sí y lo más rápido posible" de la chusma oficialista que encabeza la señora esa tan korrupta como soberbia.
No saben mucho de nada ni son concientes de tal estado de ignorancia; por el contrario, se tienen por gente culta y bastante avisada, siendo sus fuentes de formación incontables videos de animalitos en you tube, programas de panelistas de espectáculos donde se desguazan temas como la inseguridad y la inflación, informes periodísticos de lanatas y majules y -por supuesto- "lo que te dice la gente en la calle" (gente que resulta ser de su misma calaña reaccionaria).
Si discutís con ellos, preparate, porque te van a basurear, ningunear y agredir de cualquier forma que les sea posible. Al fin y al cabo -según autojustifican- "la gente está muy nerviosa y reacciona muy mal".
¿Qué les puede sacar de quicio? Cualquier tipo de defensa que intentes del modelo gubernativo vigente en La Argentina desde el 2013, por ejemplo. También se violentarán si tratás de hacerles comparar la situación actual con la de los noventa o citarles números estadísticos que favorecen al kirchnerismo (en este caso se largarán a hablar pestes de los números del INDEC, aunque vos estés dándole cifras de la CEPAL o el FMI). Y si -en el colmo de la temeridad- sugerís que esos funcionarios calificados por ellos como ladrones desvergonzados merecen ser considerados inocentes hasta que la justicia se expida, cuidado, porque en ese punto podrían llegar a someterte a algún tipo de castigo físico. Ojo con los agrietados. La violencia nunca les queda lejos.
En estado de paz se confiesan militantes de "un país normal, ni muy a la izquierda, ni muy a la derecha". Cuando estan así, tratan de presentarse como los seres más razonables y componedores, un ejemplo de sólido raciocinio y templado carácter. Te dicen que debemos aprender a resolver nuestras diferencias en un marco de respeto, que la descalificación y el insulto son las armas del incapáz, que los argentinos nos debemos una larga mirada introspectiva y un montón de otras frases enmarcadas con florcitas y corazoncitos. Eso mientras no escarbes entre la mugre de sus tachos. Si lo hacés, pronto les oirás hablar de "zurdos", "argenzuela", "negros del carajo", "vagos mantenidos", "bizco hijo de una gran puta", "yegua mal cogida" y otras lindezas que suelen guardar para casos de apuro conceptual.
Les digo los agrietados a estos compañeros de barco porque parecen haber visto la luz desde que el irresponsable de Lanata empezó a hablar de la grieta (parece ser un descubrimiento de esta graciosa santidad puteadora) que separa a los argentinos desde la llegada del kirchnerismo. Bueno, Lanata es un pillo que tanto oyó hablar a los pequeños fachos de la creciente división de los argentinos, que le dió un nombre dramático y se recibió de titulador de íconos. La grieta, dijo Lanata y esculpió su nombre en la piedra que estos conciudadanos llevan por cabeza. La grieta, de acuerdo a la versión facha, es un fenómeno que habría surgido durante los primeros años del kirchnerismo, a consecuencia del revanchismo del zurdaje dominante. Pudo iniciarse -no estan seguros- con la bajada de cuadros, con la "persecución" a las Fuerzas Armadas o con la descalificación sistemática al periodisno. Vaya uno a saber. La cuestión es que la grieta comenzó a crecer y al pricipio se intentó disimularla con algo de crecimiento económico y el verso de la inclusión social. Al cuete. No sirvió. La grieta creció y creció y ya es toda una señorita. La grieta trae consigo violencia delincuencial, corrupción sin límites (que a todos sorprende desde que aquí nunca hubo algo llamado menemismo en el poder, para mostrar de qué se trata la venalidad), inflación (otro hecho aparentemente inédito, acaso una horrible invención del kirchnerismo) y aislamiento (una de las plagas que azota a todo país que decide ser independiente).
Cuando un agrietado te habla de la grieta, pone cara de iluminado, de mono sabihondo o de pequeño saltamontes que aprendió trabajosamente las sabias lecciones del maestro. Dice "la grieta" y le parece estar recitando algún arcano filosófico primordial. De solo introducir esa expresión en sus discursos, el agrietado siente estar accediendo a un nivel vedado al triste negro choripanero.
Para los agrietados, nosotros somos intolerantes, revanchistas, tramposos, agresivos. No importa que sus perimidas marchas caceroleras estuvieran llenas de leyendas insultantes, no importa que inunden las redes sociales con agradecimientos a Dios y a La Virgen cada vez que muere alguno de los Kirchner, no importa que hayan querido derribar la puerta del Senado, no importa que tengan en sus filas a delincuentes económicos, neonazis, ex represores y carapintadas. Todo eso es pura casualidad. Los malos, los autores de la grieta somos nosotros. Punto.
¿Que aquí hubo matanzas, revoluciones y guerra civil desde el principio mismo de la patria? No importa. A la grieta la inventaron los kirchneristas. Ni Sarmiento, ni Mitre, ni Uriburu, ni Aramburu y Rojas, ni Videla y Massera. Los kirchneristas. Eso cualquier agrietado lo sabe.
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